Las trizas de los vestidos reales

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Cada una de ellas se veía radiante, luciendo sus mejores vestidos, caminaban con la cadencia de las olas marinas y una belleza de impacto, como flores recién abiertas a la primavera. Y yo, con mi sencillo ropaje, feliz, entrevistando a todas, para el periódico, Poder Edomex. Escucharlas hablar, era como oír un concierto celestial, no se podía esperar más de las protagonistas de los cuentos de hadas más famosos de todos los tiempos.

Eran las siete de la noche. Nos encontrábamos en un castillo, en el interior de un bosque encantado, rodeado de flores que hablaban y árboles que escuchaban, con la música más hermosa de jilgueros y ruiseñores. La luna estaba encendida y las estrellas nos  susurraban poemas en el oído. Las luces de los luceros cambiaban de color. Eran los colores del arcoíris los que nos mostraban, uno a la vez, todos los luceros juntos. 

Intercambiábamos impresiones sobre el tema tan complejo de la vida. Cenicienta, Blancanieves, Ariel y Bella. Esto fue lo que dijeron.

 

Cenicienta:

La vida es como un sol, que se va asomando poco a poco, a veces triste, cuando hay niebla, pero al final, todo se esclarece, en los cristales de la existencia. Cuando sale el sol en todo su esplendor, nos deja ver su rostro dorado por completo. 

Así, cada individuo, vamos paso a paso en la escalera de la vida, hasta alcanzar nuestra mejor versión, la que brillará en todo momento, con el fulgor del alma y el corazón y que, quedará grabada con la tinta del recuerdo en el libro mágico de nuestra historia.

Blancanieves:

Yo concibo la vida como una semilla de manzana que germina, hay que cuidarla, regarla y abonarla, para que crezca saludable, enderezarla si hace falta con mucho amor y cuidado, para que no tuerza su tallo y podamos disfrutar sus deliciosos frutos, lejos de las Maléficas de la vida.

Bella:

Para mí, es una nota musical llena de misterio y magia, donde no todo es lo que parece, hay que irla descifrando conforme la vamos bailando y escuchando. Dejarnos llevar por su armonía envolvente. Sintiéndola desde el alma, hasta que se termine y nos deje un sentimiento de satisfacción y alegría. La mejor manera de disfrutarla es bailándola con la persona correcta, la que nos hará vibrar y sentir que estamos vivos.

Ariel

Yo, puedo ver a la vida,  como un inmenso mar de grandes posibilidades, que va de frente buscando en sus  aguas, a alguien que quiera meterse en ellas y encontrarse con un mundo de experiencias y emociones de distintos colores. Depende de cada uno, arriesgarse a adentrarse en sus profundidades o quedarse viendo en las orillas. 

Quiero decir, con esto de los colores, que puede ser que no todo sea tan bueno como lo esperamos. A la gran mayoría, no nos gusta lidiar con complicaciones, ni resolver situaciones que son más difíciles que una ecuación matemática, pero, precisamente estás dificultades son las que nos darán la codiciada flor de la sabiduría, la que iremos cultivando  poco a poco y día con día, para vivir mejor nuestra vida.

Jazmín 

Pienso que la vida es como un pájaro que vuela buscando su libertad, sin cadenas ni grilletes que le impidan continuar su rumbo, con las alas de la determinación, que lo llevan hacia la cumbre del cielo de la creatividad y la inspiración, de las metas y los sueños, de la satisfacción y la autorrealización. 

No siempre hay que tomarla tan en serio ¿Saben por qué?

Porque la vida, también la podemos ver como un vaso con agua, que bebiéndola o no, termina por acabarse y consumirse, así que mejor bebamos y disfrutemos de ella, conforme se nos va presentando.

En eso estaban todas las princesas, y yo, junto a ellas, escuchando las melodías de su voz,  en un ambiente cálido y muy familiar. Dejaban ver, que no solo eran unas caras bonitas y unos cuerpos perfectos, sino que también eran muy inteligentes en los temas de la vida.

Seguíamos en la plática, cuando, de pronto,  se sintió un viento terrible, que rompió todas las ventanas del castillo y abrió todas las puertas, despeinando a las princesas, haciendo volar sus vestidos, convirtiéndolos en trizas y  elevándolas por los techos. Yo no me elevé tanto, porque mi vestido, no tenía tanto vuelo, pues no era de la realeza. 

Después de unos segundos, que se hacían eternos por el terror que estábamos pasando, se escuchó un estruendo gigante que casi nos rompía los tímpanos. Era el aviso de que algo más grande y aterrador estaba por suceder.  De repente, un asteroide gigante choca contra la tierra, ocasionando una gran explosión y acabando con todo a su paso. Vida humana, silvestre, vegetación,  todo, absolutamente todo, lo extinguieron las voraces y gigantescas llamas de su fuego.

Afortunadamente, a las princesas, no les pasó nada, que no fueran chipotes, raspones y moretones por todos lados, al igual que a mí.

Después de la terrible catástrofe, y ya un poco más tranquilas, se reunieron conmigo nuevamente para meditar y hablar de lo sucedido y así finalizar con el tema de la vida. Llegando a la conclusión, de que la vida, es como un reloj de arena, en que los minutos, poco a poco se van agotando, hasta desaparecer, algunas veces, de golpe, sorpresivamente, como lo ocurrido con la caída del asteroide gigante, que llegó de la nada, dejando sin vida a todo lo que encontró a su paso.

Por último, nos dejaron un mensaje, basándose en lo ocurrido cerca del bosque, donde se reunían las princesas, que decía lo siguiente: No desperdiciemos nuestra vida, vivamos cada día como si no hubiera un mañana. No sabemos cuándo se pare el reloj de nuestra existencia. Lo mismo que con él siniestro que nadie esperaba. La vida es impredecible.

Disfrutemos su sol, cuidemos su semilla, bailemos su música, mojemonos con su mar, levantemos nuestras alas como las aves para recorrer su cielo y bebamos toda el agua que nos brinda el vaso de la vida, sin dejar una sola gota por beber. Vivamos, que la vida es bella y es ahora.

Y tú, ¿qué mensaje vas a dejar sabiendo que el meteorito te va a llegar?

Informó para ustedes, desde Toluca, estado de México, la corresponsal, Inés Sánchez Rico, para nuestro periódico favorito: Poder Edomex.

Hasta la vista.