Luis Montes “El bofe”

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De la multicolor sinfonola salía el danzonazo Zacatlán interpretado por la orquesta del Campeón Carlos Campos. Luis Montes Aguilar, 17 años, jodido, con madre lavandera y nixtamalera y padrastro briago, en su barrio del Cóporo le buscaba a la vida a ver qué y no le hallaba.

Y en verdad no le había hallado a la vida. Terminó nomás hasta 5to año, en la Justo Sierra; hijo único y odiado, ya desde chavo chambeaba. Se iba al Mercado 16 de septiembre y le hacía de todo: morrongo, repartía medicinas en bicicleta y hasta cargó cajones de todo lo que compraban las y los señores en el tianguis de los viernes, luego diría que a eso le debía su punch. Hablamos del año de gracia 1956, en la Ciudad de Toluca, México.

  • ¿Qué pedo mi Güicho?

  • Aquí nomás Don Pedro.

 

  • Voy al Agustín Millán ¿Me acompañas?

 

  • ¿Y a qué?

 

  • Nomás. Estoy bajando panza, yo te pago la entrada, hay un gimnasio, regadera y vaporcito y “echas guantecito”.

Así fue como Luis Montes el futuro toluquito, conoció el mundo de los madrazos. Desde que entró se quedó pendejo: órale, no chingues: en medio un ring y a los lados, costales, peras fijas y locas, indicaciones en voz alta y varios gorilitas sudando, moviéndose y queriendo destrozar el mundo que los rodea.

Quedó fascinado. Don Pedro le hizo al cuento con un costal.

  • .. ven. Detenme el costal del otro lado.

Y fue cuando –aunque le llegó nomás el eco de los golpes del gordo de Don Pedro–pensó que, cuándo le llegara el turno, iba a usar el costal para desquitarse de todo lo que lo había chingado desde que nació.

Y la verdad no había visto una: su mamá y sus tres padrastros, pa’ qué y además de cargar en el Mercado 16, mercancía de un camionero que lo llevaba gratis del sur del Estado, fue ayudante de mecánico y ahora vendedor de tortas en la terminal México–Toluca. ¿Y novias? la única que tuvo se fue a México y ya no supo. Sólo te dio un número de teléfono. En 1956 ¿teléfono? ¿dónde? Y luego el briago y güevón del actual padrastro que cuando podía le daba buenas tundas ¿y la mamá? ¿Qué no existe?

  • Ah, voy aquí junto al vapor. Ahora pégale tú y cuando sudes, aquí junto están las regaderas.

 

Al irse Don Pedro, Luis, probó, pum, con la derecha soltó el chingadazo y el costal ni se movió. Se alocó, pum, pss, pum, como llorando de coraje agarró al costal de paño de lágrimas, pum, pass, pum.

  • ¿Qué pasó chavo? Siquiera trae tenis. El administrador del lugar lo interrogó.

  • No sabía. No vengo aquí.

 

  • ¿Te gusta el box?
  • Sí, apenas vine.

 

  • Órale síguele, pero siquiera quítate esa chamarrita mugrosa.

 

Y Luis el futuro bofe agarró por su cuenta al costal hasta sudar caliente, ooh y luego fue a la pera fija, track, trick, trick, le empezaron a doler los nudillos de las manos. Don Pedro salió limpiecito de la regadera y lo vio como poseído.

  • Ya te picaste… ¿te quedas? Tengo que ir al Centro. Al terminar, ten para la toalla, adentro hay zacate y jabón… allá te veo en el barrio.

Seguía dándole duro, cuando un viejillo toalla en ristre, el manager Arturo Rosales lo interrumpió:

  • Ora, chavo tierno, parece que te persigue el diablo, ¿te gusta el box?

 

  • Simón.

 

  • ¿Cuántos años tienes?

Luis mintió: Casi diecinueve. El viejo le vio una pinta de bofe poca madre, medio flaco pero garrudo y en los brazos se le notaba chingo de poder.

  • Uta, no me mientas te ves tierno, todavía no estás en edad.

 

  • ¿En edad pa’ qué?

 

  • Pus pa’ pelear, para entrar a “boxe”.

 

  • Pero y qué.

 

  • Apenas veniste hoy.

 

  • Simón.

 

  • .. se me hace que eres peso pluma…

 

Y así era.

La vida en los barrios nuestros llena de calor y color y de más lágrimas que risas, toluquita terminando los años 50.