Gracias por existir, mamá
La flor más hermosa del jardín de mi vida, mi flor de mayo, mi Rosa Bertha, la que siempre está regia y fresca, cuando de ofrendarse a sus hijos se trata, perfumando los prados de mi existencia. A ti te debo lo que soy.
Dulce melodía de amor que hace que mi corazón se emocione cuando me hablas y me miras, y tu sol de alborada ilumina el cielo de mis días.
Brisa refrescante que acaricia mi alma con la tersura de tu ejemplo: el legado de tu magisterio, sabiduría y enseñanzas.
Agua dulce que me hace sentir renovada, cuando mi sed se sacia de tu experiencia y tus hermosas palabras.
Estrella que guía mis pasos, con tu luz para que camine segura, junto con el viento de tu impulso que hace que me sienta libre, y el calor de tu regazo, que hace que me sienta amada.
Eres el tesoro más valioso, perfecto, admirado y amado de mi existencia. El hermoso ejemplo que me invita a seguir tus pasos y me hace sentir fuerte y orgullosa de ser tu hija.
Te amo, todo el tiempo y en todo lugar, con un amor inmaculado y desinteresado, parecido al de una flor silvestre que con amor y alegría se abre paso cada día en su entrega al campo con el que comparte su vida.
No quiero ser solo palabras bonitas, esas se olvidan con el tiempo, sino las que sustenta el tallo de los hechos.
Quiero ser realidad, agua, apoyo y ungüento. Quien está, y estará para ti en todo momento. En todos los instantes de tu vida.
No importará si es de noche o es de día. Y, de la misma forma que estuviste para mí, siendo niña, yo, estaré para ti siempre, mi rosa encendida.
Mamá, sé que eres una mujer totalmente independiente, siempre has sido así, y más que pedir ayuda, no se la niegas a quien acude a ti. Aun así, quiero recordarte, para que no lo olvides, que, cuando me necesites, sin importar el día y la hora, volarán mis pies para llegar corriendo hasta ti.
No quiero esperar a que sea tarde para recordarte que te amo, y que mis palabras se pierdan en el eco de los suspiros vacíos.
Quiero abrazarte ahora con estas palabras que salen de mi corazón y, cada vez que nos encontremos, decirte con la mirada cuánto te amo. Mirarme en tus ojitos bellos, luceros inapagables de mis senderos. Repetirte que te adoro y te quiero, y disfrutar el agua bendita de tu cariño infinito y la cercanía de tu alma bella.
Con todo mi sentir y amor… ¡Gracias por existir, mamá, mi bella flor!

