LA TRILOGÍA DE LOS SENTIDOS
«A cada espíritu de progreso se le oponen un millar de mentes mediocres designadas para custodiar el pasado». Maurice Maeterlinck
Sabemos que hasta las calles por donde transitamos, tienen sentidos: de norte a sur y de oriente a poniente o viceversa, muchas son de doble sentido. Acaso por ello solemos sorprendernos cuando detectamos a personas sin sentido… y vaya que las hay.
Traigo a cuento esta reflexión debido a varios anuncios espectaculares con que me topé en una ciudad del sureste mexicano, a través de los que invitan a los jóvenes entre 18 a 20 años, a tramitar su tarjeta joven para que reciban mensualmente, $7,200 pesos, para gimnasio, libros, clases, y, ¡hasta el cine!
Me surgieron varias preguntas: ¿qué clase de jóvenes se están germinando en nuestra sociedad? ¿Tendrán algún tipo de incentivos, cuando no les cuesta nada ganar una dádiva? ¿Cuáles serán sus prioridades y metas en la vida?
No me parece una buena idea heredar a las generaciones que nos suceden, lo contrario a lo que nosotros aprendimos cuando se nos decía: busca el máximo común denominador y no el mínimo común denominador. Se criticaba a quienes no querían salir de su círculo de confort, y parece, que ahora no sólo no se les critica, se les premia.

Sería de mucha utilidad, que quienes estamos en la edad de dar buenos consejos y no malos ejemplos, hiciéramos una buena labor social como mentores de al menos un joven y les diéramos como primer consejo que lean libros y salgan fuera de la caja o de las redes sociales que alguien les ha llamado los nuevos campos de concentración.
Por lo pronto, yo pondría sobre su buró como una suerte de sus libros de cabecera, está trilogía: EL PRINCIPITO, DE ANTOINE DE SAINT- EXUPÉRY, LAS MEDITACIONES, DE MARCO AURELIO Y EL HOMBRE EN BÚSQUEDA DE SENTIDO, DE VIKTOR FRANKL.
Y también les hablaría de LA TRILOGÍA DE LOS SENTIDOS. EL SENTIDO COMÚN, EL DE LA OPORTUNIDAD Y EL DEL HUMOR.
En la vida, existen muchos aspectos que pueden influir en nuestra forma de percibir el mundo y enfrentar los desafíos que se nos presentan a diario. Entre estos aspectos, hay tres sentidos fundamentales que resultan esenciales para caminar con éxito por la senda de la existencia: el sentido común, el sentido de la oportunidad y el sentido del humor. Esta trilogía que en apariencia pueden parecer muy distintos entre sí, se complementan y fortalecen mutuamente, brindándonos las herramientas necesarias para afrontar cualquier situación con sabiduría, astucia y ligereza.
El sentido común, que siempre lo complementamos… el menos común de los sentidos, es la capacidad de razonar de forma lógica y pragmática, de tomar decisiones basadas en la realidad y en el sentido práctico de las cosas. Es el sentido que nos guía en la toma de decisiones cotidianas y nos ayuda a evaluar las consecuencias de nuestras acciones. Mantener este sentido agudo y correctamente desarrollado es fundamental evitar caer en errores y para enfrentar los problemas con inteligencia y sensatez.

Por otro lado, el sentido de la oportunidad es la habilidad de identificar el momento adecuado para actuar, de reconocer las puertas que se abren ante nosotros y aprovecharlas al máximo. Este sentido nos permite ser proactivos, estar alerta a las posibilidades que se nos presentan y tomar ventaja de las circunstancias favorables. Cultivar este sentido nos brinda la capacidad de anticiparnos a los acontecimientos y de dar lo mejor de nosotros en el momento justo.
Finalmente, el sentido del humor es la capacidad de encontrarle el lado divertido a la vida, de enfrentar las dificultades con una actitud ligera y desenfadada. Este sentido nos ayuda a relativizar los problemas, a no tomarnos a nosotros mismos demasiado en serio y a mantener una perspectiva positiva ante las adversidades. El sentido del humor es, sin duda, un bálsamo para el alma, que nos permite sobrellevar las cargas de la vida con una sonrisa en el rostro.
Por supuesto, que los sentidos fundamentales como lo son: la vista, el oído, el gusto, el tacto y el olfato, damos por descontado que siempre los estaremos procurando, para que todo ello en su conjunto, nos agudicen nuestro sexto sentido: el de la intuición.

