La falsabilidad del fin de mes
Hoy es 31 de marzo, y algo en el aire huele a cuenta atrás. No es un martes cualquiera, es un día bisagra, un día fantasma, el último ladrillo del primer trimestre del año. Si el año fuera una novela, hoy leeríamos la última página del primer capítulo. Y entonces ocurre lo inevitable, algo en nosotros, quizá por herencia escolar, quizá por obsesión productivista, siente la necesidad de hacer balance. ¿Qué logré? ¿Qué dejé? ¿Qué duele?
El filósofo Bergson decía que confundimos el tiempo vivido, la duración, esa corriente interna e indivisible, con el tiempo medido, ese que los relojes y los calendarios cortan en pedazos iguales. El 31 de marzo es el triunfo de lo segundo sobre lo primero, porque hoy, en algún rincón de nuestra mente, hacemos el primer corte de carne viva del año.
Y, he aquí lo filosófico, los finales no existen fuera de nuestra conciencia, el río no sabe que cambia de mes, el árbol no celebra el trimestre, somos nosotros, los animales narrativos, quienes recortamos el continuo temporal en unidades con nombre. Y ese desfase (entre el tiempo orgánico y el tiempo del capital, del rendimiento, de las metas) nos produce una fatiga existencial que rara vez nombramos.
Por eso a veces nos aferramos a esa especie de fe colectiva, dónde acordamos que algo termina para que algo pueda empezar, lo cual no es falso, pero sobre la falsedad existe la falsabilidad. Es decir, podemos creer que el tiempo se divide en unidades limpias, que el 1 de abril nos recibirá con una pizarra en blanco, que el balance de trimestre nos devuelve el control. Y sin embargo, basta un segundo de atención al mundo para que esa creencia se quiebre, porque la violencia no respeta el cambio de mes, no espera al segundo trimestre, no se cierra el balance de muertos con el fin de marzo.
La realidad refuta nuestra fe colectiva. Pero (y esto es crucial) el que sea falsable no la vuelve inútil, al contrario, la vuelve responsable, porque si sabemos que nuestra creencia puede ser derribada por los hechos, entonces ya no podemos aferrarnos a ella como un dogma, y eso nos obliga a mirar los hechos, y mirarlos es el primer paso para no normalizarlos.
Enero
Febrero
Marzo, mes de Marte, dios de la guerra, ¡Y qué guerra!, qué manera de empezar (continuar) el año 2026 con la deshumanización que aplasta con guerra y sangre. Por eso esta columna no es un resumen de noticias, sino una excavación. Bajo el titular amable del fin de mes, hay huesos rotos
Cisjordania,
la impunidad como sistema
The Guardian publicó esta semana un análisis demoledor, que decía que ningún soldado israelí ha sido procesado por matar a palestinos en Cisjordania en decenas de casos documentados desde octubre de 2023. La nota, firmada tras revisar archivos militares, testimonios y ONGs, muestra que incluso cuando hay videos, testigos o informes forenses, el sistema judicial militar israelí archiva, dilata o absuelve.
Y repito nuevamente lo que pasa, para que se borre jamás de su mente; esto no es un fallo del sistema, es el sistema funcionando. El Estado nación moderno, como recordaba Giorgio Agamben, define quién es vida digna de duelo y quién es homo sacer (aquel que puede ser matado sin que su muerte cuente como homicidio). Los palestinos en Cisjordania, ante la ley israelí, son exactamente eso, vidas matables sin consecuencias.
Y la comunidad internacional mira, a veces condena con palabras tibias, pero ningún soldado ha pisado una cárcel, la impunidad no es un efecto secundario, es la regla.
El “Ice europeo”, “Iceficación”
El Parlamento Europeo aprobó esta semana el nuevo Reglamento de retornos, que es una ley que busca hacer las deportaciones más rápidas y eficaces. Suena técnico. Suena administrativo, pero, leámoslo con ojos suspicaces, se llama eficacia a expulsar un cuerpo en menos tiempo, sin importar si ese cuerpo tiene hijos, arraigo, miedo o razón.
Expertos en migraciones y derechos humanos ya han advertido que Europa está importando el modelo de ICE (la agencia de inmigración y aduanas de EE.UU.). ¿Resultados conocidos? En lo que va de 2025, 32 muertes en custodia migratoria en Estados Unidos. Entre ellas, los asesinatos, de Renee Nicole Good y Alex Pretti, dos personas que murieron bajo custodia en condiciones que ningún informe oficial ha logrado justificar.
¿Y qué hace Europa? Mira los escombros del modelo americano y dice: queremos eso. La nueva ley permite:
- Perfilamiento racial mediante algoritmos y bases de datos policiales.
- Redadas en domicilios privados y lugares de trabajo sin orden judicial previa en situaciones de urgencia (concepto elástico).
- Detención automática por riesgo de fuga –riesgo que se presume por el mero hecho de ser migrante.
La alianza que impulsó esto es predecible, derecha y ultraderecha europea votaron juntas (PPE, ECR, ID, y fracciones de Renew). La izquierda y verdes, derrotados, el centro, cómplice por silencio. Filosóficamente, esto es el racismo de Estado con ropa de trámite parlamentario, y aquí entra como Kairos lo que escribió Mbembe: la necropolítica no siempre llega con tanques; a veces llega con reglamentos.
Sudán
La guerra civil en Sudán se encamina a cumplir tres años sin que el mundo le preste apenas atención, pese a haber desencadenado una de las peores crisis humanitaria del planeta, con más de once millones de personas desplazadas y amplias zonas del país en riesgo de hambruna.
Hace apenas unos días el ejército y las RSAC han matado a más de 150 civiles en dos semanas en Darfur. Naciones Unidas lo llama limpieza étnica, nadie lo llama genocidio, guerra, que merezca portadas, y el silencio mediático también es violencia.
La semana pasada Al menos 64 personas, entre ellas, 13 niños, murieron en el ataque al hospital universitario de El-Daein, capital de Darfur Oriental (oeste de Sudán). Fuentes de la Organización Mundial de la Salud anunciaron la noticia, expresando su consternación por lo ocurrido en esa zona devastada. Alrededor de noventa personas resultaron heridas, algunas de ellas hospitalizadas en estado grave.
Argentina
El gobierno de Milei propone un decreto que permite el uso de fuerzas federales para desalojar protestas sociales sin orden judicial. Otra normalización de la excepción.
Coda
Escribo esto en la noche, en el día, en la tarde de los últimos días de marzo. Afuera llueve en mi ciudad, pero sé que en Cisjordania también llueve, y en las celdas de ICE, en Rafah, en Santiago, y en las fronteras europeas. La lluvia no lava la culpa, pero moja igual a todos los cuerpos. Este fin de mes me duele de forma analítica, porque veo patrones. La impunidad de un ejército, la eficacia de una deportación, el perfil racial como algoritmo, la muerte en custodia como estadística, todos estos no son hechos aislados, son la gramática de nuestro tiempo, una gráfica que rige el día a día, que se ha enquistado tanto que la raíz ya brota con ella.
Y entonces vuelvo al 31 de marzo. A nuestro hoy, para dejar plasmar mí descubrimiento del por qué nos obsesiona el balance, porque medir el tiempo es más fácil que medir el horror, porque cortar el año en trimestres nos da la ilusión de que podemos empezar de nuevo. Pero la verdad (la que nos devuelve la falsabilidad como un puñetazo) es que abril no borra marzo. El calendario no absuelve, y el único balance que vale hoy no es el de metas cumplidas, sino el de miradas sostenidas.
Porque sostener la mirada es el antídoto contra la normalización, mirar y no parpadear, llamar por su nombre, a la masacre, a la guerra, al genocidio, a la necropolítica de trámite. Mirar Sudán y no dejar que el silencio mediático sea nuestra coartada. Esa es la responsabilidad de la que escribía al principio. Nuestra fe colectiva en el reinicio el 1 de abril, la página en blanco, el nuevo trimestre, todo eso es falsable, la realidad la derriba cada mañana. Podemos aferrarnos al dogma del calendario y fingir que el horror se reinicia con él, o podemos aceptar que el tiempo no nos absuelve, y que el único vértigo que vale la pena habitar es el de mirar sin excusas.
Mañana, cuando abril llegue, que no nos encuentre iguales, porque el tiempo se nos acaba (otra vez), y lo único que realmente termina hoy no es el trimestre, sino nuestra excusa para mirar hacia otro lado.
https://www.elclarin.cl/2026/03/30/sudan-riesgo-desintegracion-advertencia-minni-minawi-ginebra/

