La historia de nuestra victorias

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La primera vez que toqué la puerta de la antigua cervecería –recién remodelada ante la sorpresa de toda la población– era una jovencita que daba clases y  estudiaba mientras soñaba con trabajar en un museo. Recuerdo que me dio nervios, pero fue de esos momentos donde el corazón, aún titiritando de temores, se avienta en los segundos que le cambian la vida. ¡Y vaya que me la cambió! Cuatro meses después, el 17 de enero de 2009, me encontraba limpiando un capelo y acomodando unas piezas de vidrio para una de las salas en montaje. No es que ese día se acabara el sueño con un final feliz y para siempre, más bien, y eso lo aprendería con la vida y sus distancias, iniciaba la hermosa victoria de soñar.

En Toluca existen muy pocos edificios aún en pie, cuidados dignamente, que nos hablan de siglos pasados. Lo cual es una lástima y seguramente volveremos a ese tema en columnas posteriores. Pero en esa pequeña lista se encuentra un inmueble, bastante grande, de una cuadra completa, que destaca por una fachada de cantera, coronada por un reloj. Hace años, la gente se refería a ese edificio como la Corona, pues por mucho tiempo, fue centro de distribución de Cervecería Modelo. Sin embargo, su pasado es más añejo, fermentado con la propia historia de una de las bebidas que, sin haber nacido aquí, se ha hecho mexicana por adopción: la cerveza.

Se sabe que para el siglo XVI, en la Nueva España, en específico en Amecameca, se instaló el primer taller artesanal de cerveza. El vino sin uvas. Sin embargo, su producción no fue incentivada y realmente se consumía muy poco. En el caso de Toluca, el Archivo Histórico Municipal cuenta con un documento que habla de un permiso para establecer un taller de cerveza, en 1824. A partir de ahí, la historia de los talleres artesanales de cerveza en la capital del Estado de México vaga entre el dicho popular y las fuentes históricas de consulta. De hecho, recuerdo que mi primer proyecto como historiadora formando parte de la gerencia de Exposiciones del MUMCI –el museo que Grupo Modelo había creado en el antiguo edificio de la Corona– fue validar la información que se presentaría en la sala de corte histórico  Compañía Cervecera Toluca y México. Aún en la lejanía del tiempo, recuerdo cómo mi corazón, en vez de titiritar de miedo, brincaba de emoción.

El periplo para reconstruir la historia del antiguo edificio de la Cervecería es una historia digna de una novela. Ni el mismo INAH contaba con la información suficiente, aunque formara parte de los monumentos históricos del país. Entonces la tarea de CSI del tiempo comenzó con la visita al Archivo, que en ese entonces se encontraba en unas oficinas pequeñas del primer cuadro de la ciudad. La primera información con la que me topé se trataba de un folleto donde contaban la historia de un cervecero llamado Agustín Marendaz que había producido la cerveza Victoria en 1865. Sin embargo, no existía documento histórico que avalara tal aseveración y, por el contrario, con lo que sí contaba el Archivo era con el documento firmado en 1891, por Santiago Graff, el dueño de la cervecería, para construir la fachada de cantera que aún se mantiene en pie. Y de ahí, el viaje despegó a pláticas con descendientes de la familia, revisión en los archivos de informes del General Villada sobre la participación de la Cervecera en las Exposiciones Internacionales, registros de marca y anuncios publicitarios de la época.  Poco a poco, la historia cobró el rostro del tiempo.

La Compañía Cervecera Toluca y México, surgió como Sociedad Anónima, en una forma de organización empresarial muy novedosa para su época, en 1890. Para ese entonces, su dueño mayoritario, Santiago Graff ya llevaba casi tres décadas en la ciudad de Toluca. Se sabe que Graff llegó muy joven a México, guiado por el espíritu romántico del siglo XIX, para crear fortuna y así lo hizo. Empezó con un módico taller en frente de lo que hoy es el Jardín Zaragoza, que después se convirtió en las cervezas del León y finalmente, en los estertores del siglo XX, se constituyó como una Cervecera, la más moderna de su tiempo. Esta fábrica contaba, además, con una fábrica de vidrio, embotelladora, distribuidoras en el centro del país. Incluso, llegó a tener un cuerpo de bomberos que ayudaba a la ciudad. Sin miedo a ser vencida por el apego de los años, resulta cierto el hecho de que esta fábrica representaba el corazón económico de la Pequeña Francia, ya que detonaba empleo, influía en el desarrollo urbano y social, además de propiciar un importante fenómeno migratorio que daría apellido a familias e identidad a elementos propios de la ciudad.

Los avances de la Cervecera eran reportados al propio General Díaz y la comunidad extranjera no cesaba de elogiar la calidad de sus productos. Sin embargo, entre tanta lista de triunfos, una, sería su verdadera victoria: la cerveza tipo vienna, ámbar, Victoria. Es muy poco probable que Victoria sea una cerveza anterior a 1904. En ninguna publicidad de la época, ni en los inventarios de productos en las exposiciones nacionales e internacionales, ni en los planos topográficos, es mencionada. De hecho, su registro de marca es de 1907. Sin embargo, existe publicidad de esta bebida, presentada como el nuevo producto de la Compañía Cervecera, desde 1904. Eso sí, en 1910 y los fastuosos festejos del Centenario, Victoria no sólo estuvo presente en Toluca, sino también en el famoso desfile que tuvo lugar en la capital del país para presentar la gloria del presente y el triunfo del pasado. Aunque ello, fuera tan efímero como las fanfarrias que terminaron en guerra.

Victoria se mantuvo en el mercado, me atrevo a decir, debido a la misma magia que ha mantenido en pie al edificio que la vio nacer, a pesar de compraventas, liquidaciones, terremotos y cambios en la ciudad. En 1935, cuando Cervecería Modelo compró todos los activos de la Compañía Cervecera Toluca y México, decidió conservar la producción de Victoria, solo que, en su planta de Lago Alberto, en la Ciudad de México, y para un grupo de población más tradicional. Con el paso de las décadas, Victoria se convirtió en la cerveza sólo distribuida en México, país de donde no podría salir, pues la Victoria era nuestra. A principios el siglo XXI, la estrategia de mercado cambió y comenzó la exportación de las primeras Vickys, aunque su verdadero posicionamiento ha continuado como una cerveza relacionada con lo mexicano. Quizás cumplió su destino: receta europea con agua y cebada mexicana, mestiza desde la raíz.

El hogar de esta cerveza hoy es el Centro Cultural Toluca, el cual surgió después del cierre del MUMCI. Aquel museo donde me abrieron las puertas hace más de una década. Aun recuerdo la tristeza del cierre del inmueble debido a la compraventa histórica de Grupo Modelo y cómo aquellas piezas que había montado con la ilusión del futuro ahora serían embaladas con el silencio.  A partir de un concepto diferente, el CCT inició su vida cultural en el 2017 y de hecho, el día de hoy, jueves 21, es la sede donde se presentará la cerveza Toluca 500, con motivo de los festejos de la ciudad hacia el 2022.

Cada vez que entro al imponente edificio de la Victoria, recuerdo la travesía del tiempo y sonrío. Estamos hechos de historias, de personas que conocemos y llegamos amar, de libros que leemos y canciones que solemos cantar. Estamos hechos del tiempo y sus propias victorias y sí, también de sus derrotas. Y es justo esta sensación la que creo, aún con cierto grado de ingenuidad, que mantiene en pie cada piedra de este lugar.