La independencia de Gales del Reino Unido, un asunto que divide opiniones

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Por Aranxa Solleiro

Enviada Especial

Mientras las calles de Cardiff continúan con su actividad cotidiana, el futuro político de Gales vuelve a colocarse en el centro de la conversación. La posibilidad de que la nación se independice del Reino Unido ha cobrado fuerza luego de que los líderes nacionalistas de Gales, Escocia e Irlanda del Norte suscribieran un acuerdo en el que reivindican el derecho de sus pueblos a decidir su propio futuro.

Para algunos habitantes de Cardiff, la independencia representa una posibilidad para ampliar la capacidad de decisión de Gales; para otros, la separación también genera dudas sobre las consecuencias económicas y políticas que tendría romper con Westminster, sede del gobierno británico.

“Creo que sería importante que Gales pudiera tomar sus propias decisiones, pero también habría que saber qué pasaría después. No solamente se trata de separarse, sino de saber cómo funcionaría el país”, consideró Pete, un habitante de Cardiff consultado sobre el tema.

Otro residente señaló que el debate no puede reducirse únicamente a una cuestión de identidad nacional.

“Hay gente que quiere la independencia porque se siente galesa antes que británica, pero también hay que pensar en los empleos, los servicios públicos y en cómo se sostendría el gobierno”, expresó.

El debate tomó una nueva dimensión con la alianza entre los dirigentes nacionalistas de las cuatro naciones que integran el Reino Unido. El primer ministro de Escocia, John Swinney; la ministra principal de Irlanda del Norte, Michelle O’Neill y el ministro principal de Gales, Rhun ap Iorwerth, han manifestado su respaldo a que sus respectivos pueblos puedan determinar su futuro constitucional.

En el documento firmado por los tres dirigentes se sostiene que ningún gobierno con sede en Westminster debería impedir que las naciones ejerzan su derecho a decidir sobre su futuro. Al mismo tiempo, reconocen que cada territorio mantiene una posición constitucional diferente y que los procesos hacia una eventual separación deberán desarrollarse de acuerdo con las condiciones de cada nación.

En Escocia e Irlanda del Norte, sus respectivos dirigentes han reclamado la posibilidad de celebrar referendos sobre el futuro constitucional. En Gales, sin embargo, el planteamiento es más gradual.

Ap Iorwerth, quien asumió como ministro principal galés después de las elecciones de mayo, ha descartado promover un referéndum de independencia durante el primer mandato de su partido. En su lugar, ha planteado impulsar un “diálogo nacional” que permita discutir entre la población qué implicaría una eventual independencia.

El gobierno galés también contempla la creación de una comisión nacional destinada a establecer las bases para discutir futuros escenarios de independencia.

La discusión ocurre además en un contexto de demandas para ampliar las competencias que actualmente posee Gales. Entre las atribuciones que los ministros galeses buscan transferir se encuentran algunas relacionadas con la policía y la justicia juvenil.

A nivel económico, otro de los puntos de tensión es el mecanismo mediante el cual el gobierno británico distribuye recursos entre las naciones con gobiernos descentralizados. Desde Gales se ha cuestionado durante años la fórmula de financiación, al considerar que coloca al territorio en una posición desfavorable.

La discusión sobre una mayor autonomía se desarrolla mientras Westminster mantiene su postura a favor de preservar la unión. El gobierno británico ha reiterado su compromiso con las cuatro naciones del Reino Unido y su defensa de la permanencia de la unión.

Los dirigentes de los gobiernos autonómicos tienen previsto reunirse con el primer ministro británico el próximo mes. Entre los asuntos que podrían llegar a la mesa se encuentran precisamente el reparto de competencias y el sistema de financiación de las naciones descentralizadas.

Mientras las negociaciones políticas avanzan, en Cardiff la independencia continúa siendo un asunto que divide opiniones. Para algunos habitantes, representa la posibilidad de que Gales tenga mayor control sobre sus decisiones; para otros, antes de pensar en separarse del Reino Unido, sería necesario conocer con claridad los costos y beneficios que tendría construir un Estado independiente.