La privacidad como el bálsamo para sanar el corazón

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La privacidad, como un derecho fundamental, emerge como un bálsamo para aliviar y sanar el corazón humano en un mundo moderno caracterizado por la constante exposición y la interconexión digital. Al resguardar la privacidad, se facilita la exploración de creencias y valores propios, elevando la consciencia y brindando la oportunidad de mejorar conductas generadas por una consciencia inferior. 

En un mundo donde la sobreexposición y la falta de límites son moneda corriente, la necesidad de espacios íntimos y privados se vuelve cada vez más evidente para nuestra salud emocional y bienestar psicológico. 

Una frase señala que, cuando corresponda tomar decisiones con relación al propio actuar, debe utilizarse la razón y la consciencia, y, que, cuándo deban tomarse determinaciones para otros, debe utilizarse el corazón, y creo que, la privacidad representa la conexión entre estos dos mundos en el que la autonomía y consciencia personal se encuentra directa e inversamente relacionada con la interacción que se tiene con el entorno.

La privacidad, más que un derecho, es un concepto complejo que se vincula con la libertad mental que a su vez, depende del componente colectivo en el cuál éste se gesta, por lo que, cuenta con múltiples elementos que permiten determinar su validez y alcances, mismos que se ajustan conforme la narrativa de la realizada en la que ésta se presente, y, si bien con el desarrollo del derecho a la protección de datos personales, relativo a controlar la información sobre sí mismas y decidir quién tiene acceso a ella, la privacidad es el ámbito sustantivo de lo que las personas deciden en torno a ellas, y actúan en consecuencia, por ello, implica la capacidad de mantener ciertos aspectos de la vida personal y la comunicación fuera del alcance de otras personas o instituciones. La privacidad abarca tres ámbitos principales en la vida de los individuos: el público, el privado y el íntimo, los cuáles a su vez, únicamente son enunciativos de una serie de componentes y elementos coexistentes en estas relaciones.

En el ámbito público, las interacciones y actividades están abiertas al escrutinio y la observación por parte del público en general, lo que puede incluir actividades realizadas en lugares públicos, así como información compartida voluntariamente en redes sociales u otros medios de comunicación. El ámbito privado, en cambio, abarca aquellas áreas de la vida y la información que están destinadas a ser protegidas del escrutinio público y reservadas para un ámbito más restringido, como la familia, los amigos cercanos o ciertos contextos profesionales. Aquí se incluyen conversaciones privadas, correspondencia personal y detalles sobre la salud o las finanzas. Finalmente, el ámbito íntimo se refiere a las áreas más profundas y personales de la vida y la experiencia humana, reservadas solo para ciertas personas o incluso para uno mismo, o inclusive, aún sin ser conocidas, percibidas, asimiladas, o, autodefinidas, esto puede incluir pensamientos, sentimientos, deseos, relaciones íntimas y aspectos de la identidad personal que no se comparten fácilmente con otros.

El artículo «The Right to Privacy» de Samuel Warren y Louis Brandeis, publicado en 1890 en la revista Harvard Law Review, sentó un primer parámetro de referencia en torno a las bases que pueden comprender la privacidad, en el marco del reconocimiento legal y filosófico del derecho a la privacidad en los Estados Unidos. En este influyente artículo, los autores argumentaron que la privacidad merece reconocimiento y protección legal debido a su importancia en la preservación de la libertad individual y la dignidad humana.

Warren y Brandeis señalaron que la invasión de la privacidad, ya sea a través de la difamación, la publicidad invasiva o la intrusión en la correspondencia personal, era una violación de este derecho fundamental. Argumentaron que la privacidad era esencial para el desarrollo del libre pensamiento, la autonomía individual y la construcción de relaciones significativas.

Este artículo no sólo se limitó a señalar que la privacidad es el derecho a no ser molestado o a ser dejado sólo, sino que pretende posicionarlo como el derecho a disfrutar la vida y, en esencia: a ser felices, ya que, estableció la conexión entre la privacidad y la libertad de consciencia, el libre desarrollo de la personalidad y la conformación de la identidad, ya que, al proteger la privacidad de las creencias y prácticas religiosas, filosóficas o éticas, se garantiza que las personas puedan vivir de acuerdo con su conciencia y su sentido de integridad personal. La interferencia en la privacidad de la conciencia, como la persecución religiosa o la presión social para conformarse, puede erosionar esta libertad fundamental.

La privacidad desempeña un papel crucial en la conformación de creencias y valores que elevan la consciencia y contribuyen al desarrollo personal, ya que, al proporcionar un espacio íntimo y seguro para la reflexión y la exploración, ´permite a las personas, descansar, definirse y reinventarse, la privacidad permite a las personas examinar críticamente sus creencias y valores, cuestionar suposiciones arraigadas y buscar una comprensión más profunda de sí mismos y del mundo que los rodea.

Este proceso de autoexploración y autoaceptación es esencial para el crecimiento personal y el desarrollo del amor propio, lo que a su vez fortalece nuestro corazón y nuestra capacidad para amar y ser amados. Además, la privacidad nos brinda la oportunidad de mejorar y corregir conductas generadas por una consciencia inferior, permitiéndonos aprender de nuestros errores y experiencias pasadas sin el escrutinio o la vergüenza pública.

La protección de la privacidad no solo es crucial para el bienestar individual, sino también para la construcción de una sociedad más justa, equitativa y compasiva. Al respetar la privacidad de los demás, se fomenta el respeto mutuo, la confianza y la reciprocidad en las relaciones interpersonales. Esto a su vez promueve la diversidad de pensamiento y experiencia, enriqueciendo el tejido social y fomentando la tolerancia y el entendimiento entre individuos y comunidades.

Además, la privacidad protege la integridad personal y la dignidad de cada individuo, salvaguardando su autonomía y su capacidad de elección en un mundo cada vez más interconectado y vigilado. Al preservar este derecho fundamental, se fortalecen los valores de lo que es humano: la libertad, la autenticidad y el respeto mutuo.

En este mes del amor y la amistad, creo que también es importante avanzar en la definición del alcance del concepto de privacidad y apropiarnos de sus valores, ya que, la privacidad emerge como un bálsamo para aliviar y sanar el corazón humano en un mundo cada vez más interconectado y demandante. Proporciona el espacio y la protección necesarios para que las personas exploren, experimenten y establezcan relaciones de manera autónoma y auténtica. Al salvaguardar la privacidad, se fomenta la diversidad y la individualidad, promoviendo así una sociedad más inclusiva y respetuosa de la dignidad humana. La protección de la privacidad es esencial para el libre desarrollo de la personalidad, la conformación de la identidad y la elevación de la consciencia individual y colectiva. Es un derecho fundamental que nos permite preservar los valores esenciales de lo que es humano, construyendo así un mundo más justo, compasivo y equitativo para todos, ya que, a partir de una creencia saneada, podremos dar forma a un mundo ideal. Hasta la próxima.