Guerra y muerte

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Fue un año de guerras y muerte. Este que siguió al 1810, el 1811 fue de tragedia, pues de manera artera y destilando todo el veneno, los realistas y aquellos que desde el clero sentían odio contra Miguel Hidalgo y Costilla, que no mereció ningún perdón, ni lo solicitó ciertamente, pero en aquellos que lo mancillaron, igual que a sus otros acompañantes al cadalso de la muerte, en ellos los realistas estaban levantando los mártires que desde la tumba se llerguen para mantener la guerra y logran vencerla en la historia, se registra esta enseñanza. Que los dictadores y usurpadores no entienden en su soberbia una y otra vez.

 

Vientos de cambio en 1810. Esa maravillosa madrugada de 1816 dio inicio el parto de una nación. En el siglo XXI está presente, con todos sus defectos, con todas sus carencias, con sus malos gobernantes que llegan a este 2020 a toda hora y día. Pero aquellos que levantaron a la patria: en la Independencia, en la Reforma, en la Revolución de 1910; y, en aquellos buenos gobernantes que hicieron al México que tiene instituciones, edificios, centros urbanos que comprueban que el país se consolidó a partir de 1910: el México que reconocen los extranjeros, que se maravillan de que se tenga el séptimo lugar en patrimonios culturales y naturales de todo el planeta, reconocidos por la UNESCO como bien sabemos.

 

El año de tragedia, que inició con la gran esperanza de alcanzar prontamente la independencia y que la incógnita de nuestra historia nos recuerda una y otra vez: ¿Qué hubiera sucedido de Miguel Hidalgo con su ejército popular si se atreve a entrar de una vez a la ciudad de México, capital de la Nueva España, habiendo obtenido la victoria, en la Batalla del Monte de las Cruces, hoy municipio de Ocoyoacac?… Después de esa toma de decisiones que lo contrapuso a otros dirigentes del ejército independentista, vinieron las derrotas en las que, para variar, el infortunio interviene para decantar hacia los realistas la victoria.

 

Toluca en ese año aciago que va del 16 de septiembre de 1810 al año siguiente tiene que contar de su tragedia, que bien el poeta Ramón García Mendieta, recién fallecido, versifica en el siglo XX como recuerdo de la violencia y la sangre que corrió en sus tierras, dice: Los Mártires de Toluca (Corrido) / Saludos traigo a la gente / y un corrido para recordar / a los hombres que un día fusilaron / Corría el año de mil ochocientos / y once por seña muy particular, / cuando en contra de los españoles / se enfrentó nuestra raza inmortal. / Calvario se llama el cerro / donde Oviedo luchó con valor / para ver humilladas las huestes / de Porlier, sanguinario invasor. / Combatieron los nuestros con brío, / por la libertad ni un gañán se rajó / si el rival tenía muchos cañones / nuestros hombres un gran corazón. / Horrible fue la batalla, / el azteca murió cara al sol, / mientras cien cayeron prisioneros / y Porlier los mandó al paredón. / Ni los ruegos de frailes valieron, / y en fila formados en la Calle Real / recibieron descargas de plomo, / menos uno para irlo a contar. / Los mártires de Toluca / sepultados fueron en montón, / Santa Bárbara lleva por nombre / ese barrio que fue su panteón. / Me despido de ustedes, señores / pidiendo que lleven en su corazón / gratitud y respeto en memoria / de estos héroes de nuestra nación. Lección de historia es la música y poesía de nuestros poetas, son prueba de que los hechos de la historia no escapan a los mejores letristas de todos los tiempos. Pues ciudadanos de un mundo, lo mismo relatan cosas de amorosos, que nos cuentan hechos históricos que dejan huella para siempre. En honor de ellos la plaza principal del centro de Toluca se llama así: Plaza de los Mártires.

 

El año de 1811 fue letal para el Padre de la Patria. Leo en el libro Letras Hispanoamericanas en la época de la Independencia, publicado por SEP/UNAM lo siguiente: …en la necesidad de dar los primeros pasos en la madrugada del 15 de septiembre de 1810, pasos que le llevaron a una campaña de guerra que se distinguió por las tomas de Guanajuato y Guadalajara y la Batalla del Monte de las Cruces. Pero pronto habría de venir la derrota en Puente Calderón, el 17 de enero de 1811, y la captura de Hidalgo y sus jefes principales, en Acatita de Baján, el 21 de marzo del mismo año, sólo unos meses la ilusión de levantar al pueblo en tan extenso territorio terminó en la desgracia que normalmente va acompañada de las traiciones para ser capturados. Sólo bastaron unos meses para que Miguel Hidalgo y Costilla sellara con su nombre y su presencia un lugar en la historia, al igual que quienes le acompañaron en su fusilamiento, después de haber sido, sobre todo él, mancillados por el Alto Clero, que no permitía que los curas anduvieran levantando al pueblo en contra de sus opresores.

 

En el libro citado leo: Hidalgo fue conducido a Chihuahua en donde se le formó proceso, el cual culminó con la sentencia de que el Cura de Dolores habría de ser pasado por las armas, hecho que ocurrió el 30 de julio de 1811. Su cabeza, la de Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Jiménez, fueron puestas en jaulas, y colocadas en lo alto de las esquinas de la Alhóndiga de Granaditas de la ciudad de Guanajuato. No sabían los realistas es que al aplicar tales espectáculos, más se azuzaba al pueblo viendo lo que habían hecho con quienes buscaban liberarlos. Como escribió en 1806 el libertador Francisco Miranda, en lo que hoy es territorio de Colombia y Venezuela: ¿Qué pueden hacer miles de españoles con su ejército, frente a pueblos que cubren el continente americano con más de 16 millones de habitantes en su territorio? No había armamento ni ejército que pudiera oponerse al deseo de ser libres, y no ser más esclavizados por españoles, que sólo tenían un camino: navegar de regreso a España, su patria a la que podían si querían sojuzgar como lo quisieran.

 

Muere Hidalgo y sus lugartenientes, que tienen en nuestra historia el mismo lugar que el Padre de la Patria. Hoy reposan en el Ángel de la Independencia de avenida Reforma en ciudad de México. Uno de los monumentos más relevantes de nuestro pasado. Es asesinado junto a nuestros héroes, pero sus palabras expresadas en el Manifiesto dicho en diciembre de 1810 siguen vigentes: Abrid los ojos, americanos; sino por política: su Dios es el dinero, y las conminaciones sólo tienen por objeto la opresión. ¿Creéis acaso que no puede ser verdadero católico el que no esté sujeto al déspota español? ¿De dónde nos ha venido este nuevo dogma, este nuevo artículo de fe? Abrid los ojos, vuelvo a decir; meditad sobre vuestros verdaderos intereses: de éste precioso momento, depende la felicidad o infelicidad de vuestros hijos y de vuestra numerosa posteridad. Son ciertamente inacabables, amados conciudadanos míos, los males a que quedáis expuestos si no aprovecháis este momento feliz que la Divina providencia os ha puesto en las manos; no escuchéis las seductoras voces de nuestros enemigos, que, bajo el velo de la religión y de la amistad, os quieren hacer víctimas de su insaciable codicia. La justicia iba para los originarios de estas tierras, pero también para quien habiendo llegado del África a ser esclavizados, deberían, como seres humanos liberados, por el sólo hecho de que América con el ejemplo de la liberación que llevan a cabo las 13 colonias inglesas de sus imperiales dominadores dan ejemplo. Por ese hecho, y en el espíritu de la revolución francesa, bajo esos hechos de libertad: el sentimiento justo de una religión que dice que hombres y mujeres somos iguales; más allá de cualquier pensamiento y acción segregacionistas: Que significa precisamente la enajenación que hace al hombre lobo del hombre. Miguel Hidalgo moría, pero su ejemplo, estaba en aquellos que le conocieron, uno el principal: José María Morelos.