Las castas al diván

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Nos habíamos choleado tanto, es la original y aguda paráfrasis del clásico del cine italiano que da nombre a uno de los más insignes trabajos del psicoanalista peruano Jorge Bruce, un relector ejemplar de las doctrinas Freudianas que, en aquel título publicado en 2007 bajo el subtítulo de Psicoanálisis y racismo, regalaría al público un axioma importantísimo para entender el fenómeno: el racismo peruano, haya tanto su génesis como su posible perecer, en la consciencia colectiva.

Quien pretenda pensar al fenómeno necesita generalidad y profundidad en su empresa para cumplir con el requisito de tener un buen sustrato, pues hundir el pensamiento en la sociedad peruana presupone conocer su fisionomía, sus usos y sus costumbres. Así, evitar colocar definiciones e ideas que, por haber funcionado en circunstancias distintas, también tendrían que hacerlo en la del Perú se hace obligatorio, y el tributo quedó más que bien pagado cuando se articularon los cuatro ejes del pensamiento de Bruce sobre el racismo peruano a la medida de su patria. Estos, son La alteridad perturbada, Racismo y psicoanálisis, La Racialización de la cuestión estética, y El afecto Racial.

La alteridad es un aspecto inherente a las sociedades sin las que, estás mismas, no podrían denominarse así, y contravenir a este mandamiento de las ciencias sociales supone negar que la última vez que se pretendió abolir la alteridad, la humanidad vivió un cuento de hadas con 100 millones de muertos. Por lo demás, reconocer que nada gana un grupo social vociferando sandeces es necesario para no exagerar. Algunos íntimos e ínfimos círculos medularmente racistas no imposibilitan la conjunción de todas las sangres, pero los 201 años de lastre y de enquiste del fenómeno en el cuerpo del Perú, sí. Por esto Bruce sostiene que implicar orden natural y psique colectiva supone perturbar la alteridad y sepultar el entendimiento de la diversidad peruana. El resultado es haber erigido dos fenómenos que, con el pasar de los años, han hecho del desentendimiento y el repudio algo cotidiano, haciendo que las castas menos favorecidas se críen y crezcan sumamente resentidas, y que las más acomodadas tapen su remordimiento con hipocresía hasta asfixiarlo.

Del racismo y el psicoanálisis hay que decir que nada más potente explicativamente del primero para con el segundo, es el concepto de superyó, pues permite sistematizar también de forma pertinente al mapeo, el fenómeno psicopatológico de la vida cotidiana más relevante sobre el asunto. Producido siempre desde la clase de hombre amanerado y pobrísimo en ideas sobre el Perú hacia la mayoría mestiza o indígena, el mapeo comienza por concretar el bochornoso espectáculo internacional de aceptar y someterse a la discriminación en lugar de denunciarla masivamente, perfilando un superyó bajo la influencia del cual no cumplir la requisitoria de buen parecer justifica el maltrato o la aceptación. Dicha requisitoria es un filtro compuesto por cuatro factores a satisfacer de la mejor de las formas: poseer rasgos físicos estéticamente canonizados por las masas, haber sido educado bajo la opulencia de los colegios privados, gozar de un nivel no cultural sino socioeconómico basto y elevado, y lógicamente, no tener orígenes cercanos a las comunidades nativas o indígenas. Por lo demás, sus consecuencias son enfermar de un etnocentrismo envidioso a quien lo sufre, y normalizar que, para sobrepasar el mérito de los que con poco hacen mucho, es justo y necesario fulminar su autoestima.

Por su lado la racialización de la cuestión estética y el afecto racial nos ofrecen terribles baldazos de agua fría acerca de los estratos subyacentes al iceberg de la realidad peruana, hundiendo en nuestra conciencia preguntas como: ¿tiene, acaso, la población mestiza e indígena cabida en el ámbito publicitario en programas que no sean del gobierno?, o ¿el uso de diminutivos como cholito o negrito es, realmente, una muestra de sincera empatía y amistad o es más bien, racionalizar para camuflar con hipocresía las convicciones visceralmente racistas de las que se puede estar enfermo?. Concretamente, los resultados de estas dos partes del fenómeno general, suelen asomarse en el día a día con expresiones del tipo: Las oportunidades están ahí para todos. Sólo que ellos, los cholos, generalmente no aspiran a buscarse un sitio en el mundo televisivo por acomplejados así que es su culpa, o aunque sus vidas me dan pena y no entienden que ellos nunca van a progresar, ¡yo amo la diversidad de mi Perú!

Como se habrá visto evadir la cuestión racial en cualquier momento de la cotidianeidad peruana es algo sumamente complicado. Los estragos del racismo siempre terminan saliendo a flote de una forma u otra. Las limitaciones y arbitrariedades del fenómeno siempre afloran en son de tristeza o impotencia en nuestras conversaciones diarias.  Y es que, pasa que las sociedades infestadas de individuos sin ninguna región sana de la triada mental freudiana, se condenan a comprender, a base de impactos de realidad, que toda unificación nacional sin cultivo del espíritu, es imposible.