LAS TELARAÑAS DE CASA Y LA PELUSA DEBAJO DEL SOFÁ
En esta sociedad de la inmediatez y de lo viral, así como virus que se propaga con velocidad, así se propagan las noticias a través de las distintas redes sociales. En días recientes los toluqueños hemos tenido en el ojo del huracán al CTE (Centro Toluqueño de Escritores) y para ser sinceros, no por los motivos que nos gustaría, gracias al apoyo de los likes y compartidos se dio a conocer que su permanencia está en peligro, debido a los intereses que persigue el Ayuntamiento de Toluca al pedir el desalojo del inmueble sin una causa justa.
Esta noticia como toda información se convirtió en una espada de doble filo, por una parte ayudó a que otros escritores se sumaran a la causa, periodistas, gestores culturales y gente del grupo de letras, mostrando que la literatura teje redes de amistad y compañerismo, por otra parte mostró a la sociedad que, en Toluca, hay un Centro Toluqueño de Escritores, por donde han pasado tantas y tantas veces sin darse cuenta, no sólo es una librería como se aprecia a simple vista, sino que en su segundo nivel se reúnen escritores cada martes, viernes y sábado, desde poesía, cuento y narrativa son los géneros que en ese lugar se trabajan, que en su sótano se encuentra un pequeño salón en donde se presentan obras de teatro, presentaciones de libros, exposiciones de artes, eventos musicales, danza etc.
Sin embargo, no es la casa en su totalidad, hay que hablar de la enseñanza que nos deja este acontecimiento, no nada más es describir la casa con sus cortinas nuevas, hay que hablar de sus telerañas y polvo bajo el sofá, es decir de lo que este evento nos permite reconocer, primeramente que debemos hacer viral al Centro Toluqueño por causas loables antes que por necesidad, es hacerlo viral por su labor, por la gente que en ese lugar se esta formando, por su alcance en toda la Republica Mexicana, su valor histórico, reconocerlo no como un espacio más, sino como parte de nuestra identidad toluqueña, de la gran labor que realizan desde quienes coordinan, hasta de quienes imparten talleres, porque es lamentable reconocerlo, pero no falta quien minimiza el trabajo de escritores locales.
Es una invitación a los toluqueños a que seamos mas perceptivos, en ocasiones caminamos nada más por inercia, sin notar lo que sucede a nuestro alrededor, tantos espacios abandonados tiene Toluca, porque la atención de su gente se reduce a los portales, la alameda, al teatro Morelos, a la plaza de los Mártires, al cosmovitral, contrario a los que sucede en otros espacios, basta con pasar un sábado o domingo por la calle de Juárez, frente a la Casa de las Diligencias a cargo de la UAEMéx, hay actores de teatro bien caracterizados en la entrada invitando al publico a pasar, les dicen que la función ya casi empieza y que es gratis, aun con todo eso hay gente que pasa de largo y sin tener otro plan deciden ignorar la invitación.
No tendríamos que esperar a ver las cosas desaparecer para que les demos visibilidad. Una enseñanza más para los escritores, debemos leer a nuestros escritores locales, darles voz, es decir, leernos entre locales, citando a algunos, es un verdadero deleite leer la poesía de Dionicio Munguía, escritor que ha publicado la mayor parte de su obra en Toluca, y que decir del fundador del CTE (Alejandro Ariceaga) tiene una basta narrativa, nos muestra a Toluca tan bella como cualquiera, como él mismo la plantea en su libro. El gran ensayista mexicano José Emilio Pacheco en su carta a George B. Moore, le habla de la importancia de leer a otros, No leemos a otros, nos leemos en ellos, esta frase muestra la importancia de leer a otros escritores, es preciso que entre escritores locales nos leamos y demos difusión a nuestro trabajo. Aparte de que la voz de los escritores sea escuchada y el CTE no sea desalojado, sin duda nos espera una labor grande a los ciudadanos sobre apoyar la cultura del municipio, a los escritores nos toca darle valor al trabajo y difusión al CTE, todas las actividades que surgen en ese espacio.

