+Historias de familia, Dulcería EL SOCIO y su trayectoria; Don Justo Guadarrama fue cantante de ópera, pero prefirió los dulces regionales; la ayuda del profesor Carlos Hank; felicitación de Carmen Martínez

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La frase:

 

No sé apreciar la amargura de los demás, soy fanático de los dulces.

REFRÁN POPULAR

EL DETALLE: Al nuevo rey de Inglaterra Carlos Tercero, le dicen el Atlas, ya que tardó 70 años en coronarse.

Nuestra colaboradora en poderedomex.com Carmen Martínez Sandoval, me felicita, este es su texto. Muchas gracias de corazón

Sueño posible

Pensar en Guillermo Garduño Ramírez, es remitirme a mis primeros escritos hechos a los catorce años. Pensarlos es agradecer una aventura literaria iniciada hace años en Capital Toluca; ahora en poderedomex.com, ser nuestros editores, es historia escrita en cada uno de los textos publicados.

¿Qué habrá sido de nosotros como escritores anónimos donde el eco de nuestras letras era la soledad de las palabras calladas? Agradezco infinitamente la confianza brindada a este universo escribano.

Hoy el silencioso mundo del texto y el mundo escritor, habla, se escucha, se lee y hace vívida la experiencia lectora.

Mis palabras leídas, no serían un sueño posible si mis Maestros editores no me hubieran llevado de la mano. Gracias por permitirme su espacio de publicación para contar historias: Tejiendo Palabras.

Ese agradecimiento se une por el homenaje a un periodista-escritor que pisa la delgada línea de las dos fronteras de este acto de escribir. Felicidades por estos 53 años, que se reconocieron con ese excelente homenaje que le rindieron en la Filem 2022, hace ocho días.

Desde Querétaro, saludos.

Carmen Martínez Sandoval.

LA INOLVIDABLE DULCERÍA EL SOCIO

Lo que usted leerá a continuación, lo escribí para mi libro Toluca 200, historias de familia, publicado en el año 2013:

Por décadas, los dulces de El Socio han formado parte de la mesa de los toluqueños, inclusive de gente que no es oriunda de la entidad, pues se les considera como un postre internacional.

Justo Guadarrama, mejor conocido como El Socio, inició el conocimiento de este noble oficio en la cocina de su hermana Elpidia, quien fabricaba una serie de confiterías que le enseñaron a preparar las religiosas capuchinas que se encontraban en la calle de Hidalgo.

Justo Guadarrama, nació en San Francisco Tlalcilalcalpan, municipio de Almoloya de Juárez. Desde los cinco años quiso vivir en Toluca con su hermana Elpidia, pues logró convencerla al ofrecerle ayudarle con la elaboración de los dulces, ya que le agradaba estar en su gran cocina envuelto en los exquisitos aromas.

Una vez que aprendió este oficio lo llevó por los caminos y las plazas de la Toluca de los años 50, para establecerse finalmente en un kiosco en El Portal.

Su hija,  Aída Guadarrama comenta que don Justo era un hombre apasionado, bohemio, que en su juventud se dedicó a estudiar ópera, de hecho interpretó varias piezas, siendo de sus favoritas Celeste, Aída y  Carmen.

En esa búsqueda como artista, participó en algunos foros internacionales, incluso en la XEW –que en ese momento, era la radiodifusora que daba a conocer a los nuevos valores–, recibió varios reconocimientos, pero prefirió retirarse del estrellato.

Su carrera no fue bien interpretada por sus familiares, ellos querían que sentara cabeza y así lo hizo, cuando se encontró en su camino a la jovencita Cruz Lozano Guzmán, quien después se convirtió en su esposa.

Ella era apasionada de la gastronomía y le vendía dulces a su hermana, por eso se le apodó El Socio, porque se casó con la socia. Aunque también entre sus compañeros de grupo musical, se llamaban entre sí, socios.

Los dos unieron esfuerzos para emprender la ardua labor de ofrecer al público productos que no tienen conservadores, que son una gran variedad de texturas, sabores y colores.

De inicio, les surgió la idea de tener un kiosco en El Portal, pero no tenían recursos para adquirirlo. Cruz Lozano pidió ayuda al profesor Carlos Hank González, quien era el presidente municipal de Toluca y para quien un tiempo trabajó como su secretaria.

Ésta es una anécdota bella, como ella misma lo refiere, pues cuando le pidió ayuda al profesor para adquirir la alacena que costaba más de 400 pesos, le dijo que no se la regalaba porque no quería ofenderla, ya que sabía que era una mujer trabajadora.

Le voy a pedir que vaya con el administrador a la planta baja, para que le diga cómo puede pagar la alacena, si de a dos pesos o cuatro pesos a la semana, al mes, no sé, usted le dice; porque a la gente no hay que darle el pescado, sino enseñarla a pescar y yo no la quiero ofender, así que vaya, esos fueron las palabras del alcalde, como lo cita doña Cruz Lozano.

Sin embargo, la parte hermosa de la historia –destaca la señora–, radica en que  cuando ya tuvieron su kiosco bien establecido, todas las tardes pasaba un señor que le compraba todos los dulces que le quedaban. Eran pequeños platitos donde ponían sus dulces artesanales, que ellos mismos elaboraban, pero después de un tiempo les dio curiosidad si aquel hombre tenía una tienda o los revendía en algún lugar. No se quedaron con la duda y al preguntarle, les contestó No vayan a decir nada, porque es un secreto. El profesor Carlos Hank me manda a comprarles todos los dulces que les queden y los reparte entre sus colaboradores, porque quiere ayudarles a que su negocio crezca.

Don Justo y su hija.

Esas son ganas de ayudar a la gente, dijo Cruz Lozano, quien señaló que esa es una grata anécdota que les ayudó a consolidarse.

Por muchos años, estuvieron en el kiosco que ahora se conocen como alacenas, pero dada la aceptación del pueblo toluqueño, se vieron en la necesidad de ampliarlo y en 1959 se establecieron en El Portal Madero en el número 204, donde permanecieron 48 años brindado sabor y servicio a las familias mexiquenses, pero después la renta los consumió, pues aunque el negocio es noble, no podían cubrir costos tan altos, así que decidieron trasladarse a la calle de Allende.

Este oficio es de amor, de constante cuidado para que los productos lleguen bien al comensal, nosotros heredamos de “El Socio”: constancia, honestidad y el amor al trabajo. Ése es su legado y lo quiero seguir conservando, porque él instituyó toda una tradición en Toluca y seguiremos ese camino, porque amamos este oficio igual que él, comentó Aída Guadarrama, hija de El Socio.

Precisamente para mantener la calidad de los productos, dejó en claro que los dulces no son industriales, por eso no se manejan en grandes cantidades, ya que uno de los compromisos, es ofrecerlos sin conservadores.

De ahí, que todos se elaboran en pequeñas cantidades para que salgan con la calidad adecuada y sigan conquistando al paladar más exigente.

Para abastecer al comercio, en la actualidad ellos no son los que elaboran los dulces, cuentan con un grupo de pequeños artesanos, que manejan como máximo 20 piezas, ya que se trata de una obra de arte que no se multiplica a nivel industrial, para que no pierda su valor y exquisitez.

Este negocio desde sus inicios adquirió el compromiso de que sus principales proveedores sean artesanos 100 por ciento toluqueños, para con ello, ofrecer un producto orgullosamente mexiquense, que por su calidad y sabor, ha rebasado fronteras.

Trabajamos sólo con artesanos mexiquenses, que no hacen otra cosa, más que llevar el sustento a sus familias, con poca producción, ya que no se puede realizar en grandes cantidades, porque de lo contrario, se perdería el sabor que los identifica.

Incluso, dijo con agrado, que hay personas que han comprado dulces en otros lugares (donde se elaboran de manera masiva) y no tienen el mismo sabor, por lo que regresan a El Socio, porque se tiene la garantía de que si se adquiere una barrita de guayaba, va a saber a esa fruta, porque está hecha de ella y no tiene saborizantes artificiales.