Los Principios no van al final…

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Espero que ya sea capaz de escribir o al menos esbozar su Misión y Visión. Recuerde, es algo que lo tiene que acompañar de por vida. Es decir, de manera vitalicia. Hasta la muerte, vamos.

Pero recordará, que le comenté que hacían falta los valores. Efectivamente, así como la Misión y la Visión se encuentran tatuadas, por así decirlo en las empresas, lo mismo ocurre con los Valores.

Las empresas, por lo regular toman un conjunto de tres a cinco valores, y los hacen suyos. Todas sus acciones, todas sus operaciones, su día a día, están regidos por los valores que la empresa haya hecho suyos.

Y ahora viene la pregunta obligada: Usted ¿Tiene su escala de valores bien definida? No se preocupe si no la tiene. Mejor ocúpese por identificar los valores. Esto es más fácil que redactar la Misión y Visión, dado que sólo debe darse un tiempo para reflexionar y elegir tres a cinco valores que regirán sus acciones, sus labores, su día a día.

¿Que no sabe qué valores elegir?, bueno, definamos un poco. Cuando hablamos de Valores nos referimos a los principios éticos y profesionales que evidencian su identidad. Son como la personalidad para las empresas. Ellos guían las decisiones y conductas, en ellos se basan la filosofía de vida, identidad y cultura. La filosofía define quién es y cómo desea ser conocido, y, sobre todo, recordado dentro de sus diferentes ámbitos.

Los valores crean, en las empresas, una cultura intangible, que define a la empresa para bien o para mal. Cuando los Valores son fuertes y están bien identificados, y bien comunicados de arriba hacia abajo, las empresas se vuelven más redituables y rentables. ¡Imagine lo que harían si lo aplica en su persona!

Estoy seguro que todos, de niños, escuchamos cuentos, o vimos películas en el cine y la televisión, en el mejor de los casos también leímos. Los relatos de la primera infancia están enfocados en transmitirnos valores que nos ayudarán en nuestra etapa adulta. Cuentos que nos ayudaron a entender, que: debemos obedecer a nuestros padres, a no tirar basura fuera del bote, a cuidar el medio ambiente y los animalitos, a no mentir, a no robar, a no portarnos mal… Me gustan las novelas, los cuentos, las historias, porque en ellos, se habla de esperanza, amistad, amor, lealtad, la lucha del bien contra el mal… en fin. Todos ellos son la manera más sencilla, pero no por eso la menos profunda de transmitir el mensaje de las Escrituras.

Aquí quiero compartirle, cómo fue que llegué a definir mi escala de valores.

No quiero extenderme, así que sólo le compartiré dos libros, los cuales tuve la maravillosa oportunidad de leer hace ya varios años, en mi juventud.

En la obra de Cervantes, el Quijote dice:

La Libertad, Sancho, es uno de los más preciados dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre: por la Libertad, así como por la Honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por en contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. ¡Venturoso aquél a quien el Cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerle a otro que al mismo Cielo!

Dumas, en El conde de Montecristo, pone estas palabras en boca del Abate Faria:

Yo podré perforar un muro y destruir una escalera, pero no puedo atravesar un pecho, ni destruir una existencia.

Y así podría continuar, citando varios libros más, junto con todas las películas, programas de televisión y todas las personas con las que me he relacionado. –Quizá  en un futuro, tenga una columna dedicada ex profeso a ello–.

Todo lo que he leído, visto y escuchado, lo resumí en mi escala de Valores que ahora le muestro; de mayor a menor:

– Vida.

– Libertad.

– Educación.

– Honorabilidad

– Responsabilidad.