La transparencia de los algoritmos

Views: 905

En la experiencia normal de un día de interacción digital: escuchamos nuestra alarma, si tenemos rutina, la programamos en nuestra aplicación de ejercicios, realizamos nuestras lecturas matutinas, escuchamos música, leemos y escuchamos noticias, accedemos y publicamos en redes sociales, gestionamos información a través de diversas plataformas electrónicas, realizamos búsquedas en internet, nos comunicamos, combinamos algunas de estas actividades con el esparcimiento, mientras, posiblemente interactuamos con el mundo físico a través de las plataformas de navegación apoyadas por el sistema de posicionamiento satelital, realizamos alguna traducción a través de mecanismos de realidad aumentada, transferimos dinero de nuestra cuenta, adquirimos bienes o servicios, y, en el cierre del día, revisamos las novedades e inclusive, volvemos a leer, escuchamos diversos recursos de nuestra preferencia como podrían ser podcast, y, posiblemente en nuestros momento de ocio nos distraemos con videos interesantes de youtube o identificamos cuáles son los trends de Tiktok, y, si es fin de semana complementamos dicha rutina viendo películas por streaming o distrayéndonos a través del uso de videojuegos en línea.

De un simple atisbo de carácter general se puede observar cuál es el alcance de la inmersión digital de nuestras actividades, es decir, el grado de uso que se le brinda a las tecnologías en nuestras vidas, tramo en el que, se generan una serie de datos y lo más, esos datos son nuestro canal de contacto con las plataformas ya que, en función de dichas interacciones se ajustan nuestras preferencias, preferencias administradas por un algoritmo que decide qué hacer para complementar nuestra experiencia y en el cual confiamos, al grado de que pensamos que su eficacia va en función de nuestras necesidades pero ¿y si las preferencias de nuestras interacciones benefician a alguien más? ¿nosotros deberíamos saber?

Es precisamente como parte de dichas reflexiones que en el marco de la ética digital, la transparencia de los algoritmos no sólo requiere explicar su funcionalidad sino también los verdaderos intereses respecto de aquellas entidades ante las cuales nuestra información queda expuesta y resulta explotada a partir de los principales fondeadores de las interacciones digitales como lo es la prospectiva comercial, a partir de la cual la diversa venta de publicidad y de ventas a la medida logran generar el negocio multimillonario de las relaciones a través de plataformas digitales, entre las cuales, los principales promotores de esta modelo de negocio son los motores de búsqueda y servicios asociados, y, las redes sociales.

Es a partir de esas interacciones que ha empezado a surgir la necesidad de establecer las bases de la transparencia del algoritmo a fin de coadyuvar con la neutralidad de la red en la construcción de un libre espacio de expresión en el ciberespacio como parte de los elementos mínimos de la ciber convivencia, cuyos alcances quedaron expuestos mediante diversos casos, entre los cuales, el más emblemático será quizá, el de Cambridge Analytica.

Sin embargo, más allá de la administración del algoritmo, y, que ésta cumpla con determinados criterios en torno a su relación con los usuarios, llega un momento en que se vuelve necesario un compromiso todavía mayor, algo que rebase el simple aviso de las personas usuarias para distinguir entre mensajes y contenidos insertados mediante campañas pagadas, así como, generar opciones de configuración que permitan modular la experiencia de la persona usuaria con la plataforma, tanto en torno a la privacidad como a la forma en que se proporciona el servicio digital; compromiso en el que se ha vuelto necesario hacer parte de la ciudadanía en la forma en la cual los algoritmos distribuyen y gestionan los contenidos, inclusive en torno a la forma y criterios, a fin de poder identificar con claridad cuales son los recursos e intereses que subyacen a partir de cada interacción.

Como ejemplo, quisiera salir del ejemplo que pudiera resultar más extendido, como lo son las interacciones de las personas a través de una aplicación de gestión de movilidad como podría ser una aplicación tipo Waze, en la que se elige un destino y en el tramo del mismo dicho aplicativo puede optar entre la ruta más eficiente en función de un trayecto determinado, sin embargo, marca la atención cómo que más allá de la elección de la ruta con peajes y casetas, en caso de elegir la funcionalidad completa dicha aplicación sea clara en indicar si las rutas se presentan en función de un determinado beneficio económico hacia las empresas que gestionan los peajes, o, si las recomendaciones de ruta se realizan sin que exista ningún beneficio económico, ya que, llega a llamar la atención los casos en que las rutas sin peajes resultan ser las más rápidas, cortas o ágiles, con relación a las que manejan peajes, mismos que no representan una ventaja en la movilidad, sino que inclusive en muchas ocasiones se vuelven innecesarios, en detrimento de la economía del titular del dispositivo.

Es así, que en un caso como éstos, valdría la pena que dichas aplicaciones lograran incorporar no sólo los mecanismos para que la gestión de la movilidad sea eficaz en función de una serie de opciones y decisiones que hoy en día son fácilmente gestionables a partir de tecnología avanzada y eficiente, como lo es la inteligencia artificial, sino que, también se brinde transparencia en torno al alcance y funcionalidad del algoritmo para que las personas usuarias puedan identificar con claridad cuáles de sus interacciones surgen con motivo de los intereses de terceras partes y a partir de ahí generar una nueva relación de confianza y de autodeterminación de las personas usuarias de estos dispositivos, sobre todo cuando llamaría la atención que eventualmente diversos modelos de negocio estarían interesados en intervenir en dichas relaciones para generar un beneficio económico, como sucede actualmente, cuando dichas aplicaciones permiten realizar paradas que se encuentren dentro de una ruta determinada hacia una gasolinera, un restaurante o una tienda, y, que dichas medidas se agreguen a informar claramente cuáles son las rutas disponibles, cuáles son las mejores y, quién se beneficia a partir de dicha decisión.

Esto es así, ya que en la medida de que se cuente con transparencia en las decisiones en los entornos digitales, podrán romperse las burbujas que se han creado y a partir de las cuales se han creado abusos en la economía de las personas, al inscribirse en un servicio en el que en vez de usuarios, forman parte de un grupo del cuál solamente se pretende explotar a la ciudadanía cautiva que forma parte de ellos.

Es más, la transparencia del algoritmo puede ayudar a incentivar la actividad económica a fin de que, la persona usuaria con base en decisiones informadas y reales respecto de los grupos de interés que fondean las plataformas y se benefician de los datos, pueda pagar de manera responsable e informada en función de sus requerimientos, que eventualmente podrá favorecer la fidelización a partir de una gestión transparente de sus criterios de decisión, que ayude a las personas a realizar sus gastos y elecciones con base en una plataforma responsable con la información y datos personales que posee. Hasta la próxima.