Libros polémicos
Lo que sucede con los libros de texto gratuitos de la Secretaría de Educación Pública es una muestra más de lo que sucede en muchos espacios de nuestro país: ocurrencias.
Saltan a la vista una serie de inconsistencias que permiten a cualquier persona con un poco de formación pedagógica, hacer críticas sustentadas en el conocimiento mismo y en los procesos de comunicación de la información en las aulas escolares.
Desde el proceso acelerado y al vapor de la modificación de los textos, hasta la falta de pago a los colaboradores y sin el respaldo de especialistas; versa el adagio que cuando algo inicia mal, seguramente acabará mal.
Citando al clásico, con todo respeto, no es posible que se legitime el uso de expresiones como dijistes o trajistes, y mucho menos tratar de justificar su uso aludiendo a usos y costumbres; en los procesos educativos, se debe partir del ideal, de lo correcto, del ejemplo y del deber ser.
Y que decir de la aseveración de que Mercurio y Júpiter no son panetas sino planeras, Saturno y Urano están en la misma órbita que la tierra o la puntada de buscar que los niños de quinto año de primaria, simulen erecciones, menstruaciones y eyaculaciones.
Otra más, ahora resulta que Benito Juárez no nace el 21 de marzo, como todos suponíamos; no, los nuevos libros aseguran que nació un 18 de marzo.
Pero ahí no para la cosa, expertos señalan que la reducción de contenidos sobre matemáticas es cercana al 80% de lo que se tenía antes, ¿cómo esperamos generar capacidad de razonamiento sin el uso de una de las disciplinas más importantes en la ruta de aprendizaje?
¿Queremos más?, se confunde a Querétaro con Guanajuato y viceversa en los mapas ahí plasmados.
Pero lejos de aceptar las cosas, se minimizan los errores llamándoles áreas de oportunidad, además de justificar los gazapos con el argumento de que los libros de texto han venido con errores desde hace ¡87 años! Sin duda, eso nos debe consolar.
Hay cosas rescatables, pues hay un intento por recuperar el trabajo por proyectos, sin duda una de las metodologías más pertinentes en la construcción de aprendizajes, esto resulta dentro de todo positivo; el problema es que son tantos los proyectos que se plantean, que resulta operativamente imposible cubrirlos todos y en ese ejercicio de selección, se pierde homogeneidad en los procesos de enseñanza-aprendizaje en las aulas.
Siempre se agradecerá la voluntad del Estado por dotar a los estudiantes de materiales para la consolidación de los aprendizajes, el libro de texto gratuito es una herramienta que favorece la asimilación y construcción de saberes, sin embargo, éstos deben de cubrir con una serie de requisitos mínimos para garantizar que lo ahí socializado, corresponda a la realidad.
No todo está perdido, en un comunicado, la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) ofreció al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador su colaboración de sus más de tres mil científicos e investigadores para revisar y elaborar propuestas para subsanar las fallas.
Me parece que fue un tema de voluntad política, ¿por qué no recurrir a quienes saben?, ¿por arrogancia?, ¿por alguna otra intención?
Es un verdadero misterio sin resolver.
horroreseducativos@hotmail.com

