La vida después de la noticia Boletín filosófico del desastre cotidiano

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Hay semanas en las que abrir las noticias se parece demasiado a abrir una puerta que alguien no deja de empujar desde el otro lado. Apenas alcanzamos a leer una tragedia cuando otra ya ocupa la pantalla. Una niña violentada, un asesinato, una amenaza de guerra, un gobierno que anuncia una nueva medida de seguridad, una catástrofe climática, una elección, una mentira repetida hasta adquirir la textura de un hecho. Todo sucede demasiado rápido. Y quizá una de las características más extrañas de nuestro tiempo sea precisamente esa: vivimos rodeados de acontecimientos que, por su velocidad, casi no alcanzan a convertirse en experiencia. De ahí que esta columna se convierta en un boletín, un pequeño inventario de aquello que ocurrió mientras nosotros seguíamos trabajando, comprando, estudiando, tomando un café, esperando el transporte, mirando el teléfono antes de dormir. Porque a ver, la vida cotidiana no puede detenerse cada vez que ocurre una tragedia, tenemos que seguir viviendo. El problema comienza cuando esa necesidad legítima de continuar se transforma, poco a poco, en una capacidad para acostumbrarnos a todo, y la saturación también despolitiza, pero eso no significa que deje de importarnos aquello que ocurre, el hecho es que cada acontecimiento llega sin tiempo suficiente para convertirse en memoria, relación o pensamiento. La noticia aparece, provoca una reacción y desaparece. La indignación dura lo que dura la siguiente notificación, o el siguiente video, mientras nosotros tratamos de mantener una vida posible dentro de una realidad cada vez más difícil, el mundo continúa reorganizándose alrededor de fuerzas que rara vez alcanzamos a mirar en conjunto, tal vez por eso necesitemos, de vez en cuando, detener la corriente y mirar varias noticias juntas, porque son acontecimientos diferentes que, puestos en relación, dejan ver algunas condiciones comunes de nuestro presente, quién controla los territorios, quién define las amenazas, quién administra los recursos, quién consigue ser escuchado, quién decide qué merece nuestra atención. Permite preguntarnos qué revelan, cuando las colocamos unas al lado de otras, sobre la época que estamos habitando.

El mar que parece una postal

Primero, el clima.

El Perú atraviesa nuevamente un episodio de El Niño Costero. El ENFEN mantiene la alerta y, en su comunicado del 14 de septiembre, proyectó una probabilidad elevada de que el fenómeno alcance una magnitud extraordinaria entre septiembre de 2026 y enero de 2027. También prevé temperaturas del aire muy superiores a las habituales en la costa y condiciones de lluvia por encima de lo normal en la costa norte. El pródigo mar peruano, que alberga más de 3.600 especies marinas, está cambiando de manera radical, la anchoveta, que es base de la cadena alimenticia, se desplaza hacia aguas más profundas y frías. Y con ella desaparece el alimento de miles de aves marinas como pelícanos, piqueros, pingüinos de Humboldt. Se han reportado mortandades masivas en Chilca, Pisco, y otras zonas del litoral. La cifra que circula es de 11.000 aves y mamíferos marinos muertos solo en áreas protegidas, y aquella es una estimación conservadora. Lo que se ve en las playas es un paisaje de cuerpos famélicos, de aves que se acercan a los mercados y a los puertos buscando comida porque su mar ya no se la da. Mientras tanto, en redes sociales aparecen fotografías de playas del norte y la costa, con un mar que muchos celebran porque “parece caribeño”. El agua cambia de tonalidad, la temperatura aumenta y, para quien observa únicamente la superficie, puede parecer una anomalía hermosa., pero no lo es, es, me atrevo a decir un síntoma de colapso, el mar peruano, que debía su riqueza a la corriente fría de Humboldt, está muriendo de calor, una alteración climática puede convertirse para nosotros en una postal agradable mientras para otras especies constituye una modificación radical de las condiciones que hacen posible su existencia.

Presiento que con esto podría manifestarse de manera radical una de las contradicciones más profundas de nuestra relación contemporánea con la naturaleza, hemos aprendido a percibir el cambio climático cuando modifica nuestra experiencia estética, turística o económica, pero nos cuesta reconocerlo cuando transforma silenciosamente las condiciones de vida de aquello que no puede hablarnos.

La mujeres y niñas awajún y la geopolítica de la impunidad

El 24 de septiembre, el Consejo de Mujeres Awajún Wampis Umukai Yawi (COMUAWUY) emitió un pronunciamiento que debería sacudir la conciencia de cualquier persona que se diga demócrata. Denunciaron que ministros del gobierno peruano habían vinculado la violencia sexual contra niñas indígenas en Condorcanqui con «prácticas culturales» . Las lideresas calificaron esas declaraciones de ofensivas, y exigieron justicia para las víctimas.

No es un problema nuevo, lo vimos hace dos columnas y la historia profunda y lamentable de las niñas en la selva. Las denuncias de violaciones sexuales contra niñas awajún y wampís se remontan a décadas atrás, en 2024, las organizaciones de mujeres registraron al menos 524 casos vinculados a docentes en zonas amazónicas. Y la epidemia de VIH en la región es una consecuencia directa de esa violencia estructural, entre 2019 y 2023, se registraron 721 nuevos casos de VIH en menores de edad en Loreto, Amazonas, San Martín, Ucayali y Madre de Dios, lo que equivale al 40% del total nacional. La antropología puede estudiar prácticas culturales. La historia puede reconstruirlas. La filosofía puede preguntarse por las relaciones entre norma, tradición y violencia. ¡Pero ninguna de esas operaciones puede convertir una agresión sexual en una característica cultural de quienes la padecen! Las mujeres awajún no quieren que la violencia ejercida contra sus niñas sea utilizada para construir una imagen degradada de su propio pueblo, reclaman algo mucho más básico y, al mismo tiempo, mucho más difícil para un Estado acostumbrado a hablar desde arriba:

JUSTICIA

Durante siglos, los pueblos indígenas fueron descritos por otros, estudiados y fueron convertidos en objeto de clasificación, evangelización, administración y tutela. Ahora, cuando las propias mujeres indígenas hablan sobre la violencia que atraviesa sus comunidades, sus palabras deberían constituir conocimiento político de primera importancia, en cambio, deben disputar incluso la interpretación de aquello que están denunciando, es decir, no basta con sufrir una violencia, hay que luchar para que la propia descripción de esa violencia sea reconocida como legítima. Y mientras ellas piden justicia, algunas autoridades discuten el supuesto origen cultural del problema.

El Estado peruano decide, cada día, qué vidas merecen protección y cuáles pueden ser sacrificadas en nombre de la «cultura», del «orden» o de la simple indiferencia. La violencia contra las niñas awajún no es un problema «cultural», es un delito, y su persistencia es una decisión política. Justicia para todas las niñas y todos los niños víctimas de violencia sexual. Y que las mujeres awajún no dejen que su lucha sea denigrada, tergiversada.

Rita Parcco y la memoria que cabe en una semilla

Luego está Rita Parcco Pumapillo. La agricultora conservacionista de Apurímac fue seleccionada por la FAO entre las “100 Mujeres Heroínas en los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural”, en una iniciativa que recibió más de 600 candidaturas provenientes de 131 países. Su trabajo en la Zona de Agrobiodiversidad Paymakis contribuye a conservar más de 97 variedades de papa, además de variedades de maíz, raíces, tubérculos andinos y numerosas plantas medicinales. Más de 97 variedades de papa no son únicamente 97 alimentos diferentes, son también conocimientos, técnicas, ciclos agrícolas, relaciones con la tierra, memoria comunitaria y posibilidades futuras. La biodiversidad no vive únicamente en los bosques protegidos por una fotografía institucional, también existe en manos campesinas.

Y aquí en medio de contradicciones inevitables, surge otra, que el Perú debería discutir con mucha mayor seriedad, porque celebramos internacionalmente a quienes conservan nuestra agrobiodiversidad mientras mantenemos sistemas económicos y comerciales capaces de volver dependiente a un país de aquello que podría producir y conservar mediante sus propios territorios y conocimientos. Gustavo Figueroa escribe en el diario “Ahora”: “En 2025 el Perú importó 29,210 toneladas de papa prefrita congelada por un valor CIF de US$ 43 millones. Los Países Bajos vendieron US$ 27.5 millones —el 64 % del total— y Bélgica otros US$ 10.1 millones. Dicho de otro modo: el país que custodia más de tres mil variedades de papa le compra las papas fritas a dos naciones del Mar del Norte que no tienen una sola nativa. Y Huánuco, segunda región productora del Perú con 792 mil toneladas al año, mira pasar el camión.” Perú es un país que custodia una de las mayores agrobiodiversidades del planeta. Pero esa riqueza no se traduce en soberanía alimentaria ni en justicia para quienes la conservan. Los agricultores como Rita Parcco están en la primera línea de la defensa de la vida, y sin embargo, son los primeros en ser abandonados por el Estado.

La paradoja de esta noticia es que el país que tiene más variedades de papa que ningún otro (albergando más de 3,000 a 4,000 variedades nativas) le compra las papas fritas a Holanda. Y la mujer que conserva esa diversidad es reconocida internacionalmente mientras su comunidad sigue esperando las condiciones materiales para vivir con dignidad.

El Escudo de las Américas y la nueva doctrina del orden

Y mientras todo esto ocurre, Perú acaba de incorporarse al llamado Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por Estados Unidos para coordinar a países del hemisferio frente al crimen organizado transnacional. La incorporación peruana fue anunciada el 10 de septiembre por la presidenta Keiko Fujimori junto al secretario de Estado estadounidense Marco Rubio. La coalición reúne actualmente a 15 países. La presidenta presentó la adhesión como un avance en la lucha contra la inseguridad, y celebró la cooperación del FBI y de otros países de la región.

Pero, ¡no seamos ingenuos! Este pacto no es un “acuerdo policial” que irá a favor de la justicia, durante décadas, ese relato fue aceptado sin mayor cuestionamiento, pero, hoy, con la información al alcance de la mano, la pregunta se vuelve ineludible, sería hasta abominable, pero en última instancia debemos permanecer críticos, ¿Qué información se comparte?, ¿Quién define qué constituye una amenaza?, ¿Bajo qué mecanismos jurídicos?, ¿Hasta dónde llega la cooperación?, ¿Qué relación existe entre seguridad, inteligencia y política exterior? Mi posición y aquellas preguntas no implica negar la existencia del crimen organizado ni la necesidad de cooperación internacional, significan recordar que las políticas de seguridad también producen relaciones de poder.

En su lista de 24 organizaciones «narcoterroristas» incluye a Sendero Luminoso, lo que permite internacionalizar la represión y legitimar operaciones militares en territorios donde el Estado ya ejerce violencia con impunidad. Es la misma lógica que llevó a bombardear una pista de aterrizaje comunal en la selva peruana y llamarlo «neutralización».

El Escudo de las Américas es la internacionalización de la política de la destrucción, la coordinación de aparatos de inteligencia, fuerzas militares y empresas de seguridad para administrar el despojo y el control de los cuerpos y los territorios, que se presenta, como siempre, con el lenguaje de la seguridad y el orden (y progreso).

Venezuela, o el hito histórico de la venta descarada

Mientras el Perú se integra al Escudo, en Venezuela se consuma uno de los actos de despojo más descarados de la historia reciente. El 28 de agosto, Donald Trump anunció un acuerdo por el cual Estados Unidos obtendría control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas venezolanas distribuidas en 17 campos. La Casa Blanca detalló posteriormente que las autoridades interinas venezolanas otorgaron a North American Blue Energy Partners concesiones de

cien años sobre esos campos y que Estados Unidos obtendría derechos de gobernanza, participación económica y compra preferente de parte de la producción. El gobierno venezolano ha rechazado la interpretación de que haya cedido la propiedad del petróleo y sostiene que Venezuela conserva la titularidad sobre sus recursos, Trump lo nombró como «el mayor acuerdo petrolero de la historia», y Delcy Rodríguez como un «hito» que preserva la soberanía venezolana. Pero los términos son claros, Estados Unidos controla la comercialización, la producción y la infraestructura. Venezuela conserva la propiedad nominal, pero pierde la capacidad de decidir sobre su recurso más estratégico. Hace unos días escuché una pregunta formulada por César Hildebrandt en su noticiero, que se me quedó dando vueltas: “algún día, remoto, pero que vendrá, a alguien le preguntaran en américa latina,

¿Donde estabas el dia en que Venezuela fue comprada públicamente por los Estados Unidos?” Lo escrito es deliberadamente provocador, y precisamente por eso obliga a formular una pregunta menos retórica: ¿qué significa conservar la propiedad jurídica de un recurso cuando buena parte de las decisiones sobre su producción, comercialización e infraestructura quedan sometidas a intereses externos. Y el silencio de la región, de los gobiernos, de los medios, de las universidades, de nosotros, es la prueba de que la normalización del despojo ha alcanzado un punto en el que ya no necesita justificarse. Se hace, y punto.

Es cierto eso de que hemos aprendido a pensar la soberanía como una bandera, un himno y una frontera, pero la soberanía también está en quién controla la energía, quién administra los recursos, quién decide dónde se invierte, quién compra la producción y quién establece las condiciones bajo las cuales un territorio puede disponer de su riqueza. La historia del imperialismo latinoamericano nunca fue únicamente una historia de ejércitos, fue también una historia de contratos.

La guerra posible (y la que ya está aquí)

Robert D. Kaplan, el estratega conservador que durante décadas asesoró al establishment estadounidense, publicó el 21 de septiembre un artículo en The New York Times que ha sido leído como una advertencia sobre el riesgo de que Washington vuelva a interpretar a China mediante categorías equivocadas. Su argumento parte de una larga historia de errores de percepción estadounidense: la subestimación de Mao, la incomprensión del triunfo comunista chino, la posterior apertura de Nixon y Kissinger y el desplazamiento progresivo de China hacia una posición de potencia global. Kaplan sostiene que el problema contemporáneo exige reconocer el peso real de China y evitar que la competencia termine convertida en conflicto militar.

Taiwán ocupa un lugar central en ese dilema, ya que China considera a Taiwán parte de su territorio y ha dejado claro que busca la reunificación; Estados Unidos mantiene una política de apoyo a la defensa de Taiwán sin reconocerlo diplomáticamente como un Estado independiente. Esa ambigüedad estratégica puede funcionar como mecanismo de disuasión, pero también contiene el peligro de un error de cálculo. Kaplan plantea una cuestión particularmente inquietante, y es que una guerra entre Estados Unidos y China por Taiwán sería un conflicto de una escala radicalmente distinta a muchas de las guerras que hoy ocupan nuestra atención.

Y quizá aquí deberíamos detenernos, porque mientras seguimos las noticias de Gaza, Ucrania, Irán, Sudán y otras guerras que no han dejado de existir simplemente porque nuestra atención haya cambiado de lugar, otra posibilidad de conflicto se construye alrededor del Pacífico. No busco hacer una jerarquización, la atención es un recurso escaso, y los medios, y los algoritmos, deciden qué merece ser visto y qué puede ser ignorado. La guerra que se viene y que vivimos, además de tener consigo misiles, tiene la atención, la capacidad de nombrar lo que importa antes de que sea demasiado tarde.

Coda

Hay una fatiga que no proviene del trabajo, sino de la dispersión. No es el cansancio del cuerpo que ha hecho algo hasta agotarse, se parece más al de la conciencia que ha sido arrastrada de un horror a otro sin poder detenerse en ninguno. Ese cansancio es un régimen de percepción, un orden que necesita que miremos mucho y veamos poco, que reaccionemos rápido y comprendamos despacio, que confundamos la indignación con el pensamiento. El presente se vuelve una sucesión sin sedimentación, y cuando nada sedimenta, resulta más difícil reconocer las estructuras que permanecen. Y eso tiene consecuencias políticas, gigantescas, por ejemplo la violencia puede aparecer como una suma de episodios, la desigualdad, como una colección de historias particulares, la devastación ambiental, como una anomalía climática, la desinformación, como una serie de mentiras aisladas. Cada hecho conserva su gravedad, pero pierde el vínculo con los demás, y entonces la realidad termina fragmentada en acontecimientos que conmueven por separado y que, precisamente por estar separados, dejan intacto aquello que los hace posibles.

Recordar es conservar las relaciones entre las cosas cuando todo alrededor parece empujarnos hacia el olvido. Y quiero escribir algo importante, que quizá nos cueste comprender, y es que la normalización no consiste necesariamente en dejar de sentir, a veces consiste en sentir demasiado, durante poco tiempo. En indignarnos por una muerte esta semana y quedar disponibles para la siguiente indignación la semana siguiente. En asistir al espectáculo permanente de la catástrofe sin alcanzar a preguntarnos qué condiciones hacen posible que la catástrofe se reproduzca.

No hay aquí una promesa de salvación, quien espere encontrar aquí una promesa de salvación, no la encontrará, yo no escribo para consolar ni para convocar a una epifanía política que nunca llega. Escribo porque el registro es una forma de la memoria, y la memoria, cuando se sostiene, se vuelve una fuerza material, no la fuerza que derriba gobiernos, esa es otra cosa, y no depende de columnas, sino la que impide que una sociedad se mienta a sí misma sobre lo que está pasando. La que mantiene abierta la pregunta por lo que somos capaces de tolerar.

Sintonía

Comfortably Numb

Esta semana sí hay canción. Hay columnas que se escriben con música y columnas que exigen silencio. La semana pasada pertenecía a las segundas, esta, en cambio, encontró su banda sonora sin buscarla. Y es que quizá no haya una canción más precisa para acompañar este boletín que Comfortably Numb, escrita por Roger Waters y David Gilmour, salió en 1979 como parte del álbum The Wall de Pink Floyd, y se publicó oficialmente como sencillo el 23 de junio de 1980, esta canción hablaba ya desde la alienación del cuerpo y la conciencia convertidos en algo capaz de soportar el dolor mediante el entumecimiento. Casi medio siglo después, Waters la reimagina junto a la cantante palestina Mona Miari. La canción incorpora versos en árabe, nuevas referencias a Palestina y Gaza y, sobre todo, modifica su frase central, donde antes se decía “I have become comfortably numb”, ahora se escucha “I will never become comfortably numb”.

El tiempo verbal cambia, y con él la posición del sujeto, desde la anestesia consumada a la resistencia como promesa.

La canción no resuelve nada. Pero nombra, en nueve minutos, lo que este boletín intenta sostener en palabras, que la resistencia empieza por negarse a la comodidad de no sentir. Ṣumūd, dice Waters al final. Firmeza. Perseverancia en la tierra. Una palabra que, traducida, significa exactamente lo contrario de comfortably numb.

https://youtu.be/WBmrT3uqmeM?si=Mtu_BDrsW3rncA5F

Breves referencias

Agencia Peruana de Noticias. (2026, 28 de septiembre). Fenómeno El Niño: calor en la costa alcanzará «nuevos récords» hasta el 2027, prevé ENFEN. Andina. https://andina.pe/agencia/noticia-fenomeno-nino-calor-la-costa-alcanzara-nuevos-records-hasta-2027-preve-enfen-1093869.aspx

Business & Human Rights Resource Centre. (2026, 14 de septiembre). Independent External Monitoring  of  Nestlé’s  Cocoa  Supply  Chain  in  the  Ivory  Coast. https://www.business-humanrights.org/

Congreso de la República del Perú. (2026, 11 de marzo). Consejo de Mujeres Awajún Wampis exige justicia, atención y reparación para víctimas de violencia sexual en Condorcanqui ante la Comisión de Pueblos. https://comunicaciones.congreso.gob.pe/

EFE. (2026, 10 de septiembre). Keiko Fujimori y Marco Rubio confirman el ingreso de Perú al Escudo de las Américas. https://efe.com/mundo/2026-09-10/peru-eeuu-keiko-fujimori-marco-rubio-crimen-escudo-americas/

FAO. (2026, 3 de septiembre). FAO reconoce a peruana Rita Parcco como ‘mujer heroína en sistemas agroalimentarios’. Andina. https://andina.pe/

Figueroa, G.(2026) Huánuco siembra la papa y Holanda cobra el negocio. Diario Ahora, opinión. https://ahora.com.pe/opinion/huanuco-siembra-la-papa-y-holanda-cobra-el-negocio

Infobae. (2026, 17 de julio). Fenómeno del Niño causa mortandad masiva de aves en la costa de Pisco. https://www.infobae.com/

Instituto Nacional de Innovación Agraria. (2026, 3 de septiembre). MIDAGRI: Peruana Rita Parcco fue reconocida entre las 100 Mujeres Heroínas en los Sistemas Agroalimentarios y el Desarrollo Rural por FAO. https://www.gob.pe/

Kaplan, R. D. (2026, 21 de septiembre). A Miscalculation Over Taiwan Could Bring the US and China to War. The New York Times. https://www.nytimes.com/

Los Tiempos. (2026, 28 de septiembre). «Es un mentiroso patológico»: El Washington Post publica perfil de Cerimedo y cuestiona su formación. https://www.lostiempos.com/

RTBF. (2026, 31 de agosto). Venezuela: l’Assemblée nationale approuve l’accord pétrolier conclu avec Washington. https://beta.rtbf.be/

RTVE. (2026, 10 de septiembre). Keiko Fujimori confirma el ingreso de Perú al Escudo de las Américas y Marco Rubio vuelve a augurar una «era dorada». https://www.rtve.es/

Swissinfo. (2026, 28 de agosto). Empresario argentino amigo de Fujimori demanda a medio peruano y pide un millón de dólares. https://www.swissinfo.ch/