Los años y las obras de Gustavo Sainz y su vida en EEUU como maestro

Views: 1524

Autor de 21 novelas, la 22 se publica en unos tres meses más, Gustavo Sainz, el inolvidable autor de La princesa del Palacio de Hierro, ahora de 67 años de edad, está más vigente que nunca, es maestro de una Universidad de EU, se mantiene como un magnífico gourmet, dirige revistas y sobre todo, se acordó de nuestra amistad y me concedió una entrevista en la Fil de Guadalajara.

Hoy quise publicar esta primera parte de la última entrevista que me concedió, ya que Gustavo falleció el 26 de junio de 2015. Está próximo a cumplir 5 años de muerto físicamente. Ahí, en el stand de Solareditores, con la amabilidad de Alejandro Zenka, director de la editorial y de su publirrelacionista Laura Rojo, charlamos y esto fue lo que me dijo:

¿Por qué no se advierten influencias de autores mexicanos en su literatura?

Tú crees que no se advierten, creo que sí.

Empiezo a escribir Gazapo, es una novela urbana porque todas las novelas que había cuando tenía 20 años, eran de la Revolución, rurales y del campo. Vivía en la colonia del Valle en la Ciudad de México y ni siquiera había visto una vaca.

Hice la novela que no había, la novela de los jóvenes, que eran de la Ciudad de México, es parte entonces del grupo de novelas que se conocen sobre México.

Después en el año 82 fui a Estados Unidos como profesor universitario y publiqué muchas novelas, pero todas siguen tratando de México, muchas de ellas tienen que ver con novelas mexicanas, por citarte alguna, se llama La salud de la serpiente que se trata de un joven mexicano que va a la Universidad de Iowa, se enamora de una muchacha italiana, sabe del movimiento del 68 aquí en México.

Uno de sus amigos mexicanos, que es atrapado en la noche de Tlatelolco, logra escapar y se va a estudiar a Francia, por cartas conoce el movimiento estudiantil de Francia y a la vez está escribiendo una novela que compleja, que se llama Obsesivos días circularesCarlos Fuentes hizo una novela que se llama Diana la cazadora solitaria y que él está en París y sabe del movimiento de México por carta.

Se enamora de una muchacha francesa, esa muchacha francesa se muere, se suicida y él va al lugar donde ella nació, que es Iowa, a la vez recorre, las calles que recorro en mi novela, a la vez está escribiendo una novela que es Terra Nostra, que es la más ambiciosa que la suya, de manera que los dos libros son o están como emparentados.

Además en la novela de Fuentes al comenzar invita a William Styron un escritor norteamericano a tomar una copa en una cantilla que se llama La Ópera que está en el Centro Histórico de México.

Esto es la literatura mexicana por ser excelencia, Carlos Fuentes que nació en Panamá donde sus papás eran embajadores de México, dice que él no es mexicano por destino sino por vocación, yo soy de las dos maneras, por destino, nací en el DF y por vocación, porque no lo olvidó nunca y sigo enseñando la Literatura Mexicana en las universidades.

Lo que pasa es que trato de estar siempre adelante, entonces por ejemplo en Gazapo es la primer novela mexicana donde hay una grabadora, donde se usa el teléfono como parte de la narración, donde se oye la música que se escuchaba en esa época.

O en este ejemplar que traes de La novela virtual es el correo electrónico, como se usa en nuestros días, las escuelas de verano, en los Estados Unidos a donde por cierto aquí hay mucha gente de Guadalajara va a esas escuelas de verano. Es una manera distinta.

¿Cómo pesó o cómo influyó en el lector el hecho de tener influencias teutonas?

No te puedo decir eso, por ejemplo Gazapo se tradujo a muchos idiomas, se tradujo a 14, mi segunda novela que se tradujo mucho fue La princesa del Palacio de Hierro a 22 idiomas.

De manera que los escritores europeos si leo la literatura de todo el mundo y en los idiomas que puedo leer, pero te voy a contar una historia. Un día en la biblioteca de la Universidad de Nuevo México vi a un señor que me pareció conocido y me acordé que era Gianmarie D’chio, un narrador francés que su primera novela se llama El Proceso verbal que a mí me parece una obra maestra.

Me acerqué a él, me identifiqué y le dije también soy novelista, soy de México, me dijo cómo te llamas, Gustavo Sainz y me dijo acabo de leer Compadre lobo, pero cómo lo acabas de leer, cómo lo conseguiste, me dijo me lo prestó Claude Simon que ese año había ganado el premio Nobel.

Me pareció increíble que un escritor que admiro mucho, que vive en Francia, que ni siquiera sospecho que pueda leer en español, haya leído una novela mía y que además le guste y se la recomiende a otro escritor, piensas que estás en un nivel de creación, universal, no local, para nada, sino que estás en todas partes.

Pero no se crea que Gustavo es un personaje totalmente Palacio, por decir algo, sigue igual, con sus costumbres, metido en la modernidad, pero ataviado con su chamarra de mezclilla.

¿Es novelable aún en este 2007 la Ciudad de México?

Como ninguna otra. Es una ciudad llena de energía, me están diciendo que ya tiene 20 millones de habitantes, pero es donde pasa todo, donde va a caer todo, acabo de hacer una novela que, por primera vez, se trata de la ciudad de México, sino de una universidad norteamericana y de un profesor que enseña literatura francesa, en fin trato de hacer un poco de distancia, pero todavía está ahí mucho de la experiencia que viví en mis primeros 50 años de vida.

¿Cómo observa Gustavo Sainz a la juventud del 2000 a 2007?

Todavía un poco desconcertada porque el advenimiento de las técnicas parece alejarla de nuestras maneras de ser y de consumir cultura. Me dicen que no se venden tantos libros como antes, hay menos que antes, pero de eso no tienen la culpa los jóvenes sino las megaempresas editoriales contemporáneas que producen una especie de basura comerciable, narrativa, que no tiene que ver con la literatura para nada.

El hecho de que se presenta Álvaro Mutis y llena un auditorio de no se cuánta gente habría ahí, pero fácil más de mil 500 personas, no se podía uno ni mover, derribaron los stands como para el día de la inauguración, las paredes movibles y era un auditorio gigantesco para celebrar sus 70 años.

Esa gente lee literatura, las editoriales independientes en el pasillo donde estamos son los que están publicando la literatura, porque las grandes están publicando basura comercial, libros olvidables, libros intrascendentes que no incrementan nuestra experiencia ni cuestionan la lengua, en fin, tonterías.

¿El efecto mercadológico que causan es impresionante y la riqueza económica también?

Vamos a decir que la literatura, sabemos que es una experiencia que nos humaniza, leía a los 20 años a Herman Hesse para saber algo de mí mismo que no sabía o Marguerite Yourcenar, ahora esos libros no existen, pero quedan núcleos de población que todavía lo siguen consumiendo.

Eventos como éstos, como el de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara incrementan ese tipo de cultura, que ahora casi es subterránea, el pasillo de Editores independiente es bien chiquito, comparado con las megaempresas que están por allá traduciendo la basura extranjera y produciendo basura latinoamericana.

¿Sigue vigente tu expresión de los años 70, de que los niños eran hijos de la televisión, ahora de qué serían?

Ahora son del Internet y del Play Station y del Xbox, pero a la vez te diría que hay muchos que escapan de eso, me impresiona cuando me traen a que les firme libros y les pregunto qué programas ves o qué juegos te gustan de Play Station, y esos no juegan, hay unos que se oponen a este avasallamiento del comercialismo, de la mercadotecnia, de la norteamericanización de México.

¿Como autor qué sientes?

Trato de estar al día en todo, todas las formas de creación cultural, para mi jugar Play Station no se me hace una pérdida de tiempo porque estoy bien, quiero saber quién lo diseñó, cómo hicieron los efectos, representa para mí un reto entender la tecnología para hacer eso.

Pienso que poco a poco se va asentando y vamos a utilizar el Internet no para quedarnos allí, sino para llegar a otros lugares, para entrar a otros ambientes, a otros espacios de culturas, etcétera.

¿Qué sientes cuando esos niños, esos jóvenes te piden el autógrafo y no están siguiendo lo de los demás?

Siento mucha confianza en el futuro. Tengo un blog, mis libros ya no se venden, no hay en ninguna parte, es muy raro ver este ejemplar por ejemplo, Editorial Solareditores a través de Editorial El Ermitaño sacó los primeros dos volúmenes de mi obra narrativa completa, pero mi blog alcanzó un millón de visitantes en menos de tres meses, estaba en 999 mil.

Debo haber llevado dos millones de visitantes en menos de tres años que abrió el block, te diría un poco de chiste, un poco irónico, soy un escritor de segunda del tercer mundo, imagínate los de primera, Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez.

Entonces quiere decir que sí hay atención sobre mi producción, ayer presenté unos libros y se me acercó una muchacha y me dijo que estaba en la Universidad de Guadalajara y que ahí estudia letras, muchos estudiantes tienen libros míos, entonces tienen como un club de leer mis libros, en los ejemplares de todos y si podría ir a ver a su grupo, le dije que con mucho gusto.

Ahí tienes cómo circula este tipo de cultura.

¿O sea que la semillita no muere?

Pues hasta el momento no muere.

¿La muerte por ejemplo de autores como Guillermo Cabrera Infante, José Donoso, Julio Cortázar, ha influido en esto de que la literatura haya quedado un poco verde?

Pienso que sí, porque eran escritores radicalmente innovadores y fuertes, marcaron mucho.

Lo que no se ha dado, pero se va a dar, es un rompimiento de temas literarios, porque los temas también tienen fechas de nacimiento, entonces los dictadores latinoamericanos en un momento produjeron cinco o seis novelas de las cuales cuatro son obras maestras, después vinieron las aventuras de transexuales o de lesbianas u homosexuales, el movimiento que quisieron hacer los del Crack que realmente no hizo nada.

Ya van a venir las novelas de los temas de ahora, cuáles son quizá el tráfico humano, los clones, la emigración clandestina, hay tantos, pero hace falta que alguien dé luz verde para que ese tema se convierta en libros.

A 40 años o más de distancia ¿qué opinión te merece ahora la Literatura de la Onda?

La Literatura de la Onda existe y no existe, la inventó Margo Glantz y era para un grupo de escritores que habíamos aparecido más o menos en el año 64, pero se escaparon de eso, excepto José Agustín que sigue haciendo novelas extraordinariamente buenas y divertidas, pero más o menos la misma novela, todas las veces.

Los otros, Parménides García Saldaña, yo mismo, he hecho un par de novelas de jóvenes muy separadas en el tiempo, Gazapo y una que se llama Rienda suelta, pero ya no representan lo que representaban en ese momento.

Lo que Margo Glantz, llamaba la Onda eran novelas que en un momento en que toda la cultura del mundo se volvía adolescente con la música por ejemplo, antes de los 60 la música que oíamos en México era de personas de nuestra edad, Pedro VargasAgustín Laralas hermanas Águila, todas eran señoras, mamás.

Entonces qué pasa en los 60, que empieza a haber tantos jóvenes que se hace una moda de jóvenes, nos vestimos como jóvenes, oíamos música de jóvenes y aparecieron las novelas de jóvenes, por eso fue tan fuerte el movimiento de las novelas de jóvenes, porque correspondía a todos los niveles de la sociedad.

No hay nada que haya aparecido de nuevo, apareció la droga, apareció el LSD, pero no son tanto como fue desapareciendo la cultura juvenil de los años 60.

¿La literatura escrita por los jóvenes carece de versatilidad?

No sé a qué jóvenes te refieras, pero acabo de leer una novela que va a salir publicada de una muchacha de 25 años, que es una novela de las jóvenes que se roban aquí en México, se las llevan y las venden a las casas de prostitución en Estados Unidos.

Es una novela fuertísima, se llama Lo mejor será que te rompas el cuello, ahí tienes una novela de una persona joven que está preocupada por lo que está pasando y que saldrá seguramente pronto.

No hace novelas, pero me interesa mucho el rollo de Lidya Cacho que está denunciando el tráfico de menores que son cosas de las que nadie hablaba y eso es lo que le toca un poco a la literatura afrontar, lo que nadie dice, contar la historia secreta no la historia oficial.

Tengo mucha confianza en que habrá cada vez libros mejores y que hay mucha gente que está escribiendo y cada vez se abren más las editoriales independientes a publicar ese material.

¿Quita el sueño la aparición de escritores jóvenes?

Para nada, me gustan mucho y los ayudo en todo lo que puedo.

Ser escritor no es un trabajo egoísta, más bien tú escribes para entrar en diálogo con otra gente que, como tú, lee libros, escribe, va al cine y es una manera de encontrar gente que tiene tus mismos intereses y eso es un poco el efecto de escribir libros.

Sería un tic que nadie más escribiera, imagínate qué horrible, qué bueno que escriban y unos serán mejores que tu servidor, qué bueno, a la mejor les aprendo algo, uno nunca para de saber cosas nuevas para aplicar en el libro que sigue.

En su momento escuchabas radionovelas, había un auge de ella, pero en este momento no ¿qué opinas?

A veces veo fragmentos de telenovelas, pero cuando era niño para mí era muy fuerte, me mandaban a comprar las tortillas y en las tortillerías siempre estaba El derecho de nacer de Félix B. Caignet. Entonces decían la gran novela y pensaba, me gustaría ser como ese cuate, escribir historias que todo mundo las oyera.

Desde que vivo en los Estados Unidos, por ver televisión en español he seguido dos o tres telenovelas y tenía una escritora amiga, escritora muy buena que se llamaba Guadalupe Dueñas que escribía telenovelas y a veces me pedía ayuda para darle nuevas vueltas al juego de los personajes.

Las novelas del radio no tengo idea si siguen.

Las telenovelas es una repetición de temas, pero ahora pésimamente actuadas en comparación con las de antes.

Ahora los jóvenes prefieren ser actores, son más bien cantantes, hay muchos grupos de gente joven que preparan en las escuelas de actuación.

¿Qué se ha hecho Gustavo Sainz, por qué en Estados Unidos?

Por muchas cosas que le contaba a una amiga. La primera era que vivía en la Ciudad de México, pero de pronto no hay agua o de pronto se iba la luz, o tenía un bebé de seis meses y no había la leche que él comía o el niño estaba desesperado porque le cambiaras el pañal, pero no podíamos llegar a la casa porque había un tráfico espeluznante y lo que debías hacer en 20 minutos lo haces en cuatro horas.

Por eso acepté una invitación para irme, pero cuando me fui en agosto de 82 se devaluó la moneda, entonces estaba más difícil, tenía un departamento en la colonia Cuauhtémoc que de repente me empezó a rentar 2 mil 500 dólares y a los dos años ya rentaba 7 mil dólares al mes, tuve que levantarlo, me lo levantó la Editorial Grijalvo.

Por cierto se lo traspasé al gerente de esa editora que me empacó toda mi biblioteca y me lo mandó a Estados Unidos en cinco camiones de diez toneladas y entonces decidí quedarme allá.

Afortunadamente no busqué trabajo como profesor sino como escritor, cuando pedí la residencia el abogado que me hizo los trámites, dice vamos a entrar por le enmienda C, que tú puedas hacer algo que ningún norteamericano puede hacer, le dije qué puedo hacer que ningún norteamericano puede hacer, facilísimo escritor mexicano famoso.

¿Sí es efectivo?

Sí es efectivo, dejo una Universidad, inmediatamente me llaman de otra, he estado en tres universidades, en la Universidad de Nuevo México que estuve 10 años, en la Universidad de Chicago que estuve 11 meses, en Washington University estuve un año y ahora tengo 17 años en Indiana University, ya me esperó jubilar en dos o tres años más.

No sé dónde vivir, porque tengo una novia que le gusta mucho Londres o quizá Barcelona, pero hoy tenemos una amiga que va a poner una Casa de Cultura en Saltillo y quieren que la dirija, hay muchas alternativas.

Tengo una novela nueva que espero salga en unos dos o tres meses que se llaman Tango del desasosiego, perplejidad, que es una novela de amor y desamor entre académicos.

Las dedicatorias de sus libros, especialmente el que le llevé titulado La novela virtual, editado por Joaquin Mortiz, en  la época de don Joaquín Diez Canedo, son inolvidables, la amistad se reafirmó y ahora, la comunicación será más fácil. Gracias, Gustavo.

Tiempo después, cerca de ocho años, nos enteramos de su fallecimiento. Sus novelas sobre todo Compadre lobo nos descubre a un Gustavo Sainz maduro al igual que La novela virtual, donde no sabíamos, pero desde hace mucho comprobamos que es un excelente escritor y un mejor novelista. Gracias a sus libros siempre estará presente.