Gonzalo Arango y la carta a su padre Elegirse escritor: elegirse en el abismo
Hay palabras que no se escriben para ser entendidas, sino para ser sentidas, y en el siempre hoy, deseo compartir la carta de Gonzalo Arango a su padre, pues evoca todo eso: un cuerpo expuesto que sangra y respira en voz baja, pero firme.
Gonzalo Arango, escritor y poeta colombiano, creyente fervientemente en una nueva manera de ser y de tratar al mundo, fue además el fundador del nadaísmo, un movimiento poético, filosófico y existencial que surgió en Colombia en los años 50 como una respuesta al conservadurismo, a la hipocresía social y a la violencia. No era sólo una propuesta literaria, también era un grito de ruptura, una forma de desnudarse frente a un país que prefería el silencio cómodo a la verdad incómoda.
Así, en 1952 (seis años antes del Nadaísmo), escribe esta carta a su padre, la cual no es sólo una disculpa ni una confesión: es el acto profundo y desgarrado de decirse, corta, pero profunda, que refleja la vocación de ser para ti, lo que crees y lo que sientes.
La leí y sentí que algo mío se removía, tal vez porque elegir lo que uno es no siempre viene con gloria, sino con soledad y temblores. A veces, ser quien una es implica fallarle al otro. Pero aún más duro sería fallarse a una misma. Este ensayo nace desde ese cruce: entre la ternura de lo que no podemos dar a quien nos ama, y la honestidad de seguir el hilo que arde, pero nos nombra. Porque no se puede pretender ser sin hundirse: la conmoción y el asombro nacen tan prematuros como primitivos, es inapelable empaparnos y guiarnos de éstas tan instintivas reacciones. El hombre debe nacer desde adentro, no desde afuera.
Gonzalo escribe: Mi destino estaba en ser hombre y me elegí escritor y esto no lo dice con soberbia, sino con el temblor de quien ha tenido que decidir entre obedecer o vivir. Él elige su propia voz, aunque eso lo aparte del camino que su padre hubiera querido para él. No escoge ser escritor como quien elige una carrera, sino como quien asume un destino, y escribir, para él, no es un acto de belleza, sino de riesgo: Hay que meterse al pantano para decir que está podrido. Esto es compromiso, Arango no rehúye al dolor, lo atraviesa para entenderlo.
Su escritura es un acto de honestidad radical: no embellece lo que ve, no idealiza lo que vive, porque la vista está al frente y desde abajo, como él dice: Para escribir hoy no se puede mirar al cielo… hay que mirar hacia abajo. Y yo, al leerlo, me doy cuenta de que muchas veces también he sentido esa necesidad: hundirme, tocar el fondo, para decir algo que no sea mentira.
Gonzalo Arango no solo escribió una carta a su padre; escribió, tal vez sin saberlo (jamás), una carta a todas las hijas, hijos y voces que alguna vez han temblado al elegirse a sí mismos. Al leerlo, puedes sentir que te susurra, que te envuelve.
Y yo también creo que no se puede vivir hacia afuera, que el amor no debe exigir traición a lo que uno es. Elegirse es a veces quedar solo, pero no vacío. Es perder ciertas manos, pero ganar la propia.
Y, sin embargo, hay algo profundamente humano en buscar que nos comprendan, aunque no nos aprueben. Está en escribir, aunque sepamos que quizás no nos lean como quisiéramos. Pero escribir (y vivir) como lo hizo Gonzalo, desde lo hondo, desde el barro.
Como escribió:
Cuando uno cede en su alma
deja de ser uno
para ser como la masa.
Ceder es dejar de ser.
La soledad más insufrible
es la sociedad;
incomunicación de las almas
que van marchitando la carne.
La carta no busca reconciliar, busca fundar: fundar un yo sin permiso, una voz sin tutela, una existencia sin garantías. No se escribe al padre para que entienda, sino para que se sepa que no se ha claudicado.
Elegirse implica resistir la presión de la masa, aunque la soledad sea el precio, pero no es una soledad vacía; es la que permite que el alma no se diluya.
Y, sin embargo, no todo se reduce a la ruptura. También hay amor en el límite, en la distancia que no separa, sino que delimita, porque eso sí, no podemos pretender ser idénticos en cuerpo, valores, corazón y alma, pero sí podemos hablar desde la diferencia.
Nuestra diferencia, lejos de ser barrera, es la que permite la apertura de vivencias y nos permite únicos, pero acompañados, incluso en la desolación, pero jamás indiferentes.
https://www.gonzaloarango.com/ideas/don-paco-1.html * para leer la carta.

