La cultura, la civilización, no vacuna contra el populismo: Mario Vargas Llosa

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Segunda y última parte

La chismografía a mis 80 años. Cumplir 80 años es bastante trágico para cualquier persona y lo que he visto es que, en los muy cariñosos homenajes que me hacen por mis 80 años, cada vez que mencionan que los tengo, la gente aplaude, no sé por qué lo hace, es lo cosa más triste del mundo, mejor darme el pésame, cumplir 80 años.

Y es que Jorge Mario Pedro Vargas LlosaMarqués de Vargas llosa cumplirá años el próximo día 28, llega ya a los 85. Cinco más que cuando se hizo la entrevista.

Usted que denuncia todos los autoritarismos podemos decir en América Latina, a partir del 20 de enero, en Estados Unidos, vamos a ver el nacimiento de un nuevo totalitarismo.

Dices por la sucesión de Trump. No es totalitarismo, ha ganado las elecciones democráticamente, de acuerdo que nos parece tristísimo a muchísimos que un país como Estados Unidos, donde se supone que hay gente educada, bien informada, vaya votar por un demagogo inculto como es el señor Donald Trump o sí, es una cosa tristísima.

Es una demostración más de que la cultura, la civilización, no vacuna a una sociedad contra el populismo, contra la demagogia; Alemania era el país más culto de Europa cuando estuvo Hitler, era el país más culto, era un país extraordinariamente culto y sin embargo, los alemanes, en un principio fue la primer elección que gana Hitler con el 30 por ciento, pero en poco tiempo hay una inmensa mayoría de la sociedad alemana que se ha tragado los embustes de un demagogo.

Creo que tenemos en Estados Unidos, en ese caso, hay que preocuparse muchísimo, porque los efectos siendo ellos el país más importante del mundo, los efectos van a revertir de la demagogia y del populismo, van a revertir no sólo en la población norteamericana, sino en el resto del mundo.

Hay que desear que los mecanismos de control que tiene una sociedad democrática, como la norteamericana, controlen suficientemente al presidente de la República para que no produzca los estragos que él promete hacer desde el poder, el Congreso, la Corte Suprema que tiene una importancia extraordinaria en Estados Unidos, hay muchos mecanismos de control, pero al mismo tiempo hay que recordar que él ha ganado las elecciones contra toda la prensa norteamericana, prácticamente toda la clase pensante, la clase que hace funcionar al país desde el punto de vista intelectual, industrial, económico estaba contra él.

Que así lo llevamos a esa masa más bien desinformada, de racista, prejuiciosa que era mucho más grande de lo que podíamos imaginarlo que lo ha llevado al poder y Trump puede sentirse, seguramente, ensoberbecido con ese triunfo y actuar como un caudillo imponerse y tratar de sacar adelante su programa.

Si es así, creo que sería realmente trágico para ese país y para el mundo.

Indudablemente entre otros peligros de una confrontación mundial, si hace los disparates que dice, puede llegar a ocurrir. Creo que hay que estar preparados para lo peor.

Cuál es la pregunta que nunca le hacen en una entrevista y que a usted le encantaría responder, nadie le está preguntando esto, yo quiero hablar de esto, ¿puede imaginarse y contestar?  

Soy sobre todo un escritor, la actividad primordial de mi vida es la literatura y me gustaría responder preguntas que tienen que ver con la actividad primordial mía que es escribir, no suele ocurrir así.

Generalmente las preguntas suelen ser políticas, sobre todo derivadas, no me parecen mal, no tengo inconveniente en responder esas preguntas políticas, participo en el debate político.

Muchas veces tengo la impresión de que la idea que dan de mí esas conferencias de prensa es de algún político y no lo soy, soy una persona que opina de política, que defiende ciertas cosas, que critica otras, pero soy fundamentalmente un escritor.

Me dedico a la literatura la mayor parte de mi tiempo, de mi energía y la literatura no suele ser nunca el tema primordial de la conferencia de prensa, ni de las entrevistas

A lo largo de su obra ha reflexionado sobre todo acerca del poder y de las dictaduras, incluso tenemos la impresión de que Cinco Esquinas termina siendo una reflexión sobre el uso del poder, pero frente a lo que acaba de suceder en Cuba, le preguntaría ¿no ha imaginado escribir la novela sobre Cuba, sobre la dictadura?

Cuba tiene muy buenos novelistas, hay una tradición de excelentes de novelistas, estoy seguro que habrá muchas novelas cubanas sobre lo que ha significado, lo que significó la experiencia de la revolución.

Creo que haciendo el balance es una experiencia trágica que ha costado a Cuba muchos más sufrimientos de los que hubiera padecido si no hubiera vivido la experiencia de la revolución.

Espero que eso resulte una enseñanza no sólo para Cuba, sino para toda América Latina, el efecto de la revolución cubana para América Latina fue inmenso, fue realmente gigantesco.

La historia de América Latina en los últimos 50 años no hubiera sido la misma sin la Revolución Cubana, prácticamente en todos los países de América Latina se intentó reproducir la experiencia y eso ha tenido un saldo trágico, un saldo absolutamente trágico, un primer momento fortaleció las dictaduras militares que parecía la mejor defensa, contra el sueño utópico de reproducir la historia de los barbudos.

Así que digamos, mi impresión es que lo que fue la ilusión de esta Revolución, desapareció ya hace muchísimo tiempo, salvo en núcleos pequeños, que afortunadamente en América Latina más bien la tendencia que prevalece es la de la democracia, han desaparecido las dictaduras militares, con excepción de Venezuela hoy en día.

Prácticamente lo que tenemos son gobiernos civiles nacidos de elecciones, democracias eficientes, corruptivas en muchos casos, pero eso es preferible a lo que es el pasado latinoamericano de las dictaduras militares, corrompidas, que nos mantuvieron en el atraso en su desarrollo.

Creo que hoy en día los grandes consensos en América Latina están a favor de la democracia, a favor de gobiernos civiles nacidos de elecciones, que el sueño utópico de la sociedad perfecta, de la sociedad comunista, prácticamente se ha extinguido y lo que queremos son democracias menos corrompidas, más eficientes.

Creo que el grueso de los latinoamericanos ha entendido finalmente que por ahí es donde se llega a derrotar a la pobreza, a derrotar al subdesarrollo y hacer progresar la justicia.

Es una buena cosa para América Latina y pienso que es trágico que en estos momentos, justamente Estados Unidos pueda convertirse en  una democracia populista, de la que vengan sólo malos ejemplos para el resto de América Latina.

¿Cómo se sintió transitando por el terreno de la literatura erótica, la novela y qué tanto de su propia experiencia como periodista sacó para hacer el Mundo de destapes?

Esa revista es inventada, no existe como tal, lo que existe es el género que representa esa revista y esta revista está presente. Estoy seguro, en todos los países de América Latina con algunas variantes y en los países del primer mundo.

Varía en algunos casos de cierta forma, pero son publicaciones fundamentalmente chismográficas, que lo que quieren es mostrar, porque hay un público que espera ese tipo de  información, lo que es la intimidad de las personas más o menos públicas. Mientras más se escarbe en el mundo morboso, mejor, porque eso es mucho más atractivo, más interesantes.

Ahora hay una prensa que se dedica fundamentalmente a desacreditar a las personas, porque el descrédito atrae a muchísima gente; gente que parece intocable, modélicas y de pronto son denunciadas como pervertidos.

Hay muchísima gente interesada, le divierte eso, entonces hay un periodismo que alimenta y es un periodismo que, por desgracia, es rico, porque hay publicaciones que tienen una extraordinaria difusión gracias a que cultivan ese género. El problema no es periodismo menos cultural, tenemos una cultura en nuestro tiempo que nos induce cada vez más en esa dirección.

La cultura se ha vuelto un entretenimiento de altísimo nivel, pero había ciertas normas, ciertos valores de tipo ético que ponían freno, eso ha desaparecido en nuestros días, entonces uno tiene la impresión que todo vale, en el mundo del periodismo en nuestro tiempo, todo vale, y ya no hay valores, no hay límites y así van las cosas y no saben a dónde lo van a llevar.

¿Le parece que la sociedad no aprende de lo que la historia nos dice, habló de la  Alemania nazi; ahora tenemos una tradición de conflictos políticos en América Latina, pareciera que la sociedad no aprende de la historia, no sé si usted coincidiera con eso?

¿Cuáles serían algunas de las preguntas que lo obsesionan de la sociedad del siglo XXI, y qué está escribiendo actualmente?

En algunos casos se aprende de la experiencia ajena y en muchísimos casos no, hay que vivir la experiencia para realmente sacar provecho de ella. Hay ciertos fenómenos que parecen incapaces de ser completamente radicados de una sociedad, uno de ellos es el nacionalismo; el nacionalismo al terminar la Segunda Guerra Mundial había una especie de horror frente al nacionalismo que había provocado dos cataclismos indescriptibles con millones y millones de muertos.

Entonces el mundo parecía haber entendido que el nacionalismo era un peligro, que había que erradicarlo de la vida de las naciones y eso contribuye a que enemigos tradicionales, de cientos de años de historia que se han venido entre matando, de pronto deciden olvidarse de sus rencillas y acercarse y tratar de constituir una gran comunidad fraternal para dar juntos la batalla por el progreso económico.

Eso es la comunidad europea, eso es de Europa, es una idea absolutamente genial, una idea basada en supuestos democráticos, el más ambicioso proyecto que ha producido la democracia en Europa sin ninguna duda y que, de hecho, ha traído enormes, inmensos beneficios a Europa, de pronto 70 años sin guerras, sin matarse como se han matado países europeos a lo largo de toda la historia. Sin embargo, hay muchas cosas que se pueden criticar en la construcción de Europa sin ninguna duda, pero los beneficios son infinitamente superiores y sin embargo, el nacionalismo de pronto rebrota y rebota en los países más civilizados, Gran Bretaña.

He tenido una gran admiración por Gran Bretaña, viví muchos años ahí, me parecía realmente el país más democrático del mundo, vacunado contra la demagogia y sin embargo,  estaba en Londres cuando la campaña por ser  primer ministro, cómo es posible que en un país de ese nivel de cultura cívica y democrática, de pronto rebrotara el nacionalismo con las mentiras más absolutamente increíbles en políticos que salían a la televisión a mentir de una manera absolutamente flagrante.

Simplemente exacerbados por la idea nacionalista que Inglaterra tenía que librarse de la sumisión a Europa que estaba aprovechando abusivamente de él, mentiras pero flagrantes, pero absolutamente flagrantes, y a más mentiras que escondían muchas veces ese racismo puro y duro.

Creo que es una demostración, nada vacuna totalmente a un país contra esa idea, que es una idea tribal, de pronto encerrarse entre lo conocido, entre lo propio y ver todo aquello que no es lo propio, lo conocido como el enemigo, como el adversario, como la fuente del mal. Desgraciadamente esto está ahí y por eso creo que tenemos que ser muy conscientes.

El caso de América Latina es un caso flagrante, el nacionalismo nos ha hecho un estrago, nos ha mantenido en el subdesarrollo; pero también nos hemos pasado parte de la historia pre matándonos entre nosotros mismos y a veces en el seno mismo de la sociedad, por prejuicios, por ideas que son absolutamente estúpidas que  son desmentidas por una realidad en todos los lugares donde esas ideas se aplican. Sin embargo, aquí, allí está.

De todos modos no quisiera terminar mostrándome como un pesimista, no, no es verdad, creo que América Latina hoy es mucho mejor de lo que era cuando yo era joven, ha progresado enormemente, aunque las desigualdades sean atroces, aunque todavía muchísimos latinoamericanos no tengan igualdad de oportunidades, pero América Latina está muchísimo mejor hace 20, 30 ó 40 años, sin ninguna duda.

Ha habido progresos que son grandes en muchos campos, en el campo popular sin ninguna duda, no hemos alcanzado un gran desarrollo, pero sí hay progresos.

Ahora al mismo tiempo creo que hay que ser conscientes de los peligros que nos rodean y sin ninguna duda el peligro inmediato peor que tenemos es un demagogo, populista, nacionalista porque lo que ocurre en la Casa Blanca repercute sobre América Latina muchísimo.

Somos unos vecinos cercanos, no se diga el caso de México que puede ser brutalmente afectado por las políticas del señor Trump si las llega a poner en práctica.

¿Qué pregunta o preguntas se hace usted de la sociedad?

Una pregunta que a mí me angustia mucho es qué va a pasar con el libro, el libro tiene un futuro en la sociedad que se nos viene, el libro va a seguir siendo ese instrumento absolutamente esencial, central, no sólo del entretenimiento sino del desarrollo, de la sensibilidad, del conocimiento humano o el libro va a ser devorado por las máquinas, por las pantallas.

Hay quienes creen que sí va a ocurrir eso y además lo aplauden, los filósofos que sostienen por ejemplo, que por primera vez hay una cultura democrática en el mundo, gracias a las pantallas que es una cultura un poco digamos pobretona, porque las pantalla son producen nada comparable a lo que era la cultura de libros.

Está bien, es bueno, lo importante es que la cultura llegue a todo el mundo, gracias a la pantalla llega a todas partes.

Es una cultura que no es refinada, no es muy complicada, pues mejor, en ese mundo la literatura desaparecerá, no tiene ninguna razón de ser.

Si es así, si así llegan a ocurrir las cosas, se escribirá una literatura que será fundamentalmente de entretenimiento para llegar a ese enorme público, pero lo que ha sido el libro, lo que ha significado un Shakespeare, un Cervantes, ya no tendrá razón de ser, eso sí me angustia muchísimo.

Creo que eso sería un acontecimiento atroz para la humanidad, y que además probablemente la víctima principal si la cultura tiene esa evolución, sería la libertad y puede llegar a desaparecer.

Si vivimos en un mundo enteramente de máquinas, si ya no tenemos que hacer ningún esfuerzo, porque las máquinas van a pensar por nosotros, la posibilidad de que los poderes lleguen a manipular de tal manera la sociedad, que vivamos la experiencia que imaginó George Orwell, por ejemplo, en su novela con un mundo completamente controlado por el totalitarismo, eso ya  no es una fantasía, sino es una posibilidad real.

Esas son grandes preocupaciones que deberíamos tener presentes para tratar. La historia no está escrita, la historia la escribimos nosotros, con nuestras decisiones de evitarnos un futuro de esa índole.

No digo que vaya a ocurrir, hay muchas maneras de resistir esa deriva, pero creo que es importante planteársela y además reflexionar sobre las consecuencias  que tendría un mundo en que las máquinas habrían retrasado la función que tienen nuestros libros.