La expresión del algoritmo

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¿En la era de la hiperpersonalización contamos con elección? ¿de qué manera la experiencia de las personas usuarias en las redes sociales puede evitar una navegación en burbuja? ¿cuál es la medida adecuada entre oferta y demanda de contenidos digitales para las personas usuarias y cuál es la mesura deseable de un algoritmo? Y ¿de qué forma el mercado de contenidos regula la interacción de los usuarios en el entorno digital?

Los efectos de la inteligencia artificial y el aprendizaje de máquinas empiezan a tomar partido en el entorno digital no solamente mediante el análisis de información, sino también de manera directa en la gestión de tráfico y en la personalización de los contenidos para la población usuaria lo cual ha generado ambientes más inmersivos, provocando segmentaciones inteligentes que cada vez demandan mayor tiempo de contenidos y una lucha continua entre plataformas por el dominio de la atención por parte de los potenciales consumidores digitales, así como las empresas que a través de la publicidad inmersiva buscan posicionar sus productos a través de estas plataformas.

Quizá estos nuevos modelos de gestión de tráfico de red son los que han volcado los ojos en una de las redes sociales más recientes que destaca por la personalización de contenidos basado en una combinación de criterios de selección en su algoritmo que provocan una experiencia particular en la que se atrapa al usuario en un entorno a modo en el que la interacción es mínima, es decir, pareciera que el usuario se coloca en el centro del panóptico a pesar que su visión se encuentra limitada a una burbuja particular, que pierde dicha apariencia a partir de mecanismos de diversidad de contenidos que mantienen al usuario en la misma experiencia pero con interacciones que aparentemente abren el panorama en el que se encuentran.

De la misma forma en que las sustancias tóxicas generan adicción en las personas como parte de la experiencia química y fisiológica de su consumo, este tipo de plataformas colman las exigencias informativas de la población usuaria, con lo que transcurre una gran cantidad de tiempo a la par que este aplicativo se ha vuelto muy popular, y, ahora, a través de estos mecanismo de interacción las redes sociales empiezan a experimentar planos más  complejos para la fidelización de usuarios que eventualmente exploran diversos aspectos de su personalidad a través de estos nuevos aplicativos.

Sin embargo, dentro de las nuevas inquietudes que se generan, tomando como ejemplo esta última plataforma por ser la referente por excelencia del uso de inteligencia artificial en la gestión de contenidos que ofrece una experiencia hiperpersonalizada y aparentemente humanizada a través de un esquema de interacción en videos en el que la interacción forma parte de los propios insumos que el algoritmo analiza para distribuir los contenidos y a partir de ahí, redistribuye las vinculaciones existentes en dichos videos y los somete a una prueba de eficacia comunicativa, que eventualmente es mucho más profunda que los parámetros que el propio algoritmo utiliza, es decir, las interrelaciones que se generan en función de la clasificación del ordenamiento de contenidos refleja algún aspecto que ayuda a vincular a las personas y sus expresiones a un nivel profundo, que por el momento, genera una fidelización amplia.

Bajo esa perspectiva, esta plataforma cuenta con un diferenciador de cualquier otra existente en la actualidad puesto que en vez de recibir publicaciones en torno a productos y servicios, recibe contenidos dirigidos sobre sus gustos y preferencias que revelan un contenido personalmente dirigido en un aparente ambiente que a los ojos del espectador es neutral, a pesar de que cuente con una alta carga basada en sus preferencias, limitando su capacidad de reacción y análisis frente a situaciones nuevas; por ende, dicha adaptación de contenidos altamente efectiva corre el riesgo de afectar la libertad de expresión de los cibernautas al no fomentar su lado crítico, sino únicamente dedicando la gestión a satisfacer los requerimientos basados en los criterios y opiniones predefinidos.

Riesgos que eventualmente  nos arrojan a la reflexión en torno a los criterios que deberían exigirse a los algoritmos como parte del respeto a la privacidad de la población usuaria y para el libre desarrollo de la personalidad de los cibernautas, que nuevamente pone de manera expuesta al fantasma de una manipulación pasiva por parte de la población usuaria, es decir, entornos que hacen cautivos a los usuarios de sus propias pasiones y a partir de ellas si bien generan réditos comerciales mucho más importantes, eventualmente reducen el ámbito de libertades de los usuarios.

Para ejemplificar lo anterior, por supuesto que de manera personal podría preferir que un pequeño viera determinado programa en vez de otro, y más allá de una escala de valores y prejuicios, los contenidos digitales pudieran ser seleccionados entre unos y otros, sin embargo, en lo que nadie estaría de acuerdo es que los propios contenidos seleccionados atraparan al pequeño y le evitaran ver otros contenidos, ya que con base en ellos, si bien podría seguir prefiriendo los primeros harían que su percepción del mundo fuera limitada, y con ello, abonando para polarizar opiniones basados en diversos puntos de vista.

Si bien pareciera que es una etapa temprana para estas discusiones, el nivel de perfeccionamiento del procesamiento de los algoritmos se va sofisticando de manera muy acelerada y por ello, considero que es preferible empezar a advertir los mecanismos prospectivos para la defensa de libertades de las personas en el ámbito digital, y, si bien, en lo personal soy enemigo de las prohibiciones, considero que en esta ocasión es importante valorar si desde estos momentos deberían establecerse algunas restricciones o límites sobre las funcionalidades de los algoritmos, como herramientas adicionales a la transparencia en torno a sus alcances, para que, cuando menos si bien la inmersión pudiera resultar inevitable, los elementos del ambiente si puedan resultar predecibles, a fin de evitar respuestas conductuales no deseadas; es decir, al igual que los alimentos, la transparencia de los algoritmos debería contar con elementos de alerta que permitan a la población usuaria saber cuál será la funcionalidad de una plataforma, a fin de evitar manipulación y preservar la libertad de expresión y generar espacios, cada vez más vitales, para recibir, investigar y difundir información plural, equilibrando el aspecto comercial y el bienestar personal de los cibernautas a través de la privacidad.

Ello, ya que para muestra basta un botón y es la reacción de los menores nativos digitales ante un juego tan básico como pudiera resultar un aplicativo de celular, o una plataforma multijugador en línea, en el cual, el desconocimiento puede generar que las dificultades que artificialmente pueden ser manipuladas en un juego para presionar a los usuarios a generar compras en la plataforma, no confundan a los usuarios sobre sus verdaderas capacidades digitales en un aplicativo, lo cual, por ejemplo en el caso de un niño que juega videojuegos, puede generar una enajenación basada en la manipulación predecible de algoritmos, que en nada justifican el lucro, si éste se deriva del atentado contra derechos fundamentales.

Hasta la próxima.