La Bruja

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Patrimonio de la Humanidad, la festividad del Día de Muertos en nuestro país México, es apreciada como diversidad cultural por el mundo entero por representar                           –paradójicamente–  el patrimonio vivo de una nación. Este año, las cosas se tornaron un poco diferentes, se respetó lo intangible al presenciar por internet la mayoría de celebraciones culturales referentes a esta fecha: ofrendas virtuales, visita a los cementerios vía remota, obras teatrales tradicionales vía streaming e inclusive, degustación de la gastronomía propia de la región, dulces de alfeñique por video y con sano distanciamiento social en la venta al público.

Ahorro en maquillajes y caracterizaciones, mismos que fueron opacados por el cubrebocas, en ocasiones más macabros que la misma iconografía de la calavera. En fin, un año distinto, excepto por un detalle, el número de ocasiones en que se entona un tema ya característico que acompaña a la indumentaria de catrin@s, se trata del son jarocho llamado La Bruja, la imagen de la mujer y su imagen sobrenatural en el imaginario  y sí, es ese que a la letra dice

¡Ay! qué bonito es volar a las dos de la mañana/A las dos de la mañana ¡ay! que bonito es volar, ¡Ay mamá!/Subir y dejarse caer en los brazos de una dama,/En los brazos de una dama, ¡ay! qué bonito es volar ¡Ay mamá!

Son jarocho llamado inusual por el ritmo empleado, un poco distorsionado en su tiempo de 2/4 3/4, se piensa que su origen fue en la región de Sotavento en Catemaco en Veracruz, es altamente melódico y detalla cierta sensación de miedo proveniente de la oscuridad de las zonas rurales donde se esparcen historias y leyendas de demonios y brujas que toman posesión de los habitantes desprotegidos en plena noche. Cuentan que este son jarocho ha sufrido infinidad de transformaciones sin perder identidad, que la historia es muy vieja, que ya era conocida por marineros españoles y de otros tantos soldados, campesinos y arrieros que fueron contribuyendo con sus testimonios al poder de la canción, poder de embrujo en melodía triste que al mismo tiempo celebra las raíces y hace gala de la sensualidad de los instrumentos, jaranas, violines, arpas, requintos y de la tarima, pues la danza que lo acompaña puede ser zapateada y ejecutada con una veladora o botella de cerveza en la cabeza de los bailarines aduciendo al acto de magia que se presenta al evitar la caída de dichos objetos al piso, lo cual provocaría un estruendoso accidente.

Sin embargo, últimos estudios afirman que La Bruja trata de otros temas más candentes, de sombras que se entrelazan en la oscuridad a la que tanto le temen los vivos.