HITOS CULTURALES EN LA URBE

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Imposible dejar de leer al Cronista por excelencia de la ciudad de Toluca. Cierto, fue un momento mágico el que viví, cuando a fines de enero de 1986 se reunió la semilla, raíz y tronco, de lo que hoy es la Asociación Mexiquense de Cronistas Municipales (AMECROM): Margarita Loera Chávez, presidenta; Ignacio González Polo, vicepresidente; Ricardo Poery Cervantes, secretario general; Isaac Velásquez Morales, tesorero; y don Alberto Fragoso Castañares, secretario de actas. La presencia de don Alfonso Sánchez García, con sólo tenerlo cerca era motivo de aprendizaje, sobre lo que en ese año aún desconocía: la microhistoria en la importancia del pueblo y sus sucesos cotidianos. Esa idea genial del historiador que fue don Luis González y González, quien al escribir su libro titulado Pueblo en vilo, abrió un extenso territorio para estudio de comunidades, pueblos o villas, con el fin de decir que es, en lugar específico, donde nacen los héroes de la patria.

Dar valor a los pueblos, es reconocer la importancia que tienen en nuestra historia patria. A esto se dedicó en cronista de Toluca en sus años de madurez, ello se nota en el libro que he estado revisando, leyendo con el gozo que propone de manera insistente Jorge Luis Borges. El texto lleva por nombre La educación en la Toluca del profesor “Mosquito”, trae un apartado llamado Hitos culturales en nuestra urbe, unas cuantas páginas donde se desarrolla la maestría del escritor. No olvidemos esto. El profesor Mosquito es un escritor de buena estampa para el bien de su pueblo de origen Calimaya, y de la ciudad que le albergó. En ellos se habla de manera sencilla y concreta de la ciudad. Me admira pensar y leer los textos, sobre todo prólogos a libros, del poeta Alí Chumacero, quien dejó vista y sabiduría en corrección y publicación de libros de diversos temas de la cultura humana en la mayor editorial del sector público de nuestro país: Fondo de Cultura Económica. Le gustaba sentirse un tipógrafo más que un poeta. Sus escritos elocuentes y sencillos son una joya de sabiduría. Lo son, también, los que se leen múltiples veces en el escritor argentino Jorge Luis Borges.

Por diversos caminos el poeta mexicano Alí Chumacero, el poeta y sabio argentino Jorge Luis Borges, y el toluqueño y mexicano Alfonso Sánchez García, logran esa capacidad de decir mucho con pocas palabras. Alcanzan nivel de maestría en su profesión, cosa que les agradecemos cada ocasión que leemos sus escritos de diversa certidumbre. En la parte II del libro, se lee: Alfonso Sánchez García decía que él no era historiador, que alguien le puso el mote y, bueno, no le desagradó, antes un trabajador de la rotativa en la ciudad de México le había puesto “Profesor Mosquito” y lo tomó tan bien que lo usaba como seudónimo para rubricar las notas que escribía, además, éste no le desagradó porque su primera profesión fue precisamente la de profesor luego fue la de periodista. Hay seres humanos que vienen con mayor talento e inteligencia, por ello, terminan como magister en diversas profesiones. Don Poncho lo es, como profesor, periodista, narrador, historiador, poeta y cronista.

En la lectura veo: Lo de “Mosquito era porque de vez en vez tiraba dardos envenenados de humor aplacando algún protervo para que no hiciera gala de tanta etiqueta teniendo tantas fallas en su vida pública, muy pocas veces llegó a meterse en la vida privada de alguien, si lo hacía firmaba con su nombre y no se escondía detrás de un alias; sin embargo, con el tiempo, seudónimo y nombre, se volvieron homónimos. Cierto, jamás en nuestras charlas llegó a salir algún motivo de chisme o mal rumor. En todo caso, las pláticas con él llevaban a anécdotas chuscas surgidas del afecto a las personas. Con sonrisas, me decía en alusión y cariño a la doctora Margarita Loera Chávez, que ella era la hormiga Atómica y él, el profesor Mosquito. Contando la incansable labor que Loera Chávez realizaba en la entidad la investigadora del INAH: a través de su participación como cronista de Calimaya y, en labores que por medio del Instituto Nacional de Antropología e Historia tuvo en la creación del Museo de Antropología e Historia del Centro Cultural  Mexiquense. Era cierto.

Vi como la doctora Loera Chávez, venía de un lado a otro, platicando con medio mundo para expresar su emoción en tareas que realizaba para el Gobierno del Estado de México. Esos años, en la década de los ochenta, fueron leyenda y creación de programas importantes para la entidad. Cito del preámbulo: Cuando Alfonso Sánchez García regresó a la ciudad de Toluca cargando en su equipaje únicamente el seudónimo de “Profesor Mosquito” y toda la experiencia adquirida tras haber practicado el periodismo en la ciudad de México, se dio cuenta de que muy pocos escribían acerca de la capital del estado, entonces se puso a hacer sus crónicas. Bienaventurado momento para nuestra identidad toluqueña. Dos personas inspiran en mí el amor a las letras: Don Poncho y el narrador y prosista impecable, Alejandro Ariceaga. Los dos son maestros que me siguen enseñando el amor a la ciudad y el amor a las letras. Crónicas, son los relatos y las novelas de Alejandro, magníficas para entender más allá de la sola tarea de hacer monografías, que el cronista es mucho más que un simple recopilador de datos de estadística o de búsqueda de personajes y sus pequeñas biografías. El cronista tiene mucho que ver con textos de importancia nacional como sucede con Federico Campbell y su libro Tijuanenses, al tratar el tema de una ciudad tan importante en el norte del país; con su configuración cultural: entre lo mexicano y lo estadounidense en la zona sur del país imperial. O la de leer y estudiar la obra que trata del barrio de Tepito en las letras del novelista y cronista Armando Ramírez con su libro: Chin chin el teporocho.

Cito del mismo preámbulo lo siguiente: En ocasiones, él mismo afirmaba que por nueve años estuvo haciendo la revista del Circo Atayde y que en una ocasión, andando de gira por el país vecino, conoció a una gringuita que le preguntó de dónde venía y al responderle la mujer dio inicio a una cátedra de historia del estado de México y de su capital. Avergonzado de no saber tanto como la primita del norte, se puso a trabajar leyendo todo lo que pudo sobre la entidad y su historia, y con el tiempo publicaría “Hitos culturales en nuestra urbe” (1929). De otro modo, no podríamos explicar el origen de este texto si no fuera por las circunstancias que él mismo comentara algún día. El hombre bueno, siempre es sincero al contar sus descubrimientos, la chispa que le ocasiona transformar su vida. Poco espacio para citarlo, esto dice en Hitos… A partir del año 800, Toluca fue uno de los emporios de la Cultura Matlatzinca. Su nombre proviene del Náhuatl, “Tolocan”, (lugar del dios Tolo) en virtud de que el emperador Azteca Axayácatl, conquistó la región en 1473 e impuso en todo el Valle Matlatzinca la cultura Nahoa. El 18 de marzo de 1521, mientras Hernán Cortés asediaba Tenochtitlan, Toluca fue conquistada y destruida por el capitán Gonzalo de Sandoval. Por esa razón al construirla se le dio el nombre de San José.

Un párrafo para decir lo que es inicio y olvido al mismo tiempo. La historia obliga a ir al estudio —para ser justos—, con los pobladores que en el pasado habitaron estas tierras. Se sabe que los aztecas en su paso por los lugares conquistados acostumbraban esconder logros de pueblos conquistados. Por esta razón, cuenta Ángel María Garibay, los otomíes huyeron a las alturas, con el único fin de no permitir que desapareciera su cultura, cosa que los aztecas habían logrado con los matlatzincas. Ese dominio sojuzgó y escondió aportaciones de Matlatzincas y Otomíes, su patrimonio que habían creado para este territorio de origen ancestral. Estos hechos, no deben ser olvidados, pues se convierten en obligada investigación y estudio, al darles al Valle de Toluca la importancia debida, que se da, por ejemplo, a Tenochtitlan y, sus lugares emblemáticos de cultura originaria en la capital del país. Tiempo de ser justos. Seguramente en los datos que aporta su Historia del Estado de México, nos ha de decir de la importancia de las culturas indígenas en este Valle de Toluca.