La educación ya no puede darle la espalda a la tecnología

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Estamos en aislamiento social y cuarentena, todo un cisne negro, un fenómeno imprevisto de los que describe el pensador y economista Naseem Taleb. Para luchar contra el Covid-19, las autoridades mundiales han decidido que quedarnos en casa es el mejor método para evitar y controlar unos contagios que, de otra manera, colapsarían los sistemas de salud.

Y, si está claro que estas medidas y esta pandemia no pudimos verlas venir, lo que sí es asombroso es cómo, existiendo tanta tecnología para hacer posible aprender desde casa, gran parte del sector educativo no tuviera implementados por pura eficacia, herramientas tecnológicas que, ahora, le harían la enseñanza más fácil.

De hecho, el sector educativo es quizá, uno de los ámbitos que más se ha visto afectado por la pandemia, y en el que también se están dando algunos cambios. La suspensión permanente de las clases en colegios y universidades fue el detonante para que el sistema busque alternativas que permitan a los estudiantes continuar con sus programas de forma remota. Alternativas que, sin haberse visto obligados por la circunstancias, podrían haber usado ya en ocasiones anteriores, como, de hecho, hacen algunos centros para mandar las tareas a casa.

¿Por qué el sistema educativo tuvo que esperar a que el mundo estuviera viviendo una situación de salud pública para plantear (si, hasta ahora estamos planteando) medidas o soluciones medianamente viables para garantizar el derecho a la educación? ¿Cuántos gobiernos han pensado lo rentable que es contar con unas buenas redes de internet para maximizar la educación de sus alumnos? Con pandemia y sin ella, internet, por ejemplo, puede poner a disposición de alumnos en zonas rurales y remotas las enseñanzas de los mejores profesores del país.

El momento en que el gobierno dio la orden del cierre de clases presenciales, académicos, padres de familia, instituciones educativas y colegios quedaron cruzados de brazos por la falta de adopción de nuevas tecnologías y por no haber tomado en serio la apuesta de soluciones para brindar clases de forma online.

Según informó la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) uno de cada cinco estudiantes de primaria y secundaria se encuentra sin clases debido al cierre de las instituciones educativas. Son 363 millones de estudiantes sin asistir al colegio o a la universidad en todo el mundo, de ellos, 57.8 millones son personas en educación superior. Esta pandemia, si no se corrigen pronto esos déficits, sí que hará aumentar la desigualdad de oportunidades por la brecha digital. Allá donde un niño ha podido aprender, hacer tareas o aprender a su ritmo matemáticas con Smartick, habrá otros que no tengan nada que hacer mientras, en teoría, el curso todavía continúa.

 ¿Cómo podemos afrontar este gran desafío?

 Hoy ya no se trata de una necesidad, es una obligación ser parte de lo que por años se la ha dado la espalda. La implementación de tecnologías se convertirá en una obligación y un recurso mínimo para responder a la demanda académica del hoy y del futuro.

 Quizás, podamos sacar lo mejor de todos a raíz de esta pandemia. Ha llegado el momento de despertar y abrazar las nuevas tecnologías que servirán como base estratégica para los centros educativos. Acabar con los resquemores que levanta la tecnología entre algunos profesores. Esperemos que ahora se den cuenta de que la tecnología puede y debe ser su mejor aliado.

Una de las grandes enseñanzas y desafíos que tiene el mundo en la era pos pandemia está relacionadas con la educación. Es claro que el mundo cambiará y que a partir de este momento hábitos comunes como el asistir a clase serán replanteadas y reemplazadas por modelos mixtos virtuales con mayores oportunidades de flexibilidad y accesibilidad. Si nos fijamos bien, los modelos más exitosos de lucha contra el coronavirus en democracia (Corea y Singapur) tienen en común la excelencia educativa, su gran nivel en matemáticas y su pasión por la investigación y la tecnología.

Las plataformas de educación son ejemplo de que las cosas pueden cambiar y evolucionar para hacer de este sector uno de los pioneros en el desarrollo de entornos digitales en los que las personas puedan acceder a servicios, capacitaciones, reuniones o eventos desde cualquier momento y lugar. La solución está en sus manos. No sólo para lavárselas, evita contagios sino que con ellas se accionan los implementos electrónicos.

Estas son propuestas para “pensar globalmente y formar localmente” a fin de que tengamos una ciudadanía más empoderada.