INSOMNIO

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Fin de semana, inicio de semana, entre semana.

Agua sin vaso, o caña sin refresco.

Y tus saludos son esa sonrisa empapada y perfumada.

Agitarlo antes de usar.

Me está borrando de a pocos.

Estás volteando la página a cámara lenta.

Mientras distraes la atención.

Para que no vea el truco.

Esa soportabilidad a prueba de cohetes.

Para esperar el momento.

Y no morder al final como cierta estocada.

Todos los avisos.

Todos los tonos.

Todas las señales.

Como ese soldado que está esperando que le disparen primero.

Pasar a la clandestinidad.

Sin agendar el plan.

Simplemente proceder.

Esa famosa libertad que dicen tienen las libretas secretas.

Los renglones torcidos y derechos.

Y yo sigo robando voces.

Para abrigarme.

Para llenar un poco el cuarto.

Para que me abracen para dormir.

Porque ahora los lujos desorbitados.

Y palaciegos.

Donde sólo quiero dormir y dormir devotamente.

Entregado, sin parpadear, hasta el mayor fondo.

Comer y comer, poco o mucho, me guste o no lo que esté.

En el plato, sin horarios, pero comer, comer.

Comer para dormir, como si fueran pastillas.

Para poner una tonelada a cada párpado.

Y blanquear esos pensamientos.

Esas imágenes gastadas.

Renovación del repertorio.

Los hits, los milagros, lo inaudito.

Para poder seguir el camino.

Ese que no necesita.

Ponerse los zapatos.

Y si no hay pasadores mejor.

Saber que son solo zapatos en una sola dirección.

Y recoger al hermano que llega de muy lejos.

En el puerto, en el paradero.

En el aeropuerto.

Ya tocaba.

Salir a las calles.

Volver a la calle.

A la cancha.

Evitar caminar por la pista contra el tráfico.

Lo sé.

Que yo me bajo aquí.

Sin que nadie me espere y viceversa.

Como el cóctel de la perfección.

De ese jarabe.

Y me meto en la cama, ilusionado.

En dormir, dormir.