LA COMUNICACIÓN EN FAMILIA: UN RETO SIN IGUAL

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Como conferencista, hablo con todo tipo de personas y en todo tipo de lugares y por supuesto una gran variedad de temas y asuntos relacionados con los valores personales, familiares y sociales y, al pasar los años, habiendo acumulado ya cierta experiencia en temas como la comunicación, he comprendido que, la comunicación más complicada, atrofiada y mal lograda, es la comunicación en familia.

El H. Ayuntamiento de Bilbao en su artículo editorial “La comunicación familiar” compartió lo siguiente:

“Si el diálogo es importante en la relación entre las personas, lo es más en el ámbito familiar. A través de la comunicación establecemos contacto con las personas, transmitimos nuestros pensamientos y sentimientos. En este sentido, todos, por muy distintos que seamos, queremos ser escuchados, comprendidos y tenidos en cuenta.

Una buena comunicación es la clave para mantener buenas relaciones en el interior de la familia y para la formación de los/las hijos/as. En este sentido, los padres y las madres que se comunican adecuadamente con sus hijos/as les ofrecen autoconfianza y aprendizaje a medio y largo plazo al igual que favorecen que realicen relaciones interpersonales sanas.”.

Mire usted, probablemente ha preguntado en algún momento de su vida lo siguiente: ¿por qué no logro comunicarme con mi familia? ¿Qué hago para que mi cónyuge me entienda? ¿Cómo le explico a mi hijo (a) para que no se sienta ofendido? ¿Cómo puedo ser parte de su mundo?

No piense ni por un segundo, que un servidor no se ha visto en tal encrucijada. La falta de una correcta comunicación entre los miembros de una familia es altamente nociva para la salud de esta, pero para saber comunicarnos con la familia, primero debemos comprender el grado de importancia que representa en el bienestar y buen desarrollo de cada miembro en particular y finalmente del conjunto.

Pues bien, aquí estamos, es un martes por la mañana y en un cuadro típico normal, papá y mamá se levantan muy temprano preparándose para iniciar las actividades del día, ambos trabajan de manera que, lo que tengan que hacer o decirse uno al otro debe suceder entre la regadera y la cepillada de dientes, poniéndose los pantalones entre gritos de ¡ya levántense! ¡Corran, que se hace tarde! Y probablemente si lograron un buen tiempo en la fase uno, entre la leche y el huevo se recuerdan un par de pendientes.

Normalmente entre la fase uno de la levantada y la dos del desayuno, los hijos no dicen nada, tan solo se concretan de tan dormidos que están aún, en emitir un par de gruñidos y probablemente un par de quejas, pero no más.

Este fue por su puesto, el buen panorama. El otro sería sin desayuno, sin buenos días familia y todos corriendo por la casa desesperados por que el despertador de mamá no sonó y se quedaron dormidos, en tal caso, todo lo demás será ¡caos!

El tercer caso es el que vivimos actualmente, por la pandemia, los hijos al no ir fisicamente a la escuela, cambian por completo el orden de las cosas.

Bueno, imaginen que ese fue tan sólo el escenario de la mañana, como siempre, a ese día le quedan muchas horas por delante. El trabajo, la escuela, las tareas, la falta de actividad social actual, provoca que nos adentremos a una fase de encierro en todos los sentidos, es decir inclusive con nosotros mismos. Esto es todos los días.

Así están las cosas, ¿no se ve nada bien verdad? El tema aquí no es la actividad tan demandante de cada familia, sin importar la ocupación de cada una, el verdadero asunto es que, sin darnos cuenta, permitimos que toda esa actividad, aunada a los problemas por resolver y a la actividad por llegar nos aparte del centro de nuestro equilibrio, del motivo de nuestro esfuerzo, del origen de todo ¡la familia!

-Y que le vamos a hacer- dirán algunos,  -así es la vida-. Pensando en equilibrio, es precisamente la familia el centro de este. Como seres humanos, el lugar donde hablando de hábitos y valores adquirimos lo mejor de la vida, es la familia, es ahí donde aprendimos a trabajar en equipo, donde encontramos descanso verdadero, donde mejor reímos o lloramos, el lugar que guarda nuestros secretos y ve nacer los más profundos anhelos.

Es por esto por lo que, una sana comunicación en familia es tan relevante, si permitimos que esa comunicación, que además desarrolla cada uno de nuestros sentidos, se fracture, estaremos arrojando a la sociedad individuos inestables y faltos de paz.

Esposo, aprende a ver en tu esposa, la mejor receptora de cada uno de tus momentos, sean estos buenos o malos, si alguien en esta vida te conoce es ella y merece todo tu amor y respeto por ello. Mujeres aprendan a hablar con sus esposos, permitan que puedan ver en ustedes su fortaleza, su decisión por salir adelante y vencer todo obstáculo de frente.

Padres busquen la forma de ganar la atención de sus hijos. Sin darnos cuenta, las redes sociales, nos han ganado terreno, pero padres, siempre encontramos la forma de ganar terreno en todo lo demás, en el trabajo, con los amigos, en los deportes, entonces; porque no con los hijos, ellos son nuestro mejor proyecto, en quienes debemos trascender lo mejor de nosotros mismos.

Hijos, en ciertas ocasiones, nos llenamos de tantos asuntos, que perdemos de vista las cosas verdaderamente importantes, ser padres no es tarea fácil, pero buscamos ser los mejores para ustedes, permítanos acercarnos con amor y darles lo mejor de nuestros corazones, yo se que probablemente en ciertas cosas ya no estemos a la moda o hablemos lenguajes diferentes, pero el lenguaje importante, el verdadero esta en nuestros corazones listo para dárselos sin medida alguna, tanto amor como podamos.

Comunicarnos en familia, es el verdadero reto, tener la capacidad de hacer del poco tiempo que nos queda cada día, el mejor momento, cada miembro de la familia es importante y si el amor se vuelve el eje de nuestras vidas entonces, nada, absolutamente nada podrá separarnos jamás.

La familia tiene que disponer de canales de comunicación limpios, sin ruidos ni interferencias que malogren la comunicación y, por lo tanto, la salud del grupo familiar.

Muchas gracias.