Huella de civilización

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Girar y girar en torno a nombres, para ir dilucidándolos y saber cuáles son los más persistentes por su antigüedad y la obra realizada en sus comunidades o centros ceremoniales. El Capítulo VII de texto de Alfonso Sánchez García, escrito en la década de los sesenta del siglo XX sigue resistiendo y aportando imágenes históricas que debemos tener en cuenta. El título dice El Horizonte Clásico en el Estado de México, la Gran Teotihuacan, son ciertas sus palabras, para la entidad ese lugar tiene todas las condiciones para presumirlas a nivel del planeta. Las palabras de don Poncho ayudan mucho: A la vista de las pirámides de Teotihuacan, cualquiera se ve tentado a imaginar historias de gigantes o superhombres. Los tlaxcaltecas le mostraron a Cortés unos huesos de mamut, encontrados cerca de las pirámides, para demostrar que las habían construido los “Quiname”, raza de Gargantúas de más de diez metros de alto. 

La versión no dejó de extrañar a los conquistadores, porque los totonacos también exigían para sus antecesores la paternidad de tan formidables obras. Aunque no especificaban si sus abuelos habían sido de talla normal o verdaderos gigantones. El milagroso Valle de México que mientras más se le estudia más son los restos arqueológicos que se encuentran por sus municipios que le forman. La magia del lugar no tiene freno en la imaginación de sus pobladores por aquellos tiempos. 

¿Tan grande como Pompeya se puede decir es la Ciudad de los Dioses de la cultura prehispánica que junto a Tenochtitlan conforman la dualidad que los españoles jamás podrán borrar de la Tierra. Escribe el cronista e historiador: Otros pueblos de filiación Cúlhua, entre ellos los aztecas, sólo pudieron contestar que ahí enterraban a sus muertos y que las edificaciones podían muy bien ser obra de Quetzalcóatl mismo o de los Toltecas. A los cronistas les pareció más razonable la versión Nahoa, máxime que las informaciones indígenas, en su mayor parte de origen Nahuatlato, exaltaban en grado superlativo el valor, el talento y las virtudes de su tronco tolteca.

Imposible dejar de investigar y saber de Teotihuacan, para tratar de comprender cuál fue el motivo de que en el Valle de Toluca, sobre todo en el municipio y ciudad de Toluca no aparecieran construcciones como las que después se han de señalar en Teotenango y Malinalco, por citar lo más cercano por su belleza y grandeza en relación a la capital mexiquense. ¿Será necesario escarbar más y más para saber de qué se cubrió en aquellos tiempos en que el territorio lacustre se significaba por su belleza en recursos de la naturaleza por su vegetación, agua y aves?… Cuenta don Poncho: Otra vez el doctor Gamio, vuelve a intervenir en un intento por desenredar la madeja y se topa con que algunas edificaciones corresponden a distintos ciclos históricos: Pero el doctor Linné y sus Vikingos, dejando a un lado las pirámides, van en busca de la ciudad y la encuentran en forma de enormes conjuntos habitacionales, ricos en vestigios arqueológicos, no sólo de cerámica y utensilios; sino de murales, pintados al fresco, tales inverosímiles, pozos tallados en la piedra viva, etcétera, etcétera. 

La localización de los contornos la terminó el doctor Armilla con su equipo, desenterrando palacios y zonas al parecer urbanas. ¿Y qué fue lo que aclararon las piedras, los huesos, la utilería? En síntesis se puede decir lo siguiente: 1º.- Que pirámides y edificios no los erigieron tribus de gigantes Quiname, sino hombres mesoamericanos, de talla normal y de acuerdo con las técnicas que sólo eran producto de una cultura muy elaborada. Fácil párrafo de leer, pero debe llevarnos a quiénes forjaron tales construcciones. Fueron esclavos de pueblos conquistados los que sufrieron para lograr construir pirámides de miradas eternas e inimaginables. ¿Había algo así en la España del siglo XV? ¿Qué construcción podía ocupar el territorio que por sus cuatro costados ocupaba la pirámide del Sol o las que por todos lados aparecía en una ciudad señorial?… 

Cronistas españoles, curas en particular, que tenían el tiempo para reflexionar con más calma y paciencia, que los aventureros que habían legado con ansia de riqueza y poder no tenían cualidades intelectuales, sino de armados señores dispuestos a la pelea. Sí, no cabe duda que aquellos tiempos el altiplano estaba lleno de preguntas y más preguntas, lo mismo venían de indígenas sorprendidos por los hombres de a caballo, que los conquistadores por tratar de comprender en qué continente o tierra nueva se encontraban. La India al final les quedó muy lejos y pocas veces el ser humano ha encontrado un territorio novísimo como éste, donde regadas por doquier había muestra de tales construcciones y formas de vivir que parecía imposible aferrar su presente y mucho menos el pasado.

En la cita que hace don Poncho, aparece 2º.- Que el pueblo teotihuacano hunde sus raíces étnicas en una subestructura perfectamente identificable. Krikeberg y Marquina, que representan una corriente de estudio, aceptan las migraciones de cuicuilquenses, pero remarcan la presencia del totonaca en las fases II y III, en tanto que Jiménez Moreno subraya la presencia de nahuas venidos de Chupícuaro y el Bajío, sin que descarte la posibilidad de contacto racial con los otomíes

Cuicuilco, totonacas, nahuas y otomíes: cuatro culturas que aparecen en los estudios de Mesoamérica y así al dejar huellas por el paso de territorios que han sido tierras de milagrería por cientos y cientos de años, nos dan los datos que ayudan a comprender mejor el nacimiento de este país. Muchos antes de que españoles con su voracidad por tener lo que no es suyo, llegaran el 12 de octubre de 1492 a encontrarse con la India, camino que urgía encontrar para tener sus riquezas, sin tener que ir por territorios feudales o de enemigos del poder político, económico y contrarios a la religión que Europa practicaba en su mayoría a través del catolicismo español y el cristianismo del Vaticano de los Papas. Contrastar a los continentes debería de ser prueba de una cultura sólida y juiciosa. En el segundo punto, don Poncho dice: Podemos inferir, con razón que Teotihuacan fue fundada por grupos autóctonos del altiplano y que las grandes construcciones empezaron a edificarse al principio del Horizonte Clásico, contando con la aportación técnica y manual de los pueblos de la costa del Golfo y de Occidente

Lectura del libro de Alfonso Sánchez García. En este texto sólo permite con juiciosa visión para atender el texto magnífico y obligado en su estudio del escritor René García Castro, cuyo título es Matlatzinca / Indios, territorio y poder en la provincia / La negociación del espacio político de los pueblos otomianos, siglos XV-XVII, publicado por El Colegio Mexiquense, CONACULTA, e INAH. Un libro emblema de las investigaciones sobre nuestro pasado que no puede ser hecho a un lado, cuando tratamos de buena fe y por pasión y cariño a la Toluca que durante varias etapas de su historia ha sido olvidada por motivos que debemos estudiar en ese largo peregrinar que significa ir en busca del pasado sin que nada ni nadie limite tal búsqueda. 

Los puntos a que llega el cronista son interesantes, por ejemplo el: 4º.- ha quedado también fuera de toda duda el hecho de que Teotihuacan se gobernaba por medio de un Régimen Teocrático. 5º.- En forma palmaria, la Arqueología ha puesto en evidencia que los rasgos culturales perturbados por la tecnología y la cerámica indican una constante e inevitable interrelación de las que se ha dado en llamar culturas matrices, es decir: Maya-quiché, Olmeca y Teotihuacana. Cerámica Teotihuacana muy característica en especial la llamada Cáscara de huevo, se ha encontrado en regiones tan disímbolas como Sinaloa y Zacatecas, Kaminaljuyú y Monte Albán, Tajín y Calixtlahuaca, a cuya pirámide circular García Payón confiere un estrato específicamente teotihuacano. Descubrir la Verdad, y tras ella, es la mejor y más buena acción que puede el hombre, cuando tiene noble corazón y no oscuro en el que oscilan otros intereses, aviesos y negativos para él y sus conciudadanos.