Hija de poeta

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La vida jamás es un cuento. Más bien es un drama o tragedia, con momentos alegres y otros, porque el ser humano es mortal que se ha de ir como lo canta en su poesía Nezahualcóyotl. Es tragedia. Ronda constante en su existencia y eso, la convierte en rehén de sucesos que le llevan a la pregunta: ¿Cómo estar en este mundo? si sólo busca ser feliz junto a su familia o vecinos? En el caso de la científica Ada Lovelace —mujer admirable— sufre como la mayoría de las mujeres que destacan en la ciencia y no reciben el reconocimiento en vida y al paso de los años. Se alaba mucho al científico, pero se olvida a científicas en el mundo occidental.

Pensar en Asia o África donde la mujer es objeto que no merece universidades ni progreso social o cultural. Mientras más ignorante más manipulable piensan sus hombres. En aquellos países de máximo desarrollo en ciencias como Japón o Corea del Sur es diferente, pero no crea igualdad por sí solo. Indagar cada día más la presencia femenina dentro de la vida científica de cada país debe ser tarea. A través de revisar biografías como es el caso de Ada Lovelace, así entendemos cuál ha sido el papel importante de la mujer en esta actividad, su rigurosa labor como profesión de vida.

Ada nace en Londres, Inglaterra, el 10 de diciembre de 1815. La investigadora Ofelia Ott, realiza su biografía titulada Ada Lovelace / La apasionada científica y poetisa que inició la programación con computadoras, obra publicada en la Colección: Grandes Mujeres por editorial RBA, España, en 2019. La escritora dice en su texto: Hasta 1979 la singular y apasionante vida de Ada Lovelace fue un completo misterio. Única hija legítima del poeta Lord Byron, matemática brillante y dama de la nobleza británica con conductas desafiantes para la sociedad victoriana, su legado había caído en el olvido. Su padre es nada menos que el poeta que cubre una época en el romanticismo, además es heroico por su vida de aventurero y libertador de pueblos. En esas andanzas fuera de Inglaterra el poeta muere en Mesolongi, Grecia, en el año de 1824; su recuerdo es memorable para los griegos: consideran que él inglés fue promotor en la lucha por independizarse de los turcos en 1812.

Grande es el recuerdo en infancia y adolescencia por el padre poeta al que no conoció personalmente. Ofelia Ott escribe: El barco zarpó en medio de una terrible tempestad, que no le impidió escribir las primeras estrofas del canto tercero de Las peregrinaciones de Childe Harold —los dos primeros cantos, publicados en 1812 y 1814, ya lo habían hecho famoso—. Algunos de los versos que surgieron en medio de la oscuridad del mar fueron para su hija: ¿Es como el de tu madre tu rostro, encantadora niña? / ¡Ada! ¡Hija única de mi sangre y de mi corazón! / Tus tiernos ojos azules me sonrieron cuando los vi por última vez; / luego nos separamos, mas no como ahora, sino con esperanza. / Despierto sobresaltado. / El mar se agita y el viento brama. / Me marcho sin rumbo cierto. / Las costas de Albión no me alegran ni entristecen ya. Relación más allá de distancia y tiempo. El temperamental poeta se endulzaba cuando piensa en esa hija que ya no ha de ver nunca más. Pero ella, seguramente en el fondo de su corazón se guardó esa ternura y no los aspavientos y fuerza temperamental que hacía a Lord Byron un hombre difícil de soportar. Leyenda en lengua inglesa. Leyenda para poetas románticos, que ven en él al mito del joven que nunca envejece y, se muestra tal como es, en sus emociones, ajeno a hipocresías y amargura contra los demás. Relación platónica la de Ada con su padre el poeta.

Escribe Ofelia: Aunque, debido al excesivo celo de su madre, Ada, con trece años, aún no había podido leer esas estrofas, atesoraba en un gabinete de su cuarto los regalos que él le había enviado durante su ausencia. Antes de partir, aunque ella era apenas un bebé, le había legado uno de sus anillos, casi un talismán personal. En 1816, en pleno viaje desde los Alpes le había mandado un cristal que fragmentaba la luz en decenas de rayos. En 1820, cuatro años después de su marcha, le había escrito a Anabella enviando un mechón de sus cabellos a cambio de un retrato de su hija y poco después, desde Italia, le había hecho llegar a Ada un pendiente con la inscripción: Blood is thicker tan wáter (la sangre es más espesa que el agua), una expresión que se había popularizado como un dicho sobre la fuerza de los lazos familiares por encima del amor o la amistad. Qué bella relación, cuánto hubiera dado Sor Juana Inés de la Cruz por tener un padre parecido al poeta. ¿Cuánto otras niñas que llegan a ser personajes en la historia son abandonadas por el padre o la madre?… o en el peor de los dos casos por ambos como sucede con Josephine Baker.

Ada tuvo el recuerdo que le permitió no sentir rencor contra su progenitor, ni con la madre; su madre que le educó de manera machista, al parecer por querer realizar en ella lo que no pudo ser y, tristemente, por haberse alejado de Lord Byron: seguramente siempre lo tuvo en su mente. Mucho es el amor del poeta por esa hija que sólo imaginaba en su crecimiento físico, trae a colación su biógrafa Ofelia Ott: A pesar de la distancia, Byron mantuvo hasta su muerte, en 1824, correspondencia con Anabella. Poco antes de eso, en otoño de 1823, cuando Ada tenía siete años, Byron le escribió a su ex esposa preguntando por el temperamento de su hija: “¿Es una niña imaginativa? ¿Taciturna o imaginativa? ¿Le gusta leer o todo lo contrario? ¿Qué le apasiona?” Espero que los dioses le hayan hecho cualquier cosa menos poeta, con un loco en la familia es suficiente. Estas palabras dicen tantas cosas de quien es recordado en la poesía inglesa, como ser privilegiado: antecedente                —maestro de ellos— a los poetas malditos de Francia el fin del siglo XIX.

Lord George Gordon Byorn (1788-1824) considerado el Adonis de poetas ingleses. Su leyenda dice que se acostó una noche y se levantó famoso al día siguiente. Su niñez tiene que ver con Ada —su hija—, pues los dos son hiperactivos desde los primeros meses de vida: infancia dolorosa quién iba a imaginar que se está frente a dos genios cada uno en su tiempo y género de cultura: poeta el primero, científica la segunda. En el libro Poetas ingleses publicado en la colección Biblioteca Enciclopédica Popular, por la Secretaría de Educación Pública en ciudad de México en el mes de abril de 1946 aparece un poema de Byron: La Partida / ¡Todo acabó! La veía temblorosa / se despliega a la brisa de la mar, / y yo dejo esta playa cariñosa / en donde queda la mujer hermosa, / ¡Ay!, la sola mujer que pude amar. / Si pudiera ser hoy lo que antes era / y mi abatida frente reclinar / en aquel seno que por mi latiera, / quizá no abandonara esta ribera / y a la sola mujer que pude amar. / Yo no he visto hace tiempo aquellos ojos / que fueron mi contento y mi pesar; / hoy los amo a pesar de sus enojos; / pero abandono a Albión, tierra de abrojos, / y a la sola mujer que pude amar. / Y rompiendo las olas de los mares / a tierra extraña patria iré a buscar; / mas no hallaré consuelo a mis pesares, / y pensaré desde extranjeros lares / en la sola mujer que pude amar. / Como una viuda tórtola doliente / mi corazón abandonado está; / porque en medio la turba indiferente / jamás encuentro la mirada ardiente / de la sola mujer que pude mirar.  Fragmento de un poema que es biografía de vida y de sentimientos: saber que la fama de tormentoso ser que le acompaña, comprueba que sensible y doliente a las cosas que él ama no le son indiferentes.

Su hija Ada Lovelace fue en su corazón de poeta y aventurero, compañía hasta el último de sus días en la legendaria Grecia. Hija de poeta, nos obliga a la pregunta de su existe una ciencia hecha por la mujer, diversa de aquella que el hombre hace. Ada por lo que se ve en su vida no le fue fácil transitar con su prodigiosa inteligencia en un país donde el hombre lo es todo, y la mujer, sólo objeto de deseo y de servicio.