HIGIENE DIGITAL

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Así como unos adecuados hábitos con relación a nuestro cuerpo preservan nuestra salud, un manejo debido de nuestros datos personales, plataformas y dispositivos con los que interactuamos en el ciberespacio, no solamente salvaguarda nuestro bienestar físico, sino nuestra privacidad, de ahí que resulte factible denominar a estas medidas como higiene digital.

Este tiempo de una doble cuarentena, marcada en parte, por las medidas sanitarias instan a permanecer a distancia y de preferencia dentro de nuestro hogar, así como el periodo de reflexión de los ritos del cristianismo y la Iglesia Católica, dan cuenta que de vez en cuando, como personas requerimos de momentos de introspección con el objeto de calibrar y reconducir nuestro actuar conforme nuestras creencias.

No obstante, nuestra vida digital cuenta con un registro amplio de todas las actividades que realizamos en el entorno virtual, por lo que, a fin de poder identificar cuáles datos deben permanecer en la red, es necesario volcarnos sobre las principales acciones que comprenden nuestra identidad digital e interacciones, por lo que para gestionar una adecuada higiene digital en principio, se requiere tener una concepción del yo digital, es decir, identificar el número y nivel de involucramiento con las actividades que se llevan a cabo en línea.

Así, una vez que se ha tomado una noción de las rutas que han generado rastro en el ciberespacio, habrá que asociar, cuando menos la preservación de las propiedades de la información que se vinculan con la triada de seguridad, como lo son la confidencialidad, integridad y disponibilidad de la información constituyen los parámetros que cada persona deberá considerar dentro de los objetivos de higiene, que inicialmente, deben orientarse hacia el cuidado de la identidad digital a través de los mecanismos de identificación y autenticación de las plataformas en las que participa, particularmente, con le mecanismo de acceso como lo es la contraseña o en su caso, firma electrónica.

A su vez, considerando que la base de la identidad digital se sustenta en dos sistemas o plataformas, como son, cuando menos, una cuenta de correo electrónico principal y, un número telefónico celular, la contraseña de uno y la titularidad y exclusividad del otro, representan los principales bastiones de la personalidad digital, que deben resguardarse y administrarse de manera continua en conjunto con la cuenta de la plataforma que corresponda, y que por ende, por se el principio de las medidas de protección, requieren una actualización permanente y por mecanismos de protección fuertes.

Ahora, llegaría el momento de señalar los ámbitos correspondientes al desenvolvimiento de la personalidad en el ámbito digital, primero, por los medios de acceso como son los dispositivos que concentrarían las diversas capas en dos vertientes, relativos a las plataformas de soportes o sistemas operativos que concentran todos los registros de un usuario a través de la conexión, así como de lso programas y aplicaciones que pueden utilizarse dentro de dicho dispositivo.

Ya en el ámbito de las funcionalidades, resultaría interesante distinguir tres principales aplicativos, como son, los navegadores de internet (los motores de búsqueda, dada su especial condición, podrían identificarse como una capa derivada inmanente a los navegadores, que constituyen el umbral de acceso a internet; correos electrónicos (que no tardarán en ser sustituidos o combinados con esquemas más ágiles, como las propias aplicaciones de mensajería instantánea), al representar los principales canales de comunicación; y, las redes sociales, que se tornan como una de la plataformas que generan interacciones con intensidad.

¿Alguna persona resultaría vulnerable al extraviar su dispositivo (laptop, tableta y/o teléfono inteligente)? ¿Qué tanto podría conocer un tercero de la personalidad del titular al realizar un análisis del historial de búsquedas en internet, y en caso de requerir información específica, de un análisis forense? O, en el ámbito de aplicativos, ante una violación de seguridad en que los datos del usuario fueran expuestos públicamente, borrados o secuestrados ¿de qué manera afectaría que estas violaciones se dieran respecto a la información contenida en nuestro correo electrónico, del rastro de nuestra navegación o búsquedas en internet, así como del contenido de nuestras redes sociales? Es por ello, que en principio, si bien el alcance de nuestra actividad digital pudiera ir más allá, se considera que en un primer ejercicio de higiene digital, el cuidado de estos objetivos pudiera resultar útil para la protección de la privacidad de cada persona.

En el ámbito de los dispositivos, más allá de identificar aquellos dispositivos que como usuarios nos brinden un mayor respaldo en el sistema operativo y opciones de seguridad, a fin de evitar cambios no deseados debido a vulnerabilidades o corrupción de los sistemas, por factores de fábrica o generados por el usuario, al punto que la paquetería utilizada pueda ser confiable, se debe valorar desde el tipo de sistema utilizado, hasta el costo de las licencias, puesto que eventualmente el uso de paquetería que no cumpla condiciones de seguridad o que no cuente con mecanismos de actualización y soporte dejará expuesta toda nuestra información desde la raíz.

Por ello, más allá de identificar las aplicaciones que utilizamos en un equipo determinado, primero deberemos verificar que el ambiente a través del cual nos conectamos, cuente con estabilidad y seguridad de fábrica, y posteriormente, respecto a las aplicaciones y mensajería a nuestra disposición, su descarga se realice a través de puntos autorizados, a fin de evitar que dicha paquetería genere o represente agujeros de seguridad en nuestro entorno.

Aún así las aplicaciones se descarguen de sitios oficiales, en éstos hay que verificar desde calificaciones hasta reseñas, aunado a críticas y resultados para otros usuarios, que permitan verificar las funcionalidades que ofrecen, aunado a que, de no existir un cobro asociado, también resultaría deseable advertir el modelo de negocio con la finalidad de descartar violaciones de tipo lógico o sustancial con motivo del uso de una plataforma, es decir, que dicha plataforma monetice a través de nuestros datos personales de manera desleal.

En el ámbito de los programas y funcionalidades instaladas en nuestros dispositivos, los mecanismos de protección se encaminan a contar las actualizaciones y parches al día, en el caso de navegadores, distinguir de nuestras búsquedas habituales de las que requieran un cierto grado de privacidad, ya sea deshabilitando cookies, a través de otro tipo de navegadores que enmascaren nuestra actividad como TOR, o inclusive utilizando redes privadas virtuales; así mismo, cada determinado tiempo también resultaría deseable eliminar historial de búsqueda, eliminar descargas y archivos temporales del sistema, así como dejar de asociar una cuenta a una etiqueta determinada.

En el ámbito del correo electrónico, además de la eliminación de spam y contenido irrelevante, la gestión de contraseñas robustas, se debe tener cuidado con cualquier mensaje de alerta, así como de dar de baja la cuenta cuando ésta no vaya a ser utilizada, al igual que redes sociales, en las cuales, varias personas se dan cuenta de que todavía siguen circulando información de su adolescencia, aunado que de manera especial, en las últimas plataformas mencionadas, deberá realizarse una revisión periódica de todo lo publicado y habilitado, a fin de eliminar registros, obtener copias, y en su caso, en función de las actualizaciones de la plataforma, ajustar los controles de privacidad de una mejor manera.

Hasta la próxima.