La mañana debe seguir gris, novela premiada de Silvia Molina, que no se ha hecho vieja

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Con extrema sencillez, la escritora Silvia Molina acepta la entrevista. Con ella no solamente pude hablar de la que se supone su primera novela, aunque en realidad es la segunda, sino también de mujeres escritoras y de quienes le han rodeado.

¿A 33 años de distancia cómo ve y observa Silvia Molina su novela La mañana debe seguir gris?

La mañana debe seguir gris es una novela para mí muy significativa porque fue mi entrada al mundo de la literatura, al mundo de las editoriales digamos, pero al mismo tiempo, fue un libro que me regaló muchos amigos.

Curiosamente la novela sigue vendiéndose, sigue reeditándose, ya lleva muchísimas reediciones, me sorprende que no se haya hecho vieja, quizá por el lenguaje que es muy económico, espontáneo en cierta forma, pero es una novela para mí muy significativa, porque fue lo que me hizo entrar a la literatura mexicana.

¿Con ese recuerdo va junto con el de don Joaquín Mortiz, cómo lo conoció y como lo convenció para editarlo?

No lo conocía. Resulta que él había sido muy amigo de mi padre, cuando terminé la novela me acompañaron a la editorial Hugo HiriartElena Poniatowska Hugo me dijo Silvia no te vayas a desesperar porque a veces dejas un libro en una editorial y se tardan dos, tres años en contestarte si te publican o no.

Dejamos la novela con don Joaquín, fue un hombre realmente encantador, muy cariñoso y me fui a mi casa y como al mes y medio me hablaron por teléfono y entonces cuando lo hicieron dije sí me van a publicar la novela porque sino esperarían a que yo hablara y me dirían venga a recoger su manuscrito.

Así fue como me publicó la novela don Joaquín, realmente en poco tiempo y tuve mucha suerte y tuve más para que me dieran el premio Villaurrutia por esa novela.

No es que le quiera poner peros, sino sí había allí un vínculo importante que era Bernardo Giner de los Ríos.

Bernardo tampoco lo conocía, fue en la editorial y con él después vi la cuestiones de la edición, también era una gente encantadora, después me hice muy amiga de él, creo que porque en realidad la novela les gustó, porque si hubiera sido una mala novela, si hubiera sido cualquier cosa no me la publican.

¿Cómo nació la vocación por la escritura?

Es muy curioso. Mi familia nunca pensó que fuera a ser escritora, es como un milagro, porque soy disléxica y aprendí a leer en primero de secundaria, muy tarde, todos mis hermanos me querían ayudar a leer, mi mamá me quería ayudar a leer, mis maestros no sabían qué hacer conmigo, porque cuando era niña no se conocía la dislexia como tal.

Era una discapacidad y los maestros pensaban que uno era tonto y fue por lo mismo y además perdí a mi padre al año, fui una niña muy tímida, muy reservada y cuando me peleaba con mis hermanos ya que aprendí a leer en la secundaria, era más fácil para mí ponerles un recadito, explicar lo que me pasaba por qué estaba enojada que explicárselos.

Luego viajé y me gustaba mucho escribir cartas, porque podía describir todo lo que estaba viviendo, describir el paisaje, pero jamás pensé que iba a escribir, menos ser una escritora profesional.

No fue La mañana debe seguir gris mi primera novela, había escrito una antes, después de leer una de José Agustín y que me había prestado una amiga que cuando leí la de José Agustín se me hizo que era muy fácil escribir, porque tenía un estilo muy coloquial, muy fresco como si estuvieras platicando con una amiga y eso me encantó.

Además me encantó que esa novela pasara en la ciudad de México, en calles que podía reconocer, los personajes eran de la edad de mis hermanos por ejemplo, entonces podía reconocer a mis hermanos en esa novela, qué era lo que hacían cuando iban a sus fiestas, las novias, etcétera.

En ese momento empecé a escribir una novela que llamé como una canción que estaba de moda entonces, Esos fueron los días.

Mucho tiempo después entré a un taller donde estaba dando clases Elena Poniatowska y Hugo Hiriart y ahí me di cuenta que escribir no era escribir que parece coloquial o que parece fresco, hay que trabajarle entonces esa novela la rompí, pero la rompí tontamente pero a la mejor la debí haber guardado, pero salvé de ahí un artículo que un tiempo después incorporé a La mañana debe seguir gris.

¿Cuál fue la experiencia del desaparecido Centro Mexicano de Escritores?

Para mí fue una muy buena experiencia porque los maestros que tuve nada más eran Juan RulfoSalvador Elizondo y don Panchito Monterde que fue mi maestro ahí.

Don Panchito Monterde se ocupaba mucho de todos los detalles de la gramática, ortografía, redacción, siempre señalar ese tipo de cosas.

Salvador Elizondo y Juan Rulfo veían cosas más literarias respecto a los personajes, estructuras, etcétera y realmente lo bonito del Centro Mexicano de Escritores era la antesala, porque nos íbamos reuniendo en una salita que estaba antes del aula, un saloncito donde nos reuníamos.

En lo que llegábamos todos, íbamos y platicábamos mucho y siempre Rulfo era muy puntual, entonces siempre estaba ahí platicando con nosotros y no platicábamos cosas de literatura que era muy bonito, platicábamos de lo que estaba leyendo en ese momento o platicábamos cosas muy generales como de música, del acontecer cotidiano.

Para mí fue una buena experiencia en el Centro Mexicano de Escritores y me sentí muy honrada de que mis maestros hubieran sido los tres, fue muy buena experiencia.

Con la desaparición de este centro y obviamente de muchos de los que dieron clases como Salvador Elizondo ¿queda sin casa la literatura?

Bueno no sé si ahora siga funcionando el Centro Mexicano de Escritores, ya no, es una pena y también quizá porque los maestros digamos o los coordinadores del Centro, se fueron muriendo.

No sé por qué se relajaría y quizá por falta de presupuesto, es una pena porque de verdad uno necesita, cuando comienza a discutir sus textos, quien es escritor no escribía aunque esté con Juan Rulfo definitivamente.

Quien es escritor se va a ahorrar el camino, es muy curioso, pero hay ciertas cosas que no se deben hacer y en un taller lo aprendes de inmediato qué es lo que no se debe hacer en la literatura.

Me da mucha pena que ya no exista el centro, no lo sabía.

¿Cómo ve Silvia Molina el panorama de la literatura mexicana en estos días?

Muy fructífero, salieron muchos libros interesantes, hay muchos escritores, nada menos aquí en la FIL estamos viendo el premio de Margo Glantz, también a muchos escritores de mi generación les han llegado premios importantes.

El premio nacional a Gonzalo Celorio , el premio nacional a Ignacio Solares, a Carmela Zavala le dieron el premio de la ciudad de México, a Elena Poniatowska y también aquí se va a entregar el de las academias, el de la Academia de la Lengua.

Está en muy buen momento, hay crisis o no hay crisis, la literatura siempre funciona, siempre hay escritores interesantes.

De alguna manera el boom Latinoamericano benefició a la literatura mexicana.

En esa época, porque en esa época las comunicaciones eran muy cortas, no es como ahora que todo es como inmediato, sabemos qué es lo que está pasando en España, en Francia, Inglaterra, Alemania, sabemos la última novedad.

Sobre todo también con las ferias, esto no existía en ese momento, de pronto un grupo de escritores mexicanos empiezan a ser publicados en España, fue el boom y dio a conocer qué era lo que se estaba haciendo.

Ahora la Feria Internacional del Libro de Guadalajara tiene 33 años, ya no es lo mismo 33 años después, aquí nada menos que hay un salón de agentes, de traductores, ya la literatura mexicana está internacionalizada.

¿Se puede decir entonces que se ha dado un boom de escritoras mexicanas en los últimos 20 años?

Sí, te diría, pero no te diría que tampoco costó mucho trabajo, porque las escritoras de la generación de Elena Poniatowska, de Rosario Castellanos, de Luisa Josefina Hernández, incluso de Margo Glantz abrieron las puertas de las editoriales para las mujeres.

Había otras escritoras y eran escritoras importantes, nada menos que Elena Garro y Nellie Campobello digamos, pero así realmente que se hubieran promocionado más y todo, ya las puertas de las editoriales estaban abiertas para esas escritoras.

Hay muchos escritores, porque a partir del 68 hubo muchos talleres, entonces se multiplicaron los escritores afortunadamente, está bien.

¿Qué autores o autoras influyeron en su literatura?

No que estén en mi escritura, no, no tengo una influencia directa en ella, pero escritoras mexicanas a mí me fascina Los recuerdos del porvenir de Elena Garro, es un libro que puedes leer en cualquier momento y siempre encuentras a una inteligencia detrás del libro, a una historia interesante y divertida porque es un poco traviesa, al mismo tiempo que es terrible.

Rosario Castellanos con Balún Canán que es un tema que se aborda poco y en esta época se abordaba menos, era el mundo de los indígenas, tengo una novela que se llama Ascensión Tun que es más o menos de esa problemática.

Hay muchas escritoras realmente jóvenes que leo y me gustan.

¿Qué influye para que no sea, la situación económica, la televisión?

La educación en la escuela y en la casa, porque ahora los libros no es tan difícil conseguirlos ni tampoco son tan caros, durante muchos años nos enseñaron a leer cosas que no eran adecuadas para nuestra edad.

Por ejemplo además de la dislexia, leíamos a los clásicos en la primaria, era una cosa espantosa; ahora tú ves durante mucho tiempo hubo pocas editoriales de literatura infantil en México, pero ahora ya lo que hay son de sobra, hay muchísimas editoriales.

Los maestros no leen y no saben transmitirle a los niños el placer de la lectura, no la obligación, sino el placer y los padres de familia tienen poco acceso a los libros a pesar de los esfuerzos del gobierno porque el gobierno ha hecho muchos esfuerzos desde hace muchos años de tener programas de promoción de la lectura por placer para los niños.

Estaban Los rincones de lecturaLa biblioteca del aula, ha habido muchas promociones, pero nos falta más que los niños lean libros apropiados para su edad, nos falta que los maestros disfruten la lectura.

¿Algún proyecto?

Ahora no, estoy terminando de hacerle promoción a mi novela Matamorosel resplandor en la batalla y estoy cerrando el año en mi chamba, entonces ahora nada del trabajo de nada.

¿Cuál es su chamba?

Trabajo en el Instituto Nacional de Bellas Artes, soy la coordinadora de publicaciones.

Te agradezco la entrevista.