HISTORIAS DE FAMILIA: JUAN NAVA ARELLANO, DE LOS PRIMEROS EGRESADOS EN DERECHO
Juan Nava Arellano, es uno de los primeros licenciados egresados de la Facultad de Derecho de la UAEM, catedrático desde hace 36 años; comenta cómo se ejercía esta actividad y cómo ha cambiado la forma de impartir justicia en Toluca.
El licenciado Nava Arellano falleció el pasado 4 de mayo del presente año y como homenaje quise recordar esta entrevista que aparece en mi libro Las Historias de Familia continúan, publicado en el año 2018.
Comienza por señalar que en los últimos 50 años, se ha dado un cambio radical en la forma en que se ejerce el derecho en Toluca, debido a la explosión demográfica en la región, así como al crecimiento de los propios juzgados y al número de juicios, ya que los conflictos entre los ciudadanos cada vez es mayor. La Toluca provinciana pagó su costo de convertirse en metrópoli con un fuerte aumento en el número de ilícitos. Su relato es el siguiente:
En 1955, comencé como Ministerio Público, entré como meritorio, así nos llamaban, pero éramos esclavos porque no nos pagaban y hacíamos todo, aunque era poca la población en esa época. Existía un solo turno de 24 por 48 horas. No había servicio en Metepec ni en Zinacantepec; en Toluca se atendía a todos los municipios que conformaban el distrito. Si había un muerto en Jilotepec, pues íbamos hasta allá a recoger el muerto.
A medida que la población crece, se hace necesario que también lo haga la Procuraduría de Justicia y se hacen más Agencias del Ministerio Público, quienes fungían como tales eran mal pagados, de ahí arranca todo el problema, por la mala recompensa que se le dan a los que trabajan como MP. Estaban mal preparados y ahora se ha implementado un nuevo sistema que es una copia del norteamericano.
Volviendo a esta época, había sólo dos juzgados penales que se encontraban en la esquina de Juárez e Instituto Literario, donde se ubicaba la Cárcel Central. La entrada era por Juárez, como estaban los presos atrás, de ahí los sacaban a las rejas. Los juzgados civiles se encontraban donde ahora es el Palacio de Justicia y un poco antes estuvieron en Villada, también dos juzgados civiles para atender a la población.
Los juzgados tenían un escritorio, un mecanógrafo, el juez metido por allá en el juzgado estudiando los expedientes para dictar sentencias y el secretario por el otro lado, tenía que estar a cargo de todo lo que se suscitaba. Mientras que el detenido o procesado estaba dentro de las galeras.
Entonces, eran los mecanógrafos quienes llevaban los asuntos y mal, pero no porque la Ley no fuera la adecuada, sino que no había recursos suficientes para incrementar el número de juzgadores, por lo que la insuficiencia de personal hacía que se alargaran los asuntos, pero no era por una deficiencia de la Ley Procesal.
Durante la administración del gobernador Juan Fernández Albarrán, trajo como encargado de la prisión de Toluca a quien ahora es doctor en Derecho, Sergio García Ramírez. Él gestó un cambio, un trato más humano a los presos, porque sinceramente la cárcel que estaba en la esquina de Juárez tenía condiciones deplorables, casi de la edad media, por lo infrahumano.
Gracias a Sergio García Ramírez, se tuvo en el Valle de Toluca el primer penal modelo a nivel país, que por muchos años la gente conoció como La Peni y que ahora es conocido como el penal de Santiaguito. Vale la pena recordar que fue en 1966, cuando se publicó en la entidad la Ley de Ejecución de Penas Privativas y Restrictivas de la Libertad, se inauguró el Centro Penitenciaron del Estado de México, el primero a nivel mundial en su tipo, con lo cual se implantó el sistema de tratamiento progresivo técnico. En ese entonces, se introdujo el periodo preliberacional y la remisión parcial de la pena privativa de la libertad, que dio buenos resultados a finales de los 60 y durante la década de los 70.
Ante este hecho, se tiró la cárcel que estaba en Juárez y se llevaron los juzgados penales al municipio de Almoloya.
En cuanto a los Juzgados Civiles y Familiares, después de Villada estuvieron en el Palacio de Justicia, que antes era el Palacio de Gobierno, pero al haber hecho Fernández Albarrán el Palacio de Gobierno actual, se pensó en tener en ese inmueble al Poder Judicial.
En el aspecto federal, había un solo juzgado de Distrito, nos tocaba en las revisiones del amparo ir hasta Puebla, ya después se estableció un colegiado y un unitario, que son los juzgados federales de mayor jerarquía. Teníamos ya la posibilidad de no trasladarnos, porque se establecieron en Sor Juana, donde está el correo, después se pasaron más al sur, en esa misma calle, más adelante pasando Morelos.
En esa época, la vida en Toluca era tranquila, los delitos que se registraban por lo regular eran robos y lesiones. Los robos eran por carteristas que tenían una habilidad para sacar la cartera, ahora lo hacen con golpes, te amagan con una pistola, hasta en eso eran más decentes los delincuentes. El índice delictivo era relativamente bajo. Casi no había homicidios y si se daban era en la periferia de Toluca en Tlacotepec y San Juan Tilapa y en otros municipios como Villa Victoria y San Felipe del Progreso, desde luego el sur del Estado.
Durante décadas Toluca fue una ciudad tranquila, una dama podía salir y transitar por la noche y no pasaba nada. No había tanto movimiento, eso se reflejaba en el número de juicios civiles, mercantiles y laborales; hasta el índice de divorcios era bajo y ahora, es de las ciudades que más registra.
No podemos olvidar que fue a partir del temblor del 85 cuando se vinieron los capitalinos, porque creció la ciudad y también los problemas sociales.

Las calles de Toluca eran tranquilas, ya que no había mucho tráfico, había dos líneas de camiones los Colón Nacional y los Transportes Urbanos; las líneas foráneas tenían sus terminales en diferentes lugares, no las dejaban entrar al centro. Ahora, se meten los de San Pablo y son procesiones de camiones. Todo era muy sencillo, no había muchos taxis, pero a raíz de la gestión de Ignacio Pichardo Pagaza nos llenaron de ellos. Se perdió la tranquilidad, era una ciudad bonita y muy tranquila, agradable, aunque la gente era fría como su clima.
Respecto a la Facultad de Derecho era caótico porque a mí me tocó estudiar por años, 5 años, ahora lo dividen en semestres, mal, y eso viene de una política divisionista del gobierno, para que no se formen líderes.
Cuando se hizo por semestre, había los 10, cuando estuve en el Consejo Universitario y en el Consejo de Gobierno de la Facultad propugné porque se pusieran los meses nones y pares cuando deben estar. Eso generó bajar un poco la matrícula, teníamos una población anual de 3,000 personas que entraban, teníamos grupos de 90 y 100 alumnos.
Después, se dio paso al sistema abierto y sólo se asistía los sábados, eso generó una explosión de personas que se decían abogados, también propugné porque se quitara ya que era un fraude. Nos hicieron tomar un curso de cuál era el método de enseñanza en el sistema abierto, de 36 alumnos que tenía sólo pasaba a dos y después ya no me dieron el curso por ser un profesor negativo, pero no aprendían.
Después, se logró que se terminara con el sistema abierto que no funciona en nuestro medio, se quitaron los 10 semestres y se dejaron los pares y nones. Y se abatió el número de ingresos a 300 alumnos eso mejoró mucho. Aunque esto ocasionó que la Educación Pública Estatal y Educación Pública Federal empezaran a repartir programas para que se abrieran escuelas de Derecho y ahora existen en cualquier lugar. Este fenómeno se dio hace más de 24 años, ya que se vio que las escuelas particulares es un gran negocio.
No debemos olvidar, que la Facultad de Derecho es de las más antiguas casi surge junto con el Instituto Literario.
Cuando estudié estábamos en el edificio central, en ese entonces no era Facultad, era Escuela de Derecho. Hasta que se pusieron estudios de posgrado se nombró Facultad.
La visión del presidente Adolfo López Mateos y del gobernador Gustavo Baz Prada, quien gobernó de 1957 a 1963, ocasionó el regalo del cerro de Coatepec para ser destinado para la construcción de la Ciudad Universitaria, misma que se inauguró en 1964.
Hay que reconocer la iniciativa del licenciado Juan Josafat Pichardo y de Enrique González Vargas, quienes empezaron hacer la critica que había una gran fuga de cerebros de aquí de Toluca para el Distrito Federal.
Empecé estudiando Ingeniería en la UNAM, pero no me pude sostener la carrera, porque mis padres murieron. Hasta que se abrió la Universidad aquí y entonces, fui uno de los iniciadores de la Escuela de Ingeniería de aquí de la Universidad. Estuve hasta tercero, que también estaba en el edificio Central, los grupos eran de 60 en primer año y luego se fueron disminuyendo hasta 30 ó 35.
Por azares del destino, llegué a la Procuraduría que se encontraba enfrente del Poder Judicial. Ahí, estaba Enrique Carbajal quien había sido el secretario de una huelga que habíamos hecho en el Instituto, él me dio trabajo. Después, me ascendieron a agente del Ministerio Público, era estudiante del tercer año de Ingeniería, pero así como su servidor, había estudiantes que ocupaban puestos.
El licenciado Sánchez, quien era el procurador, me tuvo mucha confianza, Guillermo Colín Sánchez, él reestructuró la procuraduría, le dio mucho impulso; era un hombre positivo, éramos 4 mesas.
En sus Inicios, Toluca no tenía muchos abogados por mucho serían como diez en los años 50 y ya en los 60 aumentó a unos 40, eran poquitos.
Terminé la carrera, llega Juan Fernández Albarrán, me quedé sin trabajo, cuando me corrieron estaba en 4° de Derecho y después sólo me dediqué a trabajar. Y como no había mucha competencia, saqué mi cédula de pasante para poder laborar, porque me dijo que si no presentaba mi título se me cancelaría mi cédula.
Mi tesis la hice solo, ya que no había nadie quien guiara o quien te apoyara, la hice acerca del Juicio del Amparo. Eso me ayudó para comenzar a dar la cátedra de Amparo, después me pusieron en el panal como profesor, donde llevo 36 años y es un trabajo que me encanta.


