+ La Realidad Mexicana: A Mayor Militarización, Mayor Inseguridad

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La frase:

Ejercer nuestro derecho y obligación de votar, es la única vía para recuperar nuestra dignidad ciudadana.

HÉCTOR TAJONAR LOYOLA

La Realidad Mexicana: A Mayor Militarización, Mayor Inseguridad

Contraviniendo su bandera de campaña, el presidente Andrés Manuel López Obradorlejos de devolver al Ejército a sus cuartelesha militarizado al extremo al país bajo el argumento de que sólo las fuerzas armadas pueden combatir a la delincuencia por su disciplina y preparación castrense; sin embargo, la realidad nos dice que a mayor militarización el país refleja más inseguridad, crece la presencia de los grupos criminales y con ello la violencia, los delitos y las ejecuciones.

Ante un panorama tan preocupante para el futuro inmediato de la nación, el analista Héctor Tajonar, quien ha coordinado importantes proyectos culturales y políticos en México y en el extranjero, advierte a los mexicanos que ejercer nuestro derecho y obligación de votar, es la única vía de recuperar nuestra dignidad ciudadana.

En un amplio análisis que hace sobre lo que él llama autoritarismo militarizadoTajonar destaca:

Corrupción y seguridad pública están directamente relacionados con la militarización del país impuesta por el presidente que ofreció regresar a los soldados a los cuarteles, pero al concluir el quinto año del gobierno; durante ese lustro hemos podido constatar el carácter regresivo y destructor del régimen instaurado por la autodenominada cuarta transformación: Un presidencialismo autoritario militarizado. La evidencia es abrumadora y sus consecuencias, ominosas.

Tras su victoria en las urnas, el líder vitalicio de la 4T tuvo la oportunidad de reformar el Sistema Político Mexicano, paradigma del autoritarismo vigente de 1929 a 2018. En lugar de ello emprendió un ataque frontal contra las instituciones democráticas, sumado a un proceso de militarización inédito desde 1946.

López Obrador se integró así a la larga lista de demagogos, dictadores y autócratas que a lo largo de la historia ascendieron al cargo a través de la vía electoral para después asfixiar poco a poco a la democracia hasta ahogarla en la demagogia populista. Todo ello con el fin de consolidar su poder unipersonal para perpetuarse en él. ¿Será el tabasqueño la excepción a la regla?

Su desdén por las instituciones y valores de la democracia representativa empezó a mostrarse, siendo presidente electo, con la cancelación del aeropuerto de Texcoco que fue justificada mediante una consulta ciudadana sin sustento jurídico alguno, contraviniendo lo establecido en el artículo 35 constitucional.

Portada del libro El alma de México.

La irracionalidad de dicha medida, contraria al interés nacional y al desarrollo del país, sólo se explica como un acto de autoridad para cambiar la correlación de fuerzas entre el poder político y el poder económico a través del sometimiento del empresario más rico de México.

Fue una muestra contundente de la vocación autoritaria del mandatario morenista y de la forma arbitraria e intimidatoria en que ha ejercido el poder presidencial; superior al de sus antecesores durante la época dorada del sistema político de partido hegemónico no ideológico (Sartori).

El autoritarismo –esencia de AMLO y motor de su 4T– se ha ido radicalizando sobre todo después del revés sufrido en las elecciones intermedias de 2021 en que Morena perdió la mayoría calificada en la cámara de diputados, así como la mayoría de las alcaldías en la ciudad de México.

No obstantela traición de López Obrador a la democracia representativa no es fruto de la improvisación ante una coyuntura adversa sino resultado de una estrategia bien concebida y operada, calculando acciones y tiempos, con el fin de adueñarse de todo el poder mediante la combinación de cuatro factores:

El dominio de la escena política le ha permitido regodearse en el culto a sí mismo, al identificarse con el personaje de AMLO inventado por una audaz narrativa –sostén de su gobierno– que lo ha convertido en prócer de la patriapor obra y gracia de la propaganda. Imbuido de una supuesta superioridad moral, el presidente López Obrador promete, predica, miente y despotrica con absoluta impunidad desde el púlpito de Palacio Nacional.

La hegemonía comunicacional es la herramienta principal y el mayor logro de su fallida gestión. Ello incluye la capacidad de vetar a la candidata de la oposición en las dos principales televisoras del país. Un escándalo que ha pasado casi desapercibido en la opinión pública y, deplorablemente, en las autoridades electorales. Tal medida de tinte fascistoide se relaciona con el segundo factor.

El control de la Fiscalía General de la República, constitucionalmente autónoma, pero en los hechos, sometida al Ejecutivo, es un arma infalible de intimidación capaz de doblegar al más pintado de la antigua mafia del podermuchos han preferido convertirse en dóciles adeptos de la 4T. ¿Quién podría rehusarse a recibir la justicia y gracia del mandatario juarista, en lugar de su ley a secas –con  prisión preventiva oficiosa incluida–?

Por supuesto, otras víctimas del acoso y la intimidación presidencial son los periodistas e intelectuales críticos de su gobierno, así como las defensoras de los derechos de las mujeres y los defensores de derechos humanos. El contubernio con las Fuerzas Armadas es uno de los aspectos más regresivos y oscuros del régimen obradorista. La infiltración del narco en los tres niveles de gobierno del país entero sigue en ascenso. La vulneración de la división de poderes y el ataque contra los organismos. No hay imposibles, pues sólo la ciudadanía puede poner un alto a todo el retroceso democrático, este 2 de junio, ¿no le parece a usted, estimado lector?