+Julio Cortázar sin barba ni melena, Onetti sin su segunda esposa, la tímida sonrisa de Roa Bastos, García Márquez con toga y birrete; Sara Facio los retrató, hoy un recuerdo a la gran fotógrafa; 6 del gabinete

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La frase:

No hace falta recurrir a trucos para hacer fotos… No tienes que hacer posar a nadie ante la cámara. Las fotos están ahí, esperando que las hagas. La verdad es la mejor fotografía, la mejor propaganda.

ROBERT CAPA

SEIS DEL GABINETE: Marcelo Ebrard, secretario de Economía; Juan Ramón de la Fuente, canciller; Alicia Bárcena, Medio Ambiente; Rosaura Ruiz, en nueva secretaria; Julio Berdegué Sacristán, secretario de Cultura y Ernestina Godoy Ramos titular de la consejería Jurídica.

De los nombres que di la semana pasada, acerté con Juan Ramón de la Fuente, con Marcelo Ebrard, y con Rosaura Gutiérrez Ruiz, aunque no en la Secretaría de Educación sino en una nueva creación.

Cerró su luz el último flash.- Así, con la velocidad del instante en que se prende al mismo tiempo este foquito, deja de dar ese haz de luz. Así fue la vida que tuvo una gran mujer, Sara Facio que a muchos de los lectores quizá no les dirá nada este nombre: Sara Facio. Fotógrafa argentina, quien dejó este mundo, el martes 18 de este mes de junio.

Sara Facio a través de la lente de Julie Weisz

Tuvo la enorme dicha y virtud de fotografiar a la mayoría de los escritores de trascendencia de este continente, desde sus inicios hasta su consolidación como grandes figuras de las letras. A ella la designé como la dama que le dio un rostro a la Literatura Latinoamericana.

Dio a conocer a Julio Cortázar, sin barba ni el cabello tan largo, con su inseparable cigarrillo en la comisura de los labios, misma que sirvió a la editorial Alfaguara para ser portada cuando dejó este mundo, su mundo, para sus Cuentos Completos, en tres tomos.

Retrató con gran maestría, en sus tiempos de lucidez, sin creerse que sería tan famoso, más allá de Uruguay, a Juan Carlos Onetti, sin su segunda esposa Dorothea Muhr, la que controlaba sus deseos de conceder o no entrevistas y que defendía por unanimidad a la población de Toluca, a los reporteros o al único que se atrevía a realizar ese diálogo, por la sencilla razón de que su mejor amigo trabajaba como violista en la Orquesta Sinfónica del Estado de México.

 

Augusto Roa Bastos apareció con su figura menuda, bajito, aunque fornido sin llegar a obeso, con su esbozo de sonrisa tímida y de no creerse que sería el mejor novelista de Paraguay. Inolvidable su novela Yo el supremo.

A Gabriel García Márquez lo retrató en los Estados Unidos, lo siguió hasta allá meses después de que publicara su novela cumbre Cien años de soledad, 1967, cuando le otorgaron un Doctorado Honoris Causa. Posa con toga y birrete, haciendo muecas de excesiva felicidad, cuando era el nerviosismo de estar allá, a pesar de que se proclamó siempre como un hombre de izquierda, le siguió el juego de ese doctorado para realizar ese reportaje.

 

Autorretrato, al hacer un recuento de su obra.

Miguel Ángel Asturias, con su rostro de piedra sin dejar ver una sonrisa, sino con un rasgo de enojo y furia a pesar de haber logrado el Premio Nobel de Literatura en 1967 después del asombro que causó Cien años de soledad. Quizá obtener este reconocimiento fue para darle un poco de sombra al colombiano.

 

Guillermo Cabrera Infante, el de Tres tristes tigres, cubanísimo, aunque para entonces ya era súbdito de la Reina Isabel desde 1968, es decir radicó en Londres desde ese año hasta su fallecimiento. Lo retrata en su casa junto a su segunda esposa Miriam Gómez, de profesión actriz, cubana también, a ella debe uno caerle bien para que se dé la entrevista. Lo bueno es que cuando vino a México ella no lo acompañó y así, lo entrevisté, sin tener que pasar ese valladar.

Todas estas imágenes sirvieron para un libro de entrevistas de la argentina Rita Guibert, titulado 7 voces, publicado por la Editorial Novaro, cuando le dio por incursionar en el aspecto literario y publicarlo en 1974; amplias entrevistas a Pablo Neruda, en su isla negra, junto con Matilde, su esposa, mismo que derivó en un libro de lujo: Geografía de Pablo Neruda, firmado por Sara Facio y Alicia D’Amico. Este dueto que hizo y deshizo en el mundo literario. Aparecieron también Jorge Luis Borges, Miguel Ángel Asturias, Octavio Paz, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Guillermo Cabrera Infante.

 

Sara Facio nació en San Isidro, Argentina en 1932. Cultivó con gran fortuna la realización de retratos, close up, para mirar con agudeza el rostro de los creadores, ya sea con cámara fija, o bien con cámaras que siempre colgaban de su cuello, para retratar y mirar lo que nadie mira. Junto con Cortázar al que invitaron ella y Alicia D’Amico para recorrer el manicomio y que el gran cronopio realizara los textos para que, gracias a su imaginación, tratara de mirar más allá de una simple evasión de una realidad en la que aparecen, como resultado de un click de la cámara, ellas no atrapan la personalidad, pero Cortázar sí. Buenos Aires, Buenos Aires, 1968. Es el título del libro que publicaron.

No sólo retrataron con su lente mágico a lo mejor del mundo argentino, sobre todo en la rama de la cultura, sino que del mundo en general, dos continentes: América y Europa.

Fue obsesiva con las imágenes de Buenos Aires: la ciudad, la Avenida 9 de Julio, la Avenida Mayo, los barrios a los que barrieron con un despliegue técnico que no sólo evocaba a una ciudad sino que provocaba en el mirador, un amor por aquel sitio y las ganas infinitas de conocerlo y comprobar esa belleza captada.

Nos conocimos a raíz del Primer Congreso Internacional de Fotografía, 1975 en el mes de agosto. Tuvo como sede la Sala Jaime Torres Bodet del Museo Nacional de Antropología.

Una muestra de lo que realizó con Pablo Neruda y Salvador Allende.

Con una serie de ponencias de todos los fotógrafos trascendentales que asistieron y que, obviamente, eran respaldados por una obra consolidada. Ahí busqué entre un mar de gente experta y simples asistentes a Sara Facio, con quien conversé ampliamente sobre la trascendencia del retrato, sin poses, de los mejores autores latinoamericanos, que por vez primera, no imponían su ángulo, sino que se mostraron de manera natural, estilo que causó impacto entre los que fueron captados.

Esa misma sencillez, que encerraba también una timidez y un temor inmenso por la entrevista y la pregunta persistente ¿Por qué yo? Por la trascendencia de su trabajo le respondí. Ampliamos el diálogo comentando las imágenes sobre ese magnífico libro Geografía de Pablo Neruda, 1973. Lo que hago. Desde su casa en Isla Negra, en Chile, en donde se mostraba al natural como si ellas no estuvieran allá. Así se lo hice saber para que se pudiera dar este intercambio de preguntas y respuestas. A raíz de su trabajo, junto con su compañera, se le dio seriedad a la imagen y se comenzaron a publicar fotos en las cuartas de forros de cada novela que publicaban o en la primera solapa junto con el crédito correspondiente.

Así conocí los orígenes de esta actividad, su actividad,  que tuvo que estudiar en las universidades de  su país y no como acá, en la improvisación total de todo y por todo, sólo que algunos le dieron lustre a esa improvisación y la llevaron a alturas insospechadas.

Hay que resaltar que no sólo ellas vinieron en ese año mágico, sino que nuestro país se convirtió sin estar consciente de la trascendencia, en el sitio de la reunión de los mejores talentos.

Recuerdo finalmente, una frase simple que resume todo lo que cualquier ser sencillo, como Sara, que encierra una sabiduría infinita advierte: Lo que hago yo en fotografía, es para lograr que el día que me muera no digan que se murió una vaca sino que se murió una persona que vio eso. Y lo que yo vi está en mis fotos. Como si dijera: Esta es mi ciudad, mi gente, la que admiro, la que me gusta. Ése es mi canon.

Salud Sara Facio, un ser de trascendencia que guardó su sencillez hasta el final, pronto nos encontraremos para continuar con este diálogo.