La pandemia y los derechos del humano

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La crisis es una oportunidad para reflexionar y revertir la ideología de acuerdo a la cual el crecimiento económico es el único camino para avanzar”

 

La suspicacia a dejado de ser una cortina que nubla nuestra visión y se ha convertido en la realidad que envuelve nuestro camino. Lo que antes veíamos como un tema apocalíptico, digno de una producción cinematográfica; es ahora la marea que nos conduce en el gran río de la catástrofe mundial. La contingencia sanitaria ha pasado de ser una noticia futurista a una realidad latente, las estadísticas que se esperaban alcanzar en materia de contagios han sido superadas, hemos pasado del discurso esperanzador al discurso catastrófico.

Se ha analizado la pandemia sanitaria como un tema netamente de salud y tiene su sustento, pero nadie puede negar sus terribles consecuencias sociales, económicas, culturales, educativas, legales y psicológicas. No se debe negar que un problema mundial como lo es la contingencia sanitaria ocasionada por el virus denominado SARS-CoV-2 no puede aislarse, sino que debe abordarse desde los distintos ángulos de estudio en el ser humano.

Ante ello, se debe reconocer que analizar a profundidad la problemática producto de la contingencia sanitaria, nos llevará a reflexionar sobre un elemento en común de los seres humanos a nivel global: los derechos humanos, nuestros derechos vulnerados en una situación tan emergente como lo es el virus COVID-19.

Como seres humanos, hemos visto lastimosamente las desigualdades que se han vivido y se siguen viviendo en diversas partes del mundo respecto a la forma en como se previene y se reacciona frente al virus COVID-19; hemos sido testigos directos o indirectos de como “el suelo no es parejo” y no estamos real y efectivamente en un plano de igualdad, aunque la ley da pauta a un escenario de protección sin distingos, los hechos han superado a los ideales de legalidad establecidos por el Estado mexicano.

Ante la atención y prevención de los efectos ocasionados por la contingencia sanitaria, México a caminado cuesta arriba, por un camino azaroso, turbio y empedrado; desde las declaraciones de nuestras autoridades sanitarias a nivel federal, pasando por nuestros dirigentes gubernamentales y llegando a escenarios donde se han cambiado datos, aproximaciones, consecuencias y se ha jugado con la credulidad de la ciudadanía provocando un descontento mayúsculo; pues si bien el acceso a la información pública es un derecho de todos, hemos encontrado tantas versiones de un mismo tema a nivel internacional que se llega a confrontar lo que se dice a nivel nacional o incluso estatal, y bajo este postulado el ciudadano ve violentada la esfera de sus derechos pues se vive en la incertidumbre, propiciado así la falta de credibilidad en nuestras instituciones.

En materia de salud aunque la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en su artículo 4° da certeza jurídica al acceso a la salud y su protección, máxime al ser reconocido este acceso a la salud como un Derecho Humano y por tanto, protegido a nivel internacional; en los hechos es imposible negar que los sistemas de salud se han visto desfazados ante la ocupación emergente derivada de la contingencia sanitaria, sin importar si es un servicio proporcionado por el Estado o se tiene acceso a través de las aportaciones tripartitas que establece la material laboral en beneficio de los trabajadores; nos encontramos ante un panorama sombrío pues, la disposición de insumos ha sido mermada significativamente, los espacios destinados para atención han resultado insuficientes y el balance en materia de atención por enfermedad respiratoria es desalentador, a pesar de los esfuerzos que ha hecho el personal de salud por atender esta problemática.

Esta situación nos deja un mal sabor de boca, recordemos que el acceso y protección a los servicios de salud como garantía y derecho fundamental es universal y que este incluye el acceso a los medicamentos que servirán de tratamiento a la enfermedad, ¿Qué pasa cuando dichos medicamentos no son entregados? independientemente de la causa; esto podría ser considerado una violación grave a nuestros derechos universalmente reconocidos, no se diga ya, el tratamiento que fue desplazado para atender las enfermedades crónico-degenerativas (y que en cierto sentido, encendieron los focos rojos de propagación del COVID-19 por ser grupos vulnerables); y es que al darle prioridad a la contingencia sanitaria, se ha descuidado la atención a otros padecimientos, lo que generará graves repercusiones en el sistema de salud.

No dejemos de lado que, la salud mental se ha convertido en un tema prioritario para la población derivado del confinamiento social, el resguardo en casa y la falta de interacción más allá de las cuatro paredes que bardean una casa; el desahogo, el desapego y la visión comunitaria quedan en el recuerdo y esto esta afectando significativamente no solo la interacción social, sino la salud mental de la población.

Una arista de nuestros derechos fundamentalmente reconocidos es el derecho a la educación, un tema que ha sido constantemente ventilado desde recién iniciada la contingencia sanitaria, pues en nuestro país (particularmente) no estábamos preparados para una educación a distancia en los distintos niveles académicos, ni profesores, ni directivos educativos, padres de familia, mucho menos alumnos tenían ni tienen aún asimilada la idea de una educación a distancia; lo que a significado una mayor carga de trabajo a los profesores, una formación autodidacta por parte del alumnado, y un estrés consolidado en los cuidadores de los menores de edad puesto que ni hijos y ni los padres en ocasiones, tienen la habilidad para el manejo de plataformas digitales que permitan la formación académica.

Máxime y aquí radica la vulneración de derechos, no todos los ciudadanos, ni mucho menos todos los alumnos tienen acceso al internet, o bien a medios tecnológicos adecuados para permitirse poder acceder a las plataformas digitales, lo debemos decir con toda la franqueza; hay espacios geográficos en los que no llega la luz como servicio de prestación del Estado o en su caso, no se puede acceder al pago de servicio de luz pues existe el debate entre: comer o alumbrar, que gran dilema.

Es evidente que este resulta un trecho muy grande a avanzar, la lucha es permanente por erradicar las brechas existentes, recordemos que hay comunidades en nuestro país donde los alumnos tienen que caminar kilómetros para recibir instrucción básica presencial, por eso no es muy ingenuo pensar que con la educación a distancia la brecha educativa se alargara más, no por nada se habla de deserción escolar.

Hoy necesitamos reinventarnos, reorientarnos y concientizarnos, si bien existen derechos plasmados y reconocidos en la ley, el reto ciudadano y gubernamental es hacerlos efectivos; entendemos que la contingencia sanitaria nos desubico de nuestro contexto y que ante ello el reto es hacernos más humanos, más consientes y sobre todo corresponsables de nuestra salvaguarda, tendiendo la mano como puente para que los que nos rodean también avancen.