Los tres patios
Con fúnebre acento gotea el grifo
el diablo del norte azota las ventanas,
tiemblan las llamas de las velas chorreadas.
Un relámpago del tamaño del golfo
agita la sangre; taladra las venas.
Bajo la cama, Juanito, suda en frío;
engendran visiones sus ojos pálidos:
en los tres corredores caminan feos espectros.
Los bigotes del gato están erizados;
desesperado maúlla; arrastra sus garras
por las piedras –se le han roto dos uñas–.
El miedo le destripó cuatro de sus vidas.
Mientras, el diablo del sur come su corazón.
Bajo la cama, Juanito, suda en frío
sus dedos terrosos engendran visiones:
cuatro monstruos siniestros y andrajosos
labran la pared de adobe con gruesas serpientes;
despierta el lamento de la Llorona
que atraviesa todas las habitaciones…
Los bigotes del gato están erizados;
desesperado maúlla; arrastra sus garras
por las piedras –se le han roto dos uñas–.
El miedo le destripó cuatro de sus vidas.
Mientras, el diablo del sur come su corazón.
La abuela María enciende un cirio, su cuerpo menudo se llena de plegarias,
lanza al viento tres hojas de coca con sus manos arrugadas.
El ardor de una hoguera raja los tres patios
guerreros águila y guerreros tigre
bajan con sandalias cubiertas de plumas.
Luego, un estruendo cimbra la Pachamama ; de repente,
una niebla de azules dardos perfora
a las serpientes, al viento del norte, a los monstruos:
anonadados escapan de la furia de los caballeros sol
y el lamento de la Llorona se entierra en la arena.
El cielo vuelve a pintarse de azul intenso,
la máscara de la tempestad se dispersa.
Una esfera de flores envuelve a mamá María
Juanito cierra sus ojos pardos
Y sus sueños se cobijan con nardo

