HISTORIAS DE FAMILIA: PAN MILLÁN SABOR A TOLUCA, DE GRAN TRADICIÓN

Views: 5424

El final del siglo XIX –es decir 1890-, vio surgir, la antesala de uno de los negocios de mayor tradición en la ciudad de Toluca como el Pan Millán, donde se combina el sabor de las recetas francesas y las creadas por esta familia de Toluca. El negocio hoy es conservado por uno de los herederos, Arturo Millán orgulloso oriundo de la capital mexiquense.

Esta entrevista la publiqué en el libro Toluca 200, historias de familia dado a conocer en el año 2013. Hoy hay otras sucursales del Pan Millán.

Idea de sus bisabuelos: don Pascual Millán y doña Pascualita Alva, la pastelería llamada en ese entonces La Vaquita ofrecía pan clásico mexicano a la población de la aún pequeña Toluca y es hasta que su abuelo, don Miguel Millán Alva decidió irse por unos años a la ciudad de México donde estuvo trabajando con un bizcochero francés, por lo que aprende el arte de elaborar piezas de dicho país; no obstante, siente la imperiosa necesidad de promover la gastronomía mexicana.

Es así como al fusionar lo aprendido entre lo francés y los procesos tradicionales de sus padres, don Miguel Millán regresa a su natal Toluca para crear lo que hoy conocemos como Pan Millán, con recetas que por más de un siglo le han otorgado un lugar en la historia gastronómica de la capital del Estado de México.

Al fallecer don Miguel en 1964, su hija Teresa toma las riendas de la pequeña empresa, hasta finales de la década de los 90, cuando por la misma causa, deja su lugar a Víctor Millán.

Don Víctor Millán, hoy de 85 años y único sobreviviente de 12 hermanos, sigue laborando desde muy temprano para mantener la tradición familiar, imprimiéndole el sello que ha caracterizado al negocio y que respalda su calidad y sabor distintivo.

Si bien es cierto que debido a la edad de Don Víctor ya no es tan fácil su aparición en el negocio frente a los clientes, su inagotable vitalidad le permite seguir elaborando piezas como verdaderas artesanías con métodos ancestrales que ahora inculca a su hijo Arturo Millán.

Ser el referente de la quinta generación y partícipe del negocio desde los cinco años, hacen sentir a Arturo Millán orgulloso de  mantener esta usanza en casa, de ser parte de la evolución de Toluca y del negocio mismo, al recordar que los primeros locales utilizados por la familia fueron en el Portal Constitución, para después ubicarse en  Galeana esquina Morelos y la que actualmente ocupa que es Hidalgo a una cuadra de la Alameda Central.

Su niñez la recuerda totalmente entre su escuela, la primaria Justo Sierra y el amasijo ubicado en la calle de Nigromante, a donde acudía después de la una de la tarde al salir del colegio. Los lugares de diversión eran la Alameda, así como los ya desaparecidos cines: FloridaRex y Andrómeda,  este último ubicado cerca del Panteón General o el Coliseo en el centro de la ciudad, cuya entrada costaba cinco pesos y donde se podía gozar de la matiné y disfrutar de unas ricas palomitas.

Desde su perspectiva y con nostalgia, Arturo Millán recuerda a una pequeña Toluca que fuera de Ciudad Universitaria, la Colonia Morelos, Circunvalación o el Panteón General, todo lo demás eran milpas que cobijaban su pequeño terruño, donde no había delincuencia y se podía pasear sin ningún problema, incluso de noche. 

Hoy en día, sus hijos y un sobrino se encuentran laborando en la misma empresa familiar, por lo que espera que la tradición y el gusto por el Pan Millán, con creaciones que distinguen a este negocio como los envinados, los barquillos, los chinos o las lenguas y besos entre otros, no se pierdan entre los habitantes de Toluca que tanto quieren y que desean perdure en los años por venir, aun cuando la capital ha ido en crecimiento y surgen negocios del mismo ramo.