Historia de la Librería Ibáñez, una tradición que se extinguirá a partir de diciembre

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II y última parte

Contra lo que muchos clientes y amigos de la Librería Ibáñez pudieran pensar, el local donde se asentó en los últimos 68 años no es propio, por ello le cuestiono a Doña Martha Yáñez:

Esta casa de quién es, a quién le rentaron

A la señora Luz María Ezeta, Dio clases de literatura en el Instituto Científico y Literario, siempre vestida de negro, alta, con un chongo.

Era pariente de la que fue notario Público Remedios Albertina Ezeta

Creo que sí, creo que eran primas. Ella vivió en Instituto Literario una casa que sale a Valentín Gómez Farías, ahora ya la vendieron. Entraba uno a su casa, parecía un Palacio, tenía su sótano, por el lado de Instituto Literario tenía otra entrada. Le gustaba vivir en varios departamentos, es decir tenía varios de ellos, no los rentaba, le gustaba vivir en ellos. Tenía un jardín muy grande. La casa la compró el señor Juan José Pliego, el de la papelería, pero quién sabe.

Aquí, siempre le dijimos que cuando fuera a vender nos dijera y nunca nos dijo. La que compró el edificio fue la señora de la Farmacia Rincón.

¿Cómo se llamaba la señora?

Se llamaba Isabel Téllez, acaba de fallecer. Ahora sus hijas están al frente. Siempre le decía: Señora ya no quepo, rénteme o véndame como condominio. No es que ya no es mío, ya se lo heredé a mi hijo. El hijo era médico y estaba en Atlanta, ya falleció, tenía un tumor en la cabeza. Eran cuatro hermanos, él era el único hombre. La mandaron llamar, lo trajo para acá nada más para verlo morir, le dio una tremenda depresión. Siempre insistí y siempre me decía ¡déjeme pensarlo!

Aquí tenemos ya 60 años (en el momento en que se hizo la entrevista).

El libro que más vendió

¿De escuela?

Sí, de textos escolares.

El libro mágico, famoso. Hacían hasta cola para comprarlo. Como estaba controlado por la editorial. Usted hacía un pedido de 100 y le daban nada más 10, entonces se valía uno de varias personas para traer una buena cantidad. Incluso hasta nos dejaban pagados los libros para que se los apartáramos.

A nivel secundaria

El texto era de Historia Universal de Ciro Eduardo González Blackaller y la Historia de México, la pedían muchísimo y también nos ponían peros en la editorial. Incluso les decía el señor Ibáñez ¿cómo crees que voy a venir dos o tres veces al día por los libros? de una vez véndemelos. Algunas veces los pescaba de buenas y le daban 300 libros, traíamos lo suficiente, se nos acababan porque éramos la única librería y todo el mundo lo pedía. Ese era el motivo por el que se juntaba la gente.

Los más caros eran las famosas biologías de Enrique Beltrán, eran empastados en tela. Las hacía Porrúa y también eran una calamidad porque no le vendían todos los que quería uno. Dejaban el dinero y eso le permitía a uno moverse.

En Porrúa siempre despachaban pero salía uno a la una o dos de la mañana. El venía, dejaba el pedido de Herrero, que eran libros de texto, se regresaba a México a comprar lo demás y antes de las seis se metía a Porrúa para que le dieran el pedido, si llegaba después de esa hora ya no se lo entregaban.

Cuando se transformó el Instituto Literario a Universidad vendimos mucho la Anatomía Descriptiva de Fernando Quiroz Gutiérrez, costaban 300 pesos los tres tomos, Las disecciones de José Negrete Herrera, los muchachos le decían le dejo pagados mis libros y luego paso a su casa por ellos. Pasaban a las seis y media de la mañana para después irse a la Facultad de Medicina, porque ya se estableció así. Medicina y Derecho eran los libros que vendimos bastante. Filosofía al igual que humanidades.

Ahora también pero ya no es lo mismo. Vendemos de todas las carreras con determinados autores y editoriales, a veces si los hay y a veces no, ése, es el problema, pero hasta donde den las fuerzas ahí vamos a estar.

Me di como terapia, cuando falleció él, ir por los libros, me dio un infarto. Porque es muy distinto el trabajo de estar atrás del mostrador, es cansado, pero si le gusta a uno no se cansa. Despachaba a cinco clientes al mismo tiempo, no me cansaba, me encantaba tratar con las personas, me dio el infarto y me dijo el médico: quiere durarle a sus hijos, bájele al trabajo.

Bonito consejo ¿verdad?

Pues tuve que acatarlo porque si no de otro modo no estaría aquí. Si lo tengo, lo vendo; si me espera el cliente, se lo traigo. A esa conclusión llegué.

Cuando fue Universidad adquirimos una Combi, lenta como ella sola, pero buena para cargar, la traíamos sentadita, llena de libros de Medicina, de Derecho. Como cambiaron los programas por las famosas Ciencias Sociales, Ciencias Naturales y cambian los autores, eran la de Emma Reynoso ya que era texto único en todas las escuelas. Entonces venía la camioneta sentadita. Había que ir por ellos hasta Tlalpan. Como le gusta ir a él por ellos y a mí estar detrás del mostrador, la hicimos. De otro modo, no.

Podría compararse el nivel de ventas de aquella época con la de ahora, se puede.

Mmmmm, es bajo. En primer lugar los libros están muy caros. El mágico costaba 15 pesos ahora vale 160.

¿Cuándo abrieron en Avenida Juárez?

Nunca abrimos en Juárez. Él pensaba abrir, tenía otra librería en México pasó el Metro y la quitaron por eso pensó abrir otra aquí, pero no. Se usó como bodega.

¿Cuándo llegaron a Juárez, como estaba en aquel entonces?

Llegamos en 1957. Eran puras milpas. Compramos el terreno como por el año 1954 al señor Enrique Gómez Tagle, quien estaba como encargado de la venta.

Era un rancho que perteneció a don Guillermo Garduño Contreras y abarcaba desde Avenida Juárez hasta Hermenegildo Galeana donde está la Escuela Montessori, y enfrente de la misma. Al norte hasta Juan Álvarez y al sur hasta José María Arteaga.

Nos dio facilidades. Las primeras que hicieron su casa fueron las hermanas María de Jesús y María Luisa Ramírez Velázquez, luego el señor Carlos Zarza casi en la esquina de Juárez y lo que antes se llamaba Ramón Corona, que ahora es Juan Álvarez. Después estaba la señora Enny Negrete, una casa de dos pisos, adelantito del señor Zarza, después vendieron, compraron los Guerra, Carlos Guerra, el de la tienda de ultramarinos La Española. Falleció Carlos y fue la güera Encarnita la que sacó a La Española adelante, se quedó con ella.

En la calle de enfrente, también eran milpas, estaba en la mera esquina el señor Joaquín Iracheta, en una casa grande que dejó en obra negra don Abel Moreno Terrazas, quien fue el segundo director que tuvo El Sol de Toluca; después las señoritas Quiroga, una de ellas trabajaba de los cines, recibía los boletos, después la señora Quiroz, la mamá de las güeras, (las Quiroz Rosete, Lourdes y Cecilia), después estaba un peluquero (García).

Seguía el señor UrrozTomás Urroz, quien tenía una hija muy guapa Anilú en donde ahora está la panadería La Merienda (pero no la casa matriz), después el señor Manuel Mendoza, quien trabajó en Banamex. En el terreno del peluquero está el señor Rojas el de El Centro Español. Luego sigue donde compró el doctor Luis Corzo León (ahora hay comercios, uno vende colchas y otro compra y vende libros antiguos, después en la mera esquina está la casa en donde vivía su hermana y la mamá del señor Gómez Tagle, Doña Conchita Díaz en la del negocio denominado El Detector.

En la casa de adelante en donde estamos la compró la señorita María Elena Yáñez, hermana de don Ramón Yáñez Mutio, uno de los accionistas de los Turismos México-Toluca que trabajaba con un arquitecto e hizo la casa y se la heredó a su sobrino que es el doctor Yáñez. Después la compró el señor Rojas en donde ahora están los Plásticos Rojas, ahí duró mucho tiempo.

Los vecinos de atrás, pues nada más estaba el doctor Mario César Olivera Gómeztagle, quien fue rector de la UAEM y Senador de la República, el doctor Jorge Hernández García, quien también fue rector de la Universidad. A espaldas de su casa (la de Martha Yáñez) está la señora Dolores López Garduño, conocí a su mamá Doña Trini, a Gustavo cuando estaba chiquito, siempre andaba con su abuelita en el jardín. Ahora, él es presidente o CEO de Hewlett Packard para América Latina. La maestra que tenía una tienda, la esposa del señor Fito García, después seguía la casa de un muchacho Terrón (su mamá recibía los boletos del Cine Rex), su papá fue Gerente de la estación de radio más antigua de Toluca XECH. Es toda la historia de la colonia.

¿Usted es de aquí de Toluca?

Sí, mi mamá se fue a México, yo me quedé. Tenía un tío que era taxista, Muy conocido aquí, los Lobato, Aristeo Lobato y Francisco Lobato, este último fue chofer de don Isidro Fabela, quien fue gobernador de nuestro Estado. Aristeo siempre trabajó aquí en el sitio Reforma (estaba en la calle de Nicolás Bravo esquina con Hidalgo). Murió en el volante. Fui la única que me quedé, mis hermanos están en México, otro está en Puebla. Me quedé aquí, al frente de la librería, luego me da tentación porque vienen los clientes con sus hijos y les dicen aquí me traía tu abuelito a comprar los libros.

De la Secundaria Uno venían muchos maestros como Fernando Aguilar Vilchis el famoso “torito”, Adrián Ortega Monroy, los de Inglés, un maestro Quiroz, un maestro de matemáticas como Manuel Hinojosa Giles, quien fue director de la escuela primaria Lázaro Cárdenas del Río, y un maestro que dice que no se va a jubilar Ignacio Torres Olascoaga uno de los fundadores del SMSEM, tiene muchos años, decía: en mi diario no está la jubilación yo soy feliz aquí en mi escuela.

Hay otra maestra Chabelita en la escuela primaria Mariana Rodríguez de Lazarín, ya no tiene grupo está de bibliotecaria, yo soy feliz aquí, vengo con mis niños los emparejo.

Letrero de la Libería Ibáñez.

Nunca les robaron aquí

Sí. Cuando era gobernador Carlos Hank González, era muy tranquilo antes, me iba a las 11 de la noche caminando de aquí. Había ya hecho el corte, estaba lloviznando, estaba metiendo los teléfonos, de repente entraron dos jóvenes, uno entró para allá y el otro por aquí, por eso mandé ponerle la cadena, me dijo esto es un asalto, traía una pistola 38, lo cogí de aquí (indica las solapas de un saco, a la altura del pecho) y le dije ¡Qué asalto ni qué tu abuela! Y que lo saco. No supe del otro muchacho y cerré la puerta. Dije: ¡Gracias señor, de la que me has salvado! y ahora ¿cómo me voy?

Ahí, enfrente, ya era un estacionamiento, ya había aprendido a manejar, estaba estacionado el coche, pues ahora que se quede, como pasaba un camión por personal, a recogerlos, paré un taxi, le dije: ¡Espéreme un segundo!, entonces cerré rapidísimo, me subí al taxi y me llevó a la casa. Cuando llegué ya estaba trabada del susto. Después llegó mi esposo, dije ¡cuánto te tardas! Él acababa de comprar, se iba con los amigos, ya llegaba relajado, le dije me asaltaron¿qué te pasó? Nada, sólo me asaltaron. Gracias a Dios nada, pero el susto nadie me lo quitó.

Al otro día tuvimos que ir al hospital para poderme destrabar. Mi hermano se ataca de risa. ¡Qué susto le pusiste tú al que te iba a asaltar!,  porque no esperaba que tuvieras esa reacción. Nunca tuvimos miedo porque aún con las milpas, teníamos perro y él era el que los asustaba, pero no era como ahora.

Últimamente ya para llegar al Banamex, venía del Bancomer, en el Andador Constitución había depositado. Llegaba a este banco para hacer otro depósito pasó un joven, me arrancó el bolso, se llevó todo: las llaves, todo, hasta las tortas para comer. Qué hace la gente, nada. Nada. Ahora te dicen date de santos que no te pasó nada.

Antes estaba muy tranquilo, me iba caminando. La calle de Aldama estaba bien iluminada, parecía Los Portales de iluminada. Toluca terminaba en Juan Álvarez con un foquito que estaba frente a la casa en donde vivía usted.

La otra cuadra después de Juan Álvarez era donde vivió el señor Aureo Garcés, en toda la cuadra donde ahora es donde vive el señor Juvencio Larrañaga, no sé si vendería, el señor Kuri está en otro, en la otra esquina está un arquitecto de apellido Galván en la esquina de Aldama, a los demás ya no los conozco. La señora Vergara vivía también en la esquina de Ramón Corona y Juárez, era la abuelita de Rodolfo Díaz González Vergara. Así es la historia de Toluca que ha cambiado tanto. Ahora ya no se identifica uno.

La Librería Ibáñez, uno de los bastiones de la Toluca tacita de plata con olor a sacristía, se termina y con ella, un auténtico baúl de recuerdos.