José María Morelos y Pavón
En las lecturas que hago, del libro Letras Hispanoamericanas en la época de la Independencia, publicado por SEP/UNAM, en ciudad de México, encuentro la siguiente referencia: Morelos nació el 30 de septiembre de 1765 en Valladolid (hoy Morelia), Michoacán. Sus primeras actividades fueron las de campesino y arriero. En 1790, ingresó en el Colegio de San Nicolás, del que era rector don Miguel Hidalgo; en 1795 concluyó su carrera sacerdotal. Es decir, a los 30 años alcanzó esta profesión que tenían que seguir aquellos que no eran privilegiados como para asistir a la Real y Pontificia Universidad en Ciudad de México. Igual que Benito Juárez tuvo que aceptar el camino que muchos hombres tenían como escapatoria para tener un trabajo del cual vivir. Por eso se dice, que era común que los curas tuvieran relaciones con una pareja y que de ello vinieran los hijos. Pues la carrera del curato convivía con la vida laica de manera escondida o al abierto.
Recordemos que la pérdida de su rectorado en el Colegio de San Nicolás en la entonces ciudad de Valladolid, por parte de don Miguel Hidalgo y Costilla vino de sus enemigos y de las almas puritanas que no podían aceptar que este cura fuera tan profano en sus relaciones fuera de la iglesia y del propio Colegio. Se unieron todos aquellos que odiaban la inteligencia de El Zorro como le dicen desde muy joven a Miguel Hidalgo. Cura con vida tan prosaica y liberal no es buen ejemplo para la juventud y la feligresía. Por eso Hidalgo tuvo que partir a los diversos curatos donde el Obispo San Miguel, que decían le quería y apreciaba su talento e inteligencia, y que al final al arreciar las críticas y censuras por su comportamiento, que fue necesario poner tierra de por medio entre Hidalgo y sus enemigos que eran muchos y de todo tipo.
Por su parte, a los 30 años, José María Morelos es ya un cura como uno de tantos en la Nueva España. Por medio de la religión se mantiene en orden a la juventud. Se le aplicaba la camisa de fuerza que dice nada fuera de la religión, todo dentro de ella y sus estrictas reglas de respeto al Alto Clero y al Rey, o Virrey en este caso. Nada que ver con Dios y sus preceptos. Nada que ver con una iglesia dedicada a los pobres, como lo enseñó Jesús en su diario trajinar en aquellas tierras del Medio Oriente. En el texto titulado José María Morelos y Pavón / Biografías de Grandes Mexicanos, editado por EMU, Editores Mexicanos Unidos; leo lo siguiente: Exorcicé solemnemente, puse óleo, bauticé y puse crisma, a un infante que nació el día 30 de septiembre, hijo legítimo de Manuel Morelos y Juana Pavón. Es la fe de bautismo de José María Morelos y Pavón, del día 4 de octubre de 1765, documento que en aquellos tiempos daba legitimidad a todo habitante de la Nueva España. La Fe de Bautizo era el documento más importante para decir cuándo se había nacido, de dónde era uno, y si no era hijo de padres casados, o hijo natural nacido de padres no matrimoniados, con lo cual, igual que sucedió con Sor Juana Inés de la Cruz, les hace andar por la vida a los hijos con un pecado que ellos no cometieron. Por suerte José María tuvo en sus padres una situación normal para andar por la vida reconocido en toda la regla por la Iglesia, poder omnímodo que decía, como lo insisto, en la legitimadora durante los tres siglos que la Colonia ejerció sobre la Nueva España y muchos territorios más allá del centro y el sur de América.
Dice el autor del libro que refiero: Doña Juana María se casó con un joven que apenas tenía 18 años, siendo ella misma casi una niña, lo que era común en la época. Desgraciadamente, su matrimonio fue un desastre, pues el carácter de su marido era muy parecido al de su padre, al igual que sus vicios, aunque se diferenciaban en la devoción que siempre mostró el progenitor de Juana hacia su hija. Ese horrible defecto del machismo más el vicio era y sigue siendo en la vida de muchas mujeres el sacrificio que deben hacer para estar casadas y dominadas por su pareja. No era raro ello, en un país donde los hombres eran voz de mando y la mujer sólo un ser sojuzgado a las reglas escritas y no escritas que ponían a la misma sin ningún derecho tal y como sucedía en la Europa avanzada e imperialista del siglo XVIII.
Un solo párrafo nos cuenta de la infancia y adolescencia de los tres hermanos: Nicolás, nacido el 13 de marzo de 1763; luego José María, el 30 de septiembre de 1765, y finalmente María Antonieta en 1774, tal y como nos cuenta Francisco Javier Luna. Cinco seres que forman una familia de las tantas que viven en Valladolid, parece increíble que los seres humanos no seamos capaces de caminar por la senda del trabajo y la disciplina. La pobreza en que vivió Morelos seguramente le hizo rebelde para aceptar que infancia era destino y a él y sus hermanos no les queda otra, como hubiera sucedido con la madre si no es que sale tan luchona y protectora de sus hijos.
Un solo párrafo del libro de Francisco Javier nos dice todo: La vida del matrimonio estuvo llena de sinsabores. Su primer hogar fue una casita de barrio de san Agustín, en Valladolid, propiedad de doña Juana, sin duda la única dote que su padre le pudo proporcionar como herencia, además de enseñarle a leer y contar. Uno piensa en la vida de niño y adolescente que tuvo Vladimir Ilich Lenin, que en sus recuerdos y de lo que se sabe, fue la madre, mujer de cultura, quién enseñó el amor por las letras y la observación de las cosas que se suceden día con día. ¿Cómo fue posible que don José María Morelos, quien es un gigante, haya llegado a ser el personaje que fue? Si al leer sus primeros años nos aparece el terrible mal de cientos de miles de familias que desde la Colonias y ahora en la vida independiente de México, siguen siendo calca del atraso de un país que debería de estar al nivel de Canadá o los Estados Unidos. No es así, leo: La pobreza del hogar se fue convirtiendo en miseria, mientras el marido, derrochaba los escasos bienes en alcohol y juego. Finalmente, la misma casa tuvo que ser vendida. Mientras el precario ingreso del jefe de familia —que tenía el oficio de carpintero— no alcanzaba para cubrir las necesidades del hogar, doña Juana buscaba aportar algo, probablemente ejerciendo como ama de llaves de alguna familia rica de la ciudad. La infancia de nuestros grandes hombres y mujeres es muchas veces tan dolorosa, que no se puede menos que preguntar de dónde les vino voluntad y fuerza para salir adelante —y poder así—, convertirse en personajes de historia de un país o del mundo.
Hidalgo y Morelos, infancia bien diferente entre uno y otro. Diversa infancia de Pedro Ascencio de Alquisiras, se parece más a la de Morelos, por ello tienen una conciencia que se arraiga en raíces del pueblo, al que conocen, porque ellos sufrieron lo mismo una y otra vez, como azotes que da la vida sin parar, contra aquellos, los hijos, que no tienen culpa alguna. De los padres sólo la madre, tesonera y laboriosa fue ejemplo de vida para nuestro héroe. Cuenta el autor de su biografía: … Ella fue la gran figura a cuya sombra creció y finalmente dio frutos su joven retoño José María Morelos y Pavón. Más como el arbusto que crece en las laderas desnudas y duras, tuvieron que pasar muchos años para llegar a ver los frutos. Todo refleja que la infancia fue una pesadilla en el llamado hogar. Su hermano que se fue con el padre desapareció, la hermana que le acompañará y que es quien sepulta a la madre en 1799. Es decir, más familia disfuncional no pudo tener José María en sus pocos años de irse labrando como futuro prócer de la patria. Su madre le enseñó el orgullo, y éste fue lo que tuvo cuando estuvo en las manos de sus asesinos, sin pedir misericordia.

