MANUAL MÍNIMO PARA EVITAR UN REPROCHE

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Revisaba mis libros y papeles, rodeada de ese desorden que, a veces, también habita la mente. Mi hija estaba en otro rincón de la casa. Me volví hacia ella, un tanto molesta, con la intención clara —o eso creía— de decir algo importante, un reproche.

¡Cómo me da coraje…!, alcancé a decir.

Entonces ocurrió el vacío; la frase se deshizo antes de tiempo. Olvidé el motivo, la palabra, el enojo mismo. Ella me miró en silencio, quieta, expectante, como quien se prepara para oír un reclamo.

Y no me quedó más que confesarle: Ya se me olvidó.

Y en ese olvido compartido con ella, las dos estallamos en carcajadas, entendiendo sin decirlo que la memoria a veces se distrae, pero que la…