LA EFÍMERA VIUDEZ DE MARTINA VILLAMIZAR DE LA ROMAÑA

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El rey Emérito Juan Carlos de Borbón, abandonó el despacho de Mariano de la Romaña con la cara de quien ha resuelto su vida, seguido por su escolta. Se acercó a Matías y Mar que corrieron hacía él, abiertos de brazos, les dió un beso y se perdió detrás de las puertas de la Mansión de los Romaña Villamizar.

Los De la Romaña Villamizar, son una familia de Mérida, capital de la región de Extremadura, Frontera con Portugal, en España. Es una familia muy querida, conformada por Mariano de la Romaña Larco Cox, Martina Villamizar de la Romaña, Mauricio, Mia y los gemelos Matías y Mar de la Romaña Villamizar.

Mariano, es un hombre intelectual, muy culto, muy estudioso, se pasa la vida leyendo y estudiando. Es extremadamente apasionado, sensible como el solo. Vive enamorado del amor, porque vive enamorado de su esposa y de sus cuatro hijos, su familia, su todo. Maneja su propio negocio avocado al constante aprendizaje del ser humano y es filántropo de naturaleza. Lleva sobre su espalda El Nobel de la Paz, aunque es tan sencillo y humilde, que no le gusta tocar ese tema. En Mérida, es conocido como el hombre del corazón de oro, todos lo estiman y respetan mucho.

Martina Villamizar de la Romaña, es médico, especialista en cirugía y en pediatría oncológica. Tiene una ONG que brinda cuidados paliativos y lúdicos para niños en estado terminal, que fundó de la mano de Mariano, que entre otras cosas es coach de niños y jóvenes adolescentes. A pesar de ser una mujer ocupada y dedicada a su profesión, es mamá gallina, vive pendiente de sus cuatro hijos que están dispersos por el mundo. Ella y Mariano son un gran equipo, sus hijos un encanto, ya vamos a conocer un poco de ellos en breve. Martina al igual que Mariano, es sencilla, con sus trajes médicos de colores y dibujos animados (es una de sus formas de contentar a sus niños, como ella los llama, y alegrarles la vida todos los días a pesar de los malos momentos que ellos pasan producto de sus enfermedades). En el hospital la conocen como el ángel salvador, la Madre Martina de Mérida en alusión a la Madre Teresa de Calcuta. Se pueden imaginar la entrega y desprendimiento, una locura, bello ser humano.

Mauricio de la Romaña Villamizar, su primogénito, más conocido como Mau, es muy inteligente, súper estudioso, le encanta leer, terminó su carrera de Filosofía, sin duda ocupando el cuadro de honor, primero de su promoción, y ahora está estudiando Arquitectura. Sin embargo, si bien le encanta estudiar, le gusta el deporte también, la bicicleta, su pasión eterna. De amores desde su adolescencia, poco hay que contar, pero si me gustaría hacer hincapié en el ahora. Mauricio perdió la cabeza por una mujer, arquitecta como él y después de que se enamoró perdidamente, fue de un momento a otro, se fue lejos con ella, y una vez al mes se comunica con sus padres, para decir que está bien y que pese que es muy feliz, los extraña todos los días de su vida, como también a sus hermanos. Mariano a veces reniega porque no entiende como su hijo perdió la cabeza por Sofia, sin embargo, Martina sonriendo siempre le recuerda, que Mau es su vivo reflejo, pues Mariano también perdió la cabeza por ella.

Mía de la Romaña Villamizar, su hija mayor, a pesar de ser mimada, engreída, y todas las exageraciones relacionadas a esos adjetivos, siempre fue responsable, a pesar de que se aburría muy rápido y como tal palo tal astilla, también le gustaba leer, está claro que viene de familia. Mía vive en Milán, Italia, y ahí estudia artes escénicas y trabaja como directora adjunta de arte para una agencia de publicidad. Vive con su novio, un chico amable, buen partido para ella, bueno al menos eso es lo que dicen, “es un buen tipo y muere por ella”,dicen sus amigos cercanos.

Matías De la Romaña Villamizar, el tercer heredero de la dinastía, el menor de los hombres, más conocido como Mati, una bala perdida, travieso, juguetón, escurridizo, va a mil por hora siempre buscando el peligro o con qué juego nuevo entretenerse y desarmarlo y volverlo armar. En su condición de doble, de una manera hermosa y única, es super cercano a Mar, su gemela, que aún no conocemos. Son inseparables, desde chicos, juegan juntos, por supuesto que se pelean, sin duda, pero se amistan, se odian, se aman, pero nunca van uno sin el otro, es tanto el apego, que compartieron pupitre en el colegio. Matías es muy parecido a Martina, mientras que Mar a veces parece hija negada, por la similitud que tiene con su padre.

Mar de la Romaña Villamizar, la gemela de Matías, su inseparable, su otro yo, es traviesa también, pero a diferencia de Matías ella no le teme al peligro, comprenderán que juntos pueden superar la Bomba de Hiroshima, de terror. Mar al ser la última de cuatro hermanos, con Mariano hace lo que quiere, ¿dónde Martina reniega y ocurren los pleitos cotidianos clásicos de ¿porqué le permites a la niña esto? A lo que Mariano, muy serio responde: Déjala, es la menor, es hora de ser un poco más flexibles, definitivamente hace lo que quiere con Mariano a la evidencia de cualquier ojo mínimamente sano. Mar ama a Matías de una manera posesiva, en el buen sentido, que no quiere hacer nada si no está él, siempre como su cómplice, su hermano, su gemelo, su mejor amigo, su todo. Son tan unidos que estudian en la misma Universidad, en Inglaterra en Oxford, ella estudia veterinaria y sigue cursos de liderazgo y coaching, y él, estudia medicina humana, quiere seguir los pasos de Martina, y especializarse en pediatría. Y sueñan que cuando terminen de estudiar van a trabajar juntos salvando animales y personas, entre tantos sueños más que se cosen en sus corazones que hoy no mencionaré.

Don Mariano y Doña Martina, se conocieron de manera fortuita, en un evento citadino, donde acudieron con sus padres, Martina con tan sólo 15 años y Mariano ya pasados los veinte, le llevaba unos cuantos años razonables. De inmediato hicieron química, la cual finalmente se soldó en una gran amistad, dicen que la mejor, se volvieron mejores amigos, a pesar de la diferencia de edad notoria que los marcaba, opacada por esa magia, complicidad o como se llame que había entre ellos.

Martina acabó el colegio y se fue a estudiar medicina a Cuba, muy a pesar de la voluntad de sus padres, que no querían soltarla. Mariano, se fue a México a estudiar un postgrado, no recuerdo cuál de todos los que tiene guardados como materia prima en su ilustre mente, digna envidia de cualquiera. Pasaron los años; sin embargo, ellos nunca perdieron la comunicación, pero tampoco hablaban tan seguido, lo que si no se volvieron a ver porque cada uno estaba en lo suyo y la distancia era más larga. Martina, que ya ejercía la medicina, tenía un novio emergencista, que trabajaba en una de las clínicas más conocidas en el DF, México, se conocieron en un congreso tiempo atrás. Una navidad, ella decide ir a visitarlo. Un 24 de diciembre, Martina llega a DF, con todo y maleta se va a la clínica a buscar a Lorenzo, su novio y mientras que lo esperaba a que saliera de consulta, se sienta al lado de ella un hombre. Ella voltea, porque el perfume era tentador y demasiado afrodisiaco, pero sobre todo familiar. Pálida, nerviosa, sobresaltada, exclama un: ¿Mariano, que haces acá? Yo ya te hacía en España. Mariano, impávido, atónito, totalmente vulnerable le dice: ¿qué haces tú acá? Se sonríen y se abrazan como sólo ellos sabían hacerlo desde la adolescencia. Automáticamente se conectan y el tiempo trascurre como si nunca se hubieran dejado de ver. Lorenzo, sale, ve esa escena, mueve la cabeza y se vuelve a meter a su consultorio, le envía un mensaje a Martina, diciéndole que va atrasado que por favor no lo espere. Mariano le contó que tenía una cita para un chequeo rutinario, ella lo esperó, y juntos se fueron a comer algo por ahí, él cómo siempre caballero, arrastrando la maleta hasta su deportivo audi gris de dos puertas, con temor de que Martina al ver el auto, cosa que, sí pasó, lo molestará de pituco, cosa que no era, y lo haga sonrojar y después terminen riendo y fluyendo tan natural. Cabe mencionar que Mariano tenía un dúplex en DF y su audi deportivo, y Martina desde que eran jovenes lo molestaba con las marcas que le gustaban.

Está claro, que esto no quedó ahí. Lorenzo dejó a Martina, confesándole de que en los ojos aquel día que la vio junto a Mariano, se le salía el amor que sentía por él, y que esa mirada era suficiente para que él se vaya y le deje el camino libre con la persona que realmente siempre ella amó, pero nunca quiso ver y aceptar, es decir, Mariano. Dicho esto, Martina y Mariano pasaron juntos la navidad y el año nuevo en Grecia, donde Mariano le pidió la mano y con la rapidez de dos meses, se casaron en España, en presencia de sus padres y de toda la familia y amigos. Martina renunció a todo en Cuba, con mucha pena, por sus pacientes los niños que ella tanto cuidaba y amaba y Mariano continuó con sus asesorías en México. Viajaba de cuando en cuando y formó una empresa en España. Al año de casados, Martina sale embarazada, cumpliendo uno de sus sueños, ser mamá. Ese sueño fue cumplido cuatro veces, dando fruto hoy a Mauricio de 30 años que vive en un lugar desconocido con la novia y se reporta de vez en cuando, Mía que vive en Milán, estudia, trabaja y vive con su novio y sus dos gatos y Matías y Mar, los gemelos que viven en Inglaterra, comparten piso entre ellos y sus parejas, y trabajan con animales y humanos, 24/7 salvando vidas y acompañándose, porque son realmente inseparables. Martina, quedándose con el nido vacío, se dedica plenamente a ser médica y dirigir su ONG, Mariano, en sus negocios y apoyando a Martina siempre. Ambos soñaban con ser abuelos, y esperaban con paciencia, pero con prisa, una noticia en relación a ello, de alguno de sus cuatro hijos.

A pesar de que todos viven dispersos por el mundo son súper unidos y como muestra de tal, todos los años pasan juntos o navidad o año nuevo, siempre en España, donde Mau desde que se fue nunca pudo acudir, siempre fue el único que faltaba. La última navidad, Mau, a quien no ven ya tiempos, les pidió que todos fueran a pasar navidad a Hawai, pues ahí es donde vive junto a Sofia, quien está esperando un bebé, noticia que ambos están ansiosos por compartir en las fiestas que están próximas a venir.

Llega la tan esperada navidad, todos juntos, como hace años que no pasaba. Fue  increíble, alquilaron un yate, se fueron todos a navegar, por las hermosas islas de Hawai, diría que fue la mejor navidad que todos disfrutaron como familia.

Mariana, aprovechando su estadía en Hawai, se tomó un día entero para visitar la clínica oncológica pediátrica de Honolulu, la conocían, ya había viajado antes por allá para algunos temas relacionados a su ONG. Mariano, se había ido con los aún intrépidos gemelos hacer deportes de aventuras y pasar el día juntos y Mau tenía unos chequeos médicos y trabajo. En la noche, ya tenía planes la familia De la Romaña, para una cena en la orilla del mar para celebrar la vida, la salud y sobre todo el amor y la familia. Es ahí donde Mau iba dar la noticia del bebe en camino.

Cerca de las seis de la tarde, Martina, quien se alistaba para retirarse porque tenía cena familiar con todos, fue interceptada por una camilla en la cual yacía un hombre ensangrentado cuya identidad no se veía por la cantidad de sangre que lo cubría. Por la voz tan peculiar que tenía, al escuchar que gritaba: mis hijos, mis gemelos, ¿dónde están?, Martina se congeló y se acercó. Era Mariano, había sufrido una caída en helicóptero con Matías y Mar, haciendo deporte de aventura. Detrás de él, llegan dos ambulancias más, cuyos cuerpos estaban completamente cubiertos, Martina corre, los destapa y sí, eran Matías y Mar, se habían ido para siempre. Sin darle tiempo de reaccionar, se llevan a Mariano a trauma shock, lo conectan, y cierran la puerta. Martina atónita, se queda sentada, intentando tomar aliento para seguir viva, mientras que, de alguna manera inhumana, trataba de asimilar lo que estaba ocurriendo. Mauricio, que llegaba a recogerla, no entiende qué es lo que pasa, una enfermera le indica que su padre está grave, y él asustado, se acerca a su madre sin ninguna expresión en el rostro más que de dolor, la abraza y le dice: papá es fuerte, lo va lograr, ¿dóndeestán Mati y Mar?. Ella no responde, sigue sumida en shock profundo y el para darle ánimo, después de un prudencial rato, le cuenta que Sofia estaba esperando gemelos, hombre y mujer. Martina revienta en llanto, lo felicita y le dice: Mati y Mar se fueron, me dejaron, no lo lograron y tu padre, parece que me va dejar viuda. Mauricio pasó a un estado de letargo, abrazó a Martina y se quedó en silencio, mientras que en cámara lenta de sus ojos caían gotas. Después de horas de espera, el médico especialista sale y les da la noticia de que Mariano se había ido, las heridas eran demasiado profundas y habían comprometido al riñón y al corazón, no resistió. Martina pide verlo, y se pierde cerrando la puerta de UCI, en un solo de silencio. Se acerca a Mariano, quien tenía el rostro, como dormido, se le veía en paz, descansando, lo abraza lo besa en la frente y le dice: cuida de Mati y Mar, decidieron irse antes y como siempre juntos, no creo que yo sin ti y sin ellos, pueda seguir adelante. Luego se incorpora, y sacando su lado racional de médico se retira de UCI, y decide velar a Mariano a puerta cerrada en Hawai, porque él siempre le dijo que a él lo tenían que enterrar en el lugar donde muriera, y que no quería flores, ni una sola. Martina había decidido cumplir su deseo.

Cuatro horas después, Mariano, Matias y Mar fueron llevados a un velatorio privado donde iban a ser velados a cajón cerrado, acompañados de Martina, Mía, Mauricio y Sofia y de los amigos más cercanos que la familia tenía en Hawai. Martina, muerta en vida, agotada de llorar, de lamentarse, de cuestionarse, de sentirse culpable sin serlo, decide despedirse de Mariano, besando el ataúd, pues ya estaban por llevárselo. En ese momento dos escoltas reales entran con el arreglo floral más impresionante que alguien haya visto, llevaba adornos de oro, flores frescas de lujo, y una simple dedicatoria que decía:“Por primera vez en mi vida, me dejaste mudo. Descansa en paz Gran Mariano, cuida a Mati y a Mar, por acá todo va a estar bien, yo me encargo. Firmado por El Rey Emérito Juan Carlos de Borbón. De pronto se escuchan golpes leves. Y Martina, en ese momento recordó, cuando fue estudiante de medicina, las amanecidas de años que no tenían fin, los parciales, ni qué decir de los finales que eran casi impasables, los experimentos en los laboratorios, las agujas, la sangre, las pérdidas, cómo la primera que le tocó vivir en quirófano, de un niño que se le fue tomándole la mano y no pudo salvarlo, los trabajos con cadáveres, relacionados a la catalepsia y su escepticismo de siempre frente a ella que en este momento por primera vez estaba siendo puesto en duda. En ese momento, Mariano logró abrir el ataúd.