¿La regamos?
La reunión en la Cámara de Senadores fue más bien cordial. Más de dos asuntos graves en cartera esperaban su resolución. El nuevo año que se venía minuto a minuto y hora, hoy, 23 de diciembre de 1997 era el momento de llenar las maletas para pasar Navidad y Año Nuevo en una paradisiaca isla del Caribe.
- Ton’s qué, ¿no nos echamos un brindisito?
El senador norteño le echó el envite.
- Pero de rápido porque tengo que llegar a la casa a ver si ya todo está a punto para el viaje.
- Pos vente aquí nomás a la cantina de enfrente.
Y el par de representantes populares se dirigió a El Submarino, una cantina no tan de medio pelo que estaba cerca de la Cámara.
Escogieron un gabinete alejado del mundanal ruido y ordenaron.
- Un wisquito pá mí… ¿tienes Old Parr? con un hielito y tehuacán.
- A mí, un martelito con coca, ¿cómo le llaman?, eso… París de Noche.
La cantina hormigueaba; en su mayor parte los parroquianos eran burócratas que trabajaban en oficinas del Centro Histórico y con unos pesos de más, producto del aguinaldo, se daban lujillos, como éste de beber entre semana.
- A ver si no nos reconocen.
- ¿Reconocernos? Como si fuéramos artistas. No te preocupes, en este pinche país sólo los artistas y los futbolistas son populares.
- No lo digo porque seamos famosos, sino ¿Qué tal si nos reconocen y nos echan la bronca? no creas que tengo la conciencia muy tranquila con eso de aprobar IVAS Y FOBAPROAS, nomás por consigna del patrón.
Llegó el mesero, sirvió las bebidas y con un ¿algo más? Sin respuesta, se retiró.
- ¿Y dónde vas a descansar?
- A Curazao. Ahí no habíamos ido… ¿y tú?
- Parece que a las Uropas, como dice mi suegra, pero todavía no sé, tengo que ver si Pepe pospone su examen en la Ibero.
- ¡Salud!
Los vasos chocaron y los gaznates sedientos recibieron el ámbar escocés y a la negra de la coca que transforma el coñac en casi nada.
La cantina no solamente contempla a meseros y a bebedores, también incluye a vendedores de billetes de lotería, a los boleros, a pedigüeños…
Un aseador de calzado se acercó a los legisladores:
- ¿Una boleadita?
- No!
- No, déjanos en paz (y de lado y en corto) ¿por qué? Cada que veo a estos infelices pienso en que, ¿oye, no la estamos regando?
- ¿Nosotros o el presidente?
- Mira, ese cabrón propone y nosotros aprobamos.
- ¿Nosotros? Y los diputados ¿qué?
- Pues sí. Pero ¿a poco no?, todos somos harina del mismo costal. Si tuviéramos tantita vergüenza, cada uno de nosotros íbamos y preguntábamos al pueblo.
- ¡Pá qué quieres!… No, no le rasques la panza al tigre. Salucita.
Y fuera de la cantina, un voceador presentaba el titular del diario mañanero. EL PRESIDENTE REITERA QUE MÉXICO TRANSITA POR LA RUTA CORRECTA.
