HECHOS BIOGRÁFICOS

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Debo citar los datos que trae el libro titulado Así era mi Valle / Relatos y cosas del Valle de Bravo, publicado por editorial Jade en abril de 1993, en el mismo leo prácticamente la biografía de Javier Ariceaga, tío de Alejandro Ariceaga, nuestro gran prosista, que fundara el Centro Toluqueño de Escritores (CTE) en 1983, junto a otros poetas y narradores de aquella década: Roberto Fernández Iglesias (de origen panameño que vino a estas tierras a aportar con su capacidad de promotor literario, una obra de gran envergadura al traer a todo clase de escritores                       —particularmente al restaurante Biarritz y Casa tunAstral—, donde se hicieron presentaciones de autores: hombres y mujeres de la mayor importancia literaria en el país y fuera de él), cito en su creación a Francisco Paniagua, Eduardo Osorio, Luis Antonio García Reyes, Carlos Muciño y varios más. Hoy el Centro Toluqueño de Escritores, tiene prácticamente cuatro décadas de su fundación y en el país es ejemplo de persistencia a todo tipo de cosas y hechos, que no siempre le son positivos para su existencia literaria y vida física, en la que hay una lista que sobrepasa al centenar de escritores.

En contrapasta del libro citado, leo un extenso párrafo que debo de valorar, pues son muchos los libros escritos por don Javier, cito: Javier Ariceaga Sánchez, nació en 1930. Publicó El Manual Técnico de Educación Vial, editado por el gobierno del Estado de México en 1973. Obtuvo el Premio “Tolotzin” en 1983, con su libro Hace mucho tiempo editado por el H. Ayuntamiento de Toluca. En 1984 obtiene el primer lugar en crónica con su trabajo: Toluca, finales de los cincuentas editado por la Universidad Autónoma del Estado de México. El crepúsculo del señor desnudo, es publicado por el Centro de Escritores Toluqueños en 1985. Obtiene el segundo lugar a nivel nacional con su libro: Mi tierra, su historia y sus tradiciones publicado por el Instituto Nacional de Antropología y el Gobierno del Estado de México. Al respecto de este libro, he de decir que con gran orgullo me contaba del lugar que había ganado ante tanto participante, cuando el gobierno a través del INAH trató de recuperar esa crónica que en todos los pueblos y naciones es el fondo de lo escrito nacido desde el corazón, más allá de la academia acartonada que tiende a diluir la belleza de lo escrito en las reglas que se crean para no hacer nada que valga para la sabiduría de los pueblos.

Cuando me charlaba de este logro le brillaban los ojos como un chamaquito que había alcanzado la punta del cerro de La Teresona en ciudad de Toluca. Su esfuerzo, como toda gente de gran inteligencia, se notaba en la diversidad de sus actividades. Pues pudiendo ser un hombre sólo dedicado a las letras, iba más allá con sus actividades culturales a las que les ponía todo su entusiasmo.

En el texto biográfico leo: En 1991 publica el H. Ayuntamiento su libro denominado: El último farol. Ha colaborado en El Sol de Toluca, El Noticiero, Rumbo, Vitral, Equinoccio, Realidad, Magisterio y Pulso, sin dejar su estilo costumbrista que lo ha colocado como uno de los mejores cronistas de Toluca. Reitero, su gran inteligencia le permitió ser además un colaborador de la prensa más destacada del Valle de Toluca, pues a través de sus escritos tuvo relaciones con César Silva Rojas, Vicente Morales Galaviz y Rafael Vilchis Gil de Arévalo de El Sol de Toluca, en El noticiero con Inocente Peñaloza y el joven Marco Antonio Garza, en Rumbo con Hugo Villicaña, con Alejandro Ariceaga a través de Vitral, además sus relaciones para la revista de la Dirección de Educación estatal llamada Magisterio creada por Alfonso Sánchez García y José Luis Sánchez Flores, para señalar también su amistad con Víctor Manuel Gutiérrez y su prestigiosa revista Pulso.

Se movía como pez en el agua lo mismo en su trabajo del área de policía y tránsito, que con los cronistas de su tiempo y con los periodistas por igual. Era lo mismo amigo y comunicador con la gente mayor o de su edad que con aquellos que, como Alejandro Ariceaga y en mi caso por su amistad fraternal que me daba: por edad merecíamos más el consejo y la experiencia de vida me decía, en el comprender cómo no caer en errores que ellos habían tenido en su existencia. Una existencia que tuvo de todo. Don Poncho, Javier, Rodolfo, Clemente, Guillermo, Gustavo, y esos cronistas que hoy son más relevantes para quienes deseamos escribir como vocación, aprendiendo de sus vivencias y textos que nos dejan la prueba de que la vida se puede escribir, a condición que se haga con el corazón y la sinceridad de lo que se pone en el papel escrito.

Amigo lo fue sin duda de Felipe Pérez Ávila, dueño con su familia de Editorial Ágora. Tanto es así que …Así era mi Valle, se lo publicó en un tiraje de dos mil ejemplares. Muchos si nos imaginamos que la costumbre no ha pasado en Toluca por ediciones que no rebasan los mil ejemplares. Así que este texto refleja en ese costumbrismo que es una cualidad fundamental en el buen cronista de pueblo, de suburbio o vecindad. Javier Ariceaga y don Poncho, son maestros. Es este costumbrismo que arroba por la sencillez del lenguaje, por la facilidad para decir cosas que no se encuentra muchas maneras de decirlo. Esto me recuerda la anécdota que sucedió entre el gran escritor argentino Jorge Luis Borges y otro argentino que amamos, Atahualpa Yupanqui, charlando sobre qué cosa es un amigo. Se dice que Borges dio una charla extensa del origen de la palabra y otras muchas cosas, que el argentino más admirado en las letras iberoamericanas sabía sobre la palabra amigo. Cuando habló Yupanqui, sólo dijo que amigo, es según su tío, un hombre de pueblo allá en los pueblos de la Argentina que no es Buenos Aires, amigo es aquél que tiene la piel mía, le dijo, es decir, que se pone las cosas de uno para ser como uno mismo. Eso sorprendió a Borges que expresó cómo es que con tan pocas palabras pudo decir tal sabiduría. Amigo, es aquél que se pone la piel del otro, y por lo mismo defiende las cosas de su amigo con la misma pasión y entereza que le es debido a esa emoción llamada amistad. Además Atahualpa le dijo que esta sabiduría venía de la palabra paisano, que es aquél que lleva a su pueblo en sí mismo.

Más o menos esta anécdota recuerda que las cosas que vienen de las vivencias de lo que llamamos pueblo, ese territorio extenso que es presencia de clases sociales no adineradas que se forman en barrios, delegaciones, suburbios que no tienen la fortuna económica como prueba de su existencia, pero sí una rica cultura que les hace crear y difundir lo que se hace en su mundo al que muchas veces le ponemos el nombre de folklore. O para decirlo de otra manera, es reconocer en el campo del cine mexicano lo que el genial Luis Buñuel hizo con la película Los Olvidados, expresión de los bajos fondos de la ciudad de México donde está presencia de un pueblo abandonado por todo apoyo gubernamental, laboral, social, educativo, etcétera. Don Javier Ariceaga supo de esos territorios sociales que no son los más pudientes. Pero en su magia, tal cual con el profesor Mosquito, pudieron dar una crónica del paisanaje a veces en la vida rural, pero más cercano, a esos barrios populares que, con su propia cultura, toman revancha de aquellos que les dejan en el olvido y el abandono prácticamente de los tres sectores de la sociedad.

Leer por lo tanto El último farol sobre Cosas y hechos de Toluca, por cierto en una etapa importante para nuestra cultura bibliográfica, ya que dentro del gobierno municipal de la presidenta municipal Laura Pavón Jaramillo se hizo una tarea de publicación de libros con la visión editorial ya entonces importante del poeta Félix Suárez. Libros magníficos publicados en el 1990. Tal libro y …Así era mi Valle, textos dedicados con amor a Valle de Bravo, con ese lenguaje que recoge la sabiduría del pueblo en dos municipios que son prueba de la riqueza que hay en el Estado de México y que el verdadero cronista, sabe valorar y expresar, en ese lenguaje que se hace inmortal.