Maldita ignorancia
Cuando hablamos de ignorancia, usualmente nos referimos a la falta de conocimiento de algunas personas, es decir, textualmente el desconocimiento de algo; no obstante, existe una segunda definición para tan peculiar condición, consistente en que el individuo se encuentra desinformado por dejadez, apatía o por ser incapaz de darse cuenta de que hay cosas que desconoce.
Esta segunda es todavía más preocupante, porque significa que hay muchísimas personas que, aún con la evidencia frente a ellos, parecieran no darse cuenta de que las cosas no siempre son como ellos dicen.
En el ámbito de la Semiótica existe algo llamado la falsa consciencia, y no es otra cosa más que asumir como ciertas afirmaciones que resultan mentiras o falaces; es decir, se tiene una opinión ideológica que no corresponde a la situación real de quien la posee.
Las personas tendríamos que evaluar con base en hechos comprobados; sin embargo, hay quienes se dejan llevar sólo por la palabra de unos cuantos, siendo capaces de negar una realidad que ante lo ojos de la sensatez es evidente.
Somos un pueblo ignorante, incapaz de analizar las cosas y conformes con todo aquello que nos han inculcado ideológicamente desde las estructuras de poder y dispuestos a defender posturas que resultan, de menos, incoherentes.
Ni siquiera estoy insinuando que haya una única forma para ver las cosas o que la postura personal deba ser considerada verdad absoluta, pero debiese existir una actitud de apertura para debatir, con argumentos, aquellos puntos de diferencia.
Con franqueza, me aterra darme cuenta de que muchísima gente, más de la que supondríamos, tiene una visión de México que no corresponde a la realidad.
Como hace muchos años no sucedía, estamos inmersos en una evidente alza de precios; los mismos productos que comprábamos hace seis meses, hoy cuestan en promedio un 20% más; los índices de violencia en el país son alarmantes, hacer un viaje por carretera resulta una apuesta peligrosa en espacios de gran afluencia como Cuernavaca, Acapulco, Guadalajara o Guanajuato.
Las fallas en infraestructura, transporte público, autopistas, servicio eléctrico y agua potable son cada vez más recurrentes.
Y de educación ni hablemos, pues han puesto a la cabeza a una mujer cuya última experiencia en el área data de mediados de los años ochenta del siglo pasado.
De verdad, ¿somos incapaces de ver la realidad como es?, ¿tristes tres mil y fracción de pesos son razón suficiente para decir que no pasa nada?
No se trata de polemizar, ni de buscar pelea en espacios de divulgación, pero ¿Tenemos que soportar que se nos diga hipócritas, racistas, clasistas, aspiracionistas, ladinos, déspotas, sabiondos, y demás ternuritas que se dicen desde la tribuna más importante del país?
No dejemos que la maldita ignorancia nos gane la partida, analicemos y seamos más críticos, ¿Tenemos mejor nivel de vida?, ¿El salario nos alcanza para más?, ¿Nos sentimos más seguros en las calles?, ¿Recibimos todos nuestros medicamentos cuando vamos al IMSS?
Cuan cierto es el dicho de Aristóteles, el ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona.
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