La importancia de poner límites en la vida

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Poner límites es establecer líneas con los demás (y con nosotros mismos) que no deben ser cruzadas. Es elegir situaciones, acciones e ideas que no toleramos en los demás o en nosotros, expresarlos y hacerlos valer. 

 

¿Qué me limita a poner límites y a decir no en algunos momentos? 

Probablemente, el miedo al rechazo juegue un papel determinante. Por ejemplo, si me piden ayuda, pero no me apetece ni considero conveniente ayudar a un compañero, el miedo a que se pueda deteriorar la relación es un factor que posiblemente me empuje a ayudarle, aunque no sea lo que quiero.

A veces priorizamos las necesidades de los demás sobre las nuestras y nos sentimos culpables si decimos «no» ante una petición de otra persona. La culpa nos trae pensamientos del tipo: «si no lo hago soy una mala amiga», soy una egoísta, creo que soy una mala persona por no ayudarle.

Estos pensamientos suelen tener una connotación emocional más intensa de lo habitual, precisamente por este sesgo. Sin embargo, no se trata de ser egoístas y ponernos por encima de los demás, pero tampoco ponernos por debajoEs más bien una cuestión de equilibrio.

Asimismo, no ponemos límites cuando tendemos a hacernos responsables de todo, por sobreimplicarnos en los problemas de los demás. Esto suele nacer de la idea de que ayudar a los demás es lo mismo que hacerse cargo de sus obligaciones o resolver sus problemas.

¿Por qué es tan importante aprender a poner límites?

Dicho todo lo anterior, habrás comprobado que poner límites nos protege de multitud de situaciones desagradables. Vamos a desgranar mejor la importancia de esta idea.

Conocerse a uno mismo: Uno de los beneficios a la hora de poner límites tiene que ver con el autoconocimiento. Para poner límites se requiere un buen conocimiento de uno mismo y de las necesidades propias. Consiste en ser consciente en cada momento de lo que quieres y lo que necesitas. Cuestiónate: ¿Qué quieres? ¿Qué necesitas? ¿Qué te hace sentir cómodo?

Fortalece la autoestima: Establecer límites va a culminar, probablemente, en un aumento considerable de tu autoestima. Simplemente por el hecho de hablar sobre ti y darte el lugar que necesitas. Al sentirte mejor contigo mismo perderás el miedo de mostrarte como eres.

Por fin soltarás la tensión continua de tener que estar alerta por si algo o alguien puede dañar tu vulnerabilidadTe sentirás libre de poder expresar tus necesidades, independientemente de cómo se lo tomen los demás, sin sentir culpa por no hacer lo que los otros esperan que hagan.

Relaciones sanas y equilibradas: Poner límites y respetarlos es una forma de relacionarse con los demás de forma saludable y equilibrada. Gracias a esta práctica se elimina la desigualdad en cuanto a lo que cada uno aporta a la relación.

Podrás hacerle llegar a los demás como quieres que se comuniquen contigo, y esto te traerá mucha satisfacción personal. Así, la frustración y el estrés ante la ausencia de límites, dejará de estar presente en tus relaciones.

Al conseguir respetar tus límites y el de los demás, tus relaciones se convertirán en relaciones sanas y estables en el tiempoEl respeto se palpará en tus relaciones y ninguno se sentirá invadido por el otro.  

¿Cómo poner límites de una manera efectiva?

Ahora que sabemos los beneficios de poner límites, llegamos a la pregunta clave: ¿cómo empezamos a establecerlos? Aquí tienes una serie de consejos para lograrlo.

Entrena tu asertividad para poner límites: La capacidad para decir que no es algo que se entrena. Tendrás que tener claras tus prioridades y necesidades y liberarte de la presión de la opinión externa. A la hora de poner límites, nos priorizamos y fundamentamos nuestra decisión en argumentos sólidos. Recuerda comunicarlo siempre con responsabilidad afectiva.

No necesitas que nadie te proporcione una orden o una validación para lo que quieres hacer. Que otros manejen tu vida es cómodo en cierta manera (a la hora de asignar responsabilidades, por ejemplo), pero se trata de huir de las cadenas que eso supone para tu libertad. Toma tus propias decisiones.

Revisa tu sistema de creencias: La educación que has recibido, la cultura en la que vives, las personas que te rodean, todo ello te ha moldeado a lo largo de los años para traerte hasta donde estás. Se sabe, por ejemplo, que el estilo de apego parental influye en la vida adulta, aumentando el riesgo de dependencia emocional cuando este no es seguro.

Por eso, es necesario que verifiques todo ello y comiences a hacer modificaciones. Un ejemplo de ello sería revisar la idea de que debes resolver los problemas de tus amigos, pues detrás de ello podría haber una creencia errónea de que esa es la forma adecuada de ayudar a los demás.

Ve poco a poco: Como hemos comentado, la mentalidad necesaria para poner límites y hacerlos respetar no se adquiere de un día para otro. Por eso, comienza con pequeñas cosas, límites no demasiado desafiantes, y con personas de confianza. Poco a poco podrás ir abarcando más áreas.

Por último, queda recalcar que la tarea de poner límites es una carrera de fondo. A todo el mundo le cuesta plantarse y decir que no, y siempre van a existir personas que quieran transgredir esos límites. Sin embargo, es posible realizarlo, así que no cejes en tu empeño de tomar las riendas de tu vida