+ GERMÁN GARCIAMORENO BELTRÁN, LA DOCENCIA, LA POLÍTICA Y UNA VIDA PLENA EN TORNO A LA CIUDAD DE TOLUCA

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La frase:

Es propio de los amigos querer las mismas cosas y alegrarse o entristecerse de lo mismo.

SANTO TOMÁS DE AQUINO

 

Quién y cómo era Germán Garcíamoreno Beltrán

Desde su nacimiento en las cercanías con el Jardín Bolívar, su paso por diversos lugares de la ciudad de Toluca, su ingreso al magisterio, su carrera sindical y política, su trabajo como secretario Particular del que fue gobernador Ignacio Pichardo Pagaza.

En su charla, hay un recorrido intenso por la Toluca de antes, con personajes conocidos, algunos por su nombre; otros, con su apodo.

Su trabajo sindical, su diálogo con directores de Educación y con gobernadores. La razón de usar patilla en su estancia como líder sindical.

Conoció a don Ricardo Blanco, quien ocupó un puesto similar como secretario Particular. Elogia el manejo magistral de las finanzas, durante el régimen de Ignacio Pichardo Pagaza.

En fin, un recordar la historia en la plática con el profesor Germán Garciamoreno Beltrán.

Hace 5 años, lo entrevisté para mi libro Toluca con y por su gente. Hoy quiero recordarlo como el gran amigo que fue. Me dijo:

Nací en la ciudad de Toluca el 11 de diciembre de 1935, a media cuadra del Jardín Bolívar, anexo a la actual rectoría de la Universidad, en una casa construida por mi padre, el licenciado Roberto García Moreno en la calle de Altamirano con el número 8, hace 82 años.

Nuestra familia, además de toluqueña de alguna manera se ha distinguido, por la distinción extraordinaria que existe en mi tronco familiar con el doctor Román García.

El doctor Román García quien se casó con doña Rafaela Moreno, es personaje histórico, en razón de que comandó el Batallón Ligeros de Toluca que participó en la célebre batalla del 5 de mayo, en Puebla.

Es la aportación de los liberales de Toluca que dimos en esa gesta heroica y nos enaltece como familia.

El matrimonio del doctor Román y de doña Rafaela, él es descendiente don Rafael García Moreno, maestro primero y después ingeniero topógrafo, también formado en el Instituto Literario de Toluca y se destacó más en el ámbito educativo.

Él entre otros puestos, fue director de la Escuela Normal de Profesores, por lo que una calle de esta ciudad lleva su nombre, porque fue director del Instituto Científico y Literario.

Precisamente su calle estaba paralela a dos, tres cuadras de la de Altamirano y fue en esta colonia, que se hizo del Empleado institutense en donde me detengo un poco, eran nombres de los más distinguidos directores.

Desgraciadamente algunos desaparecieron para mal de la historia toluqueña y de la educación de nuestra ciudad. ¿por qué lo digo?, porque subsiste la calle de Anselmo Camacho, se perdió la calle de Ignacio Ramírez con la prolongación que se hizo de la calle de Rayón, subsiste la de Altamirano que se hizo una gran avenida después con la extensión de nuestra ciudad hacia el sur y se perdió la siguiente calle, con la prolongación de Sor Juana que era de Arzate Vilchis.

Sobre todo, se perdió también con la prolongación de Pino Suárez y la salida de la carretera para Tenancingo e Ixtapan de la Sal, la calle de don Felipe Villarello.

Creo que en ese sentido nuestra actual universidad y nosotros, los toluqueños, de la Colonia del Empleado Institutense que es donde yo nací, estamos endeudados con él.

¿Esta colonia de dónde a dónde iba?

La parte de atrás de lo que era el Instituto, porque era Juárez obviamente, la primera calle Anselmo Camacho que se conserva y de ahí todas hasta Josefa Ortiz de Domínguez, un poco antes, porque en Josefa recuerdo que terminaba la ciudad, estaban los ranchos y las milpas.

Una barda de adobe era la que dividía la zona urbana con los ranchos y los terrenos de cultivo y nosotros, nos la brincábamos. La actual calle Juan Álvarez, para estar en contacto con los maizales extraordinarios de nuestra época de niños.

Un poco más delante de la calle de Pino Suárez, era la colonia del Empleado.

Debo destacar que la sucesión de don Rafael García Moreno ya reúne el ingeniero el apellido y mi padre ya no es García Moreno, es Garcíamoreno y Rivero, por su madre doña Esther Rivero.

De él, qué puedo decir, de una carrera brillante también en el aspecto educativo, su primer trabajo fue como profesor de una escuela primaria que estaba anexa a la actual Rectoría de la Universidad, del Instituto que se llamó Santiago Graf, escuela primaria y él siendo estudiante de Derecho, ya en el Instituto, sus primeros centavos –me platicó– los ganó como profesor de primaria, ahí.

Murió siendo profesor, porque jubilado y retirado de sus cátedras que tuvo en la Facultad de Derecho, terminó su vida unos meses antes, todavía estaba en vida ejerciendo la docencia en una clase de Ética en la Escuela Normal Nocturna de Toluca.

Destaco la vida de don Roberto, porque no siendo profesor de origen, como su padre, sí se inicia como tal por azares de la vida; sin embargo, él como abogado fue distinguido y reconocido, porque dos veces estuvo en la Procuraduría General de Justicia del Estado y dos veces, también, como presidente del Tribunal Superior de Justicia.

Bastaría con estos dos nombramientos que tuvo en ambos poderes para decirles, le toca el parteaguas de lo que fue el caudillismo, respecto de la institucionalidad que vino a establecer don Isidro Fabela, porque él, fue con Wenceslao Labra procurador y después lo fue con don Alfredo del Mazo Vélez.

Es la comparación que hago, porque trasciende una parte de nuestra historia dentro del Estado y de Toluca, del Estado de México fundamentalmente por sus puestos que abarcaban nuestra entidad.

De ahí, la distinción nos toca de los hijos de don Roberto. A mi hermano Javier deportista excepcional y volibolista internacionalmente reconocido, capitán de la selección mexicana de voleibol de los Juegos Centroamericanos del 50, de los Juegos Panamericanos del 55 y antes de los Juegos Centroamericanos celebrados en México en 54.

De manera tal, que Javier, quien participa también como representante de la UNAM en los campeonatos nacionales de voleibol en Estados Unidos, en dos ocasiones es nombrando All American de los estudiantes en aquel país.

Para mí lo digo sin ambages, creo que es el mejor jugador de volibol que México tuvo en el siglo XX.

De alguna manera, en lo que a mí corresponde, porque con esas herencias el compromiso era bastante fuerte y he querido, en mi vida, ser merecedor de esa herencia que recibí.

Tuve la fortuna de ser de los niños que fundamos el Centro Escolar Lázaro Cárdenas, el primer año de primaria lo realizamos en la escuela Amado Nervo, estaba en el Jardín Zaragoza, después fue una escuela Altamirano de niñas y luego desapareció con la construcción de la escuela Tierra y Libertad que actualmente continúa.

En esa escuela, tuve la fortuna de encontrarme con  compañeros extraordinarios de los cuales destacaría a Leopoldo Flores en sexto año y a Manuel Hinojosa Juárez que aparecen en esta fotografía tomado por mi padre.

Manuel Hinojosa Juárez, porque Manuel Hinojosa Giles es de la generación anterior a la nuestra.

Estamos los tres aquí con otros apreciables compañeros, como Víctor Manuel Alvarez Herrera, industrial distinguido; como el doctor Gustavo Ortiz Sotomédico, también reconocido y muchos otros a los cuales recuerdo con mucho cariño y algunos de los cuales no recuerdo su nombre, pero sí su apodo como el Pifas que está junto a Leopoldo y Castorena.

En esta generación hubo dos circunstancias que señalo: había par de hermanos repetidos en el grupo, los Leglisse y los Uribe, unos pintores del rumbo del Carmen y los Leglisse Cordero.

¿Los Leglisse  fueron asesinados hace algunos años?

Sí, desafortunadamente.

Lo destaco porque eran un par de hermanos con otro par de hermanos en el mismo grupo, pero está también Armando López, la promesa, un joven universitario de reconocida trascendencia y alguien a quien no puedo olvidar, Jesús González García, un chico que desafortunadamente ya murió, pero que había sido seleccionado por la maestra Toña Rodríguez para hacer el discurso de despedida de la escuela, como generación saliente y él, en un gesto que nunca olvido, le pidió a la maestra que lo eximieraporque él creía que debía ser yo, el orador, por tener mejor facilidad de palabra.

Esa acción la destaco en mi vida, me dio la oportunidad de hacer mi primer discurso, que por ahí lo guardo, de gratísima memoria.

La escuela secundaria la curso primero en el edificio de la Normal de Profesores en la 2 Anexa y por un movimiento de huelga del año 1950, nos sacan de esa escuela, la Normal la convierten en unisexual y ya no es escuela normal, porque la coeducación debía haberse continuado.

Nos pasamos a la escuela Secundaria Uno, ahí la termino e ingreso a la Escuela Normal en el edificio de Cura Merlin, ese ex convento del Carmen, en donde los maestros extraordinarios que tuve me forman como profesor y no puedo olvidar la presencia de Rosa María Sánchez Mendoza, del licenciado Enrique González Vargas, del licenciado Juan Josafat Pichardo, del maestro Noé Saldívar, de don Horacio Zúñiga de quien aprendimos tanto por ser un docto maestro que regresando de México ya no dio clases en el Instituto y Universidad, sino que dio exclusivamente sus clases a los internos de la Escuela de Artes y Oficios que estaba en Matamoros y nosotros,  fuimos la última generación que formó.

Ahí entro en relación con don Agripín García Estrada quien me conoce como alumno y  después cuando salgo de la escuela, me da la oportunidad de ser su compañero de trabajo, al escogerme como secretario de la Escuela Normal en el año de 1959.

Pero, me voy a detener un poco en el año de 1954, en ése periodo a dos años de haberse fundado el sindicato, estoy trabajando como maestro de primaria en el Centro Joaquín Arcadio Pagaza en Valle de Bravo y se presenta un accidente muy lamentable, de un pequeño que no siendo mi alumno, sino que era en segundo, yo tenía el cuarto año y mi salón estaba en la planta alta del edificio, junto a los baños.

Con un compañerito, hijo del comandante de la policía de Valle de Bravo, quiso irse de pinta y descender por los tubos del baño hacia la calle de los tres árboles, desgraciadamente este chico pierde el equilibrio y se sujeta de los cables de alta tensión que estaban paralelos a la ventana y el otro muchacho entra despavorido a mi salón y dice, maestro, Bastida está atorado en los alambres.

Yo pensé que se le había atorado la cabeza en el enrejado del corredor, ¡no!, estaba muriendo prácticamente electrocutado. Al haberlo sacado de ese trance tan difícil perdió dos dedos el chico exclusivamente, pero salvó la vida, me hizo tener un reconocimiento en el Consejo Magisterial aquí en Toluca, como representantes de los de Valle de Bravo.

Entonces por habérseme reconocido, porque se publicó en El Sol de Toluca, en El Demócrata, cuando se hizo conocimiento de esta noticia en el pueblo se hizo la conmoción que puede imaginar, por el evento y ese reconocimiento sindical a dos años de haberse fundado, nuestra organización, me permitió tener un nombre, una representación, por eso me detengo en ella.

En el homenaje

¿Recuerda el nombre de los chicos, de Bastida?

Era el apellido de su padre, pero su nombre de pila no lo recuerdo. Sí recuerdo con mucho agrado el reencuentro que tuvimos siendo él adulto con su familia, nos volvimos a ver circunstancialmente en el restaurante de su madrastra, en La Michoacana de Valle de Bravo y fue un encuentro muy emotivo.

Estaba con lo de don Agripín, fue mi maestro en la Normal, fue mi director en la Normal cuando me escogió para ser el secretario de la escuela por sobre otros compañeros con mucho más méritos que yo, pero él me lo ofreció y de inmediato acepté.

Más tarde, también cuando el advenimiento del profesor Carlos Hank González a la gubernatura del Estado tuvimos la oportunidad de estar con don Agripín, él como director y yo como subdirector, los seis años del gobierno y por eso nuestro encuentro tan agradable, hace unas horas.

Esto es lo que podría destacar dentro del aspecto educativo, porque cuando a mí me toca ser director General de Educación en el gobierno del licenciado Alfredo del Mazo González, recordará que ya no hubo direcciones, Carlos Almada nos fomentó el programa de las secretarías del gobierno.

Estuve bajo las órdenes de don Mario Colín Sánchez, primero y después de don Emilio Chuayffet Chemor  hasta mi retiro con 30 años y 5 meses de servicio, del Sistema Educativo Estatal.

Esto era la oportunidad de tener acceso a nivel nacional en la Coordinación General de Delegaciones del Instituto Nacional de Educación para los Adultos y con esta oportunidad de trabajo para los más desvalidos de nuestro país, en donde mi jefe y queridísimo amigo, hombre de gran cultura, inteligencia y preparación y toluco, tuvimos la oportunidad de servir a nuestro país a nivel nacional en educación, me refiero a don Fernando Rosenzweig.

De la familia toluqueña que usted reconoce como de los alemanes que estuvieron aquí, impulsando extraordinariamente a nuestra ciudad con muchas obras y acciones extraordinarias.

El aspecto sindical iniciado entonces prácticamente en 52, me da oportunidad, regresando a Toluca, de seguir realizando el trabajo paralelo al profesional, se lo comento rápidamente. Soy profesor en Toluca del quinto año de primaria en la escuela Miguel Alemán y en esa parte de mi vida, tengo experiencias extraordinarias que me permiten contar con alumnos sobresalientes, todos ellos queridísimos niños y jóvenes en ese momento y después amigos algunos de toda la vida. (Continuará).