Hipocresía social

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Gran revuelo causó la noticia de una profesora que, para hacer dinámica su clase, dedicó toda una sesión a contar chistes en un centro universitario al sur de la Ciudad de México; esto per se no es algo para desgarrarse las vestiduras; sin embargo, el asunto es que por tratarse de una clase virtual, hubo quien grabó el imprudente momento en que hace un símil muy desafortunado y que acabó por ofender a una alumna, quien ante la situación, le dice con todas sus letras: se me hace de demasiado mal gusto su chiste, asumo mi falta y me retiro de su clase, abandonando la sesión.

El linchamiento social no se hizo esperar, al punto de que medios de comunicación nacionales retomaron el caso, y con todo el poder y presión que ejercen, lograron que dicha institución destituyera a la docente y externara en un comunicado su deslinde absoluto por lo sucedido.

No hay forma de justificar a la profesora, porque realmente fue imprudente en lo que dijo y no fue capaz de vislumbrar el efecto de su ocurrencia, hay un código ético en el desempeño docente que debe hacerse valer y si es trastocado, debe implicar una sanción; de ahí la necesidad de que, particularmente en los espacios educativos, existan normas de conducta claramente especificadas para orientar el comportamiento de sus miembros. Si la sanción fue desmedida o no, requiere de un análisis más profundo.

Lo que en realidad debe preocupar es el grado de hipocresía social que nos invade y me explico; si realmente hubo indignación por las palabras de la profesora, ¿por qué los medios se encargaron de reproducir, sin filtro alguno, esas palabras tan indignantes?, ¿no será que apelan al morbo como herramienta para vender la noticia? Peor aún, algunos comunicadores externaron calificativos ofensivos para la profesora, cuando ellos mismos han sido ejemplo de imprudencia y mal gusto en el pasado, aplicando aquella máxima de aplicar la justicia en la milpa de mi vecino.

En cuantas reuniones familiares, sociales o privadas, se cuentan chistes incluso más crueles, mismos que todo el mundo aplaude y festeja; esas mismas personas se le fueron con todo a la docente, buscando sangre a toda costa. ¿Así es nuestra congruencia?

El ser humano busca, a toda costa, hacer leña del árbol caído porque es la manera más lúdica para lograr que la atención de todos esté en el otro, lo que me permite esconder aquello que no me conviene que salga a la luz.

El mensaje es más que claro, el poder de las redes sociales es tan grande, que basta un resbalón para acabar con toda una trayectoria; todos debemos pensar dos veces lo que decimos, lo que publicamos y lo que compartimos en estos espacios virtuales, sobre todo si hay una cámara enfrente.

La maestra fue imprudente y caro le costó su dicho; ojalá ese mismo esmero se tomara con quienes acosan, agreden física, verbal o psicológicamente a sus colegas o subordinados, quienes cometen faltas mucho más grave que contar un chiste y andan por la vida campantes y despreocupados.

¡Qué sociedad tan hipócrita somos!

horroreseducativos@hotmail.com