La conciencia
Se abre un ojo a la vida social
cuando la víctima se hace tal;
el daño llega, arrasa, únicamente
la tranquilidad permite ver
lo perdido, el trastorno, el mal.
De lejos, el agravio no cuenta
de cerca, el agradecimiento será
lo único inmanente, anécdota
de tiempos pasados, testimonio,
exilios que deben ser, no más.
Lo que sé, lo que vi, lo que dije
fue todo cuanto, acta firmada,
con la Libertad de tránsito en la bolsa,
y el bolsillo sangrando, –disculpe usted– ,
trámites aletargados, órdenes, desacatos.
El ciudadano común no tiene bando,
están los poderosos por un lado,
y los dados de la suerte volando.
Nunca quise pasar por moneda de cambio,
despreciaba las fortunas de los más aptos,
pero ahora que nada, nada tengo asegurado
reconozco que el superávit es lo único que salva
del hambre, el oprobio del pueblo engañado.

