He aprendido
He aprendido a decir no y por ello mi vida se ha vuelto más sencilla, sólo aprendí a decir sí, a mi persona, a darme prioridad, a alejarme de las que mueven mi mundo interior. Sólo aprendí a tener eso que llaman amor por mí misma; es un proceso arduo ¡sinuoso, pero gratificante!
En este andar por la vida, he tenido tropiezos, pero al final ha valido la pena porque aprendí a decir sí, a un camino íntimo que como dice Oscar Wilde: Amarse a uno mismo, es el comienzo de una aventura que dura toda la vida.
He aprendido a caminar en la intimidad de mí, porque a veces hay personas que, en lugar de acompañarte con respeto en esta vida, provocan tropiezos para que te derribes, para que no avances, para que la templanza que se forja en tu interior, decaiga. Esas personas que lo hacen, no es que sean malas, sencillamente no saben y no pueden lidiar con la luz que te distingue; su naturaleza no está preparada para vivir en sintonía con la luminocidad de tu alma.
Agradezco los tropiezos, las equivocaciones, los fracasos porque de esos baches existenciales, han germinado robles interiores que crecen este ser imperfectamente humano que aprende a caminar en la senda de uno mismo.
Agradezco decir no, porque los sí, del universo, abren cielos infinitos de bondades, generosos andamios celestiales.
La renuncia ha valido la pena para recibir las magnánimas ganancias del aislamiento social, la benevolencia del silencio mental, emocional y espiritual. Doy gracias por las enseñanzas, por los aprendizajes, por la templanza, por las luces encendidas, por los nuevos caminos por recorrer, por las ventanas cerradas, por las puertas abiertas, por la luz del universo que me cobija, que me proteje.
Soy imperfectamente humana, reconozco mis limitaciones, pero también identifico cada una de las cualidades, de los dones obsequiados por el cielo infinito, por las estrellas interiores, por estos momentos donde la conciencia de mi persona es plena, lúcida, tranquila. Sólo he aprendido a decir ¡Si a mí y a mi corazón, le ha gustado!

