Matlatzincas e investigadores
Citar el texto titulado Historia General Ilustrada del Estado de México, en su tomo número 2, tomo que pertenece a un total de seis y, representa uno de los trabajos que más orgullo da a directivos e investigadores de la institución más seria dedicada a la sabiduría en varias áreas de la cultura estatal y de culturas que son parte de nuestra nacionalidad. Un texto me llama la atención pues dice así: Los matlatzincas en el índice aparece en la página 245 y está escrito por Noemí Quezada Ramírez. Después de andar por los párrafos de Alfonso Sánchez García venidos del siglo pasado, esta posibilidad de ver otras palabras sobre el tema me parece una oportunidad de enriquecer mi deseo de conocer mejor esa palabra llamada: Matlatzinca, sus vicisitudes, vivencias y quehaceres.
Seis tomos admirables, publicados en 2011 llaman a leerlos con fruición.
Eso hago, leo algunas palabras sobre el Curriculum Vitae de la autora, aparece en la página final del tomo 2 dedicada a “Los Autores”, dice así: “Doctora en Antropología por la Universidad de París y maestra en Etnología por la ENAH (1966). Fue profesora e investigadora adscrita al Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM. Realizó investigaciones sistemáticas sobre diversos campos de conocimiento en torno a los otopanes”. Acercarnos a especialistas y académicos es oportunidad de poder leer a Xavier Noguez Ramírez con el ensayo titulado “Los códices coloniales del centro de México; a Miguel Pastrana Flores y “La historiografía de tradición indígena”, y a Miguel León Portilla “Poetas mexiquenses”, entre muchos otros tan valiosos en sus investigaciones académicas.
En el caso del ensayo de la doctora Noemi Quezada Ramírez me permite ubicar territorio y muchos otros temas que relacionan a los Matlatzincas para dejar en claro su importancia en el Valle de Toluca, dice la investigadora: “El área matlatzinca se localiza en el actual Estado de México; limita al norte con los municipios mexiquenses de Acambay, Timilpan, Morelos, Nicolás Romero, Iturbide y Jilotzingo; al sur, con el estado de Guerrero; al este, con el Distrito Federal y el estado de Morelos, y al oeste, con el estado de Michoacán. La región central de esta zona fue el valle de Toluca llamado en las fuentes Valle de Matlatzinco. Como una prolongación de la zona deben considerarse los pueblos fronterizos del estado de Michoacán y los enclaves de Charo y sus sujetos, asó como Huetamo, que contaba además con población otomí, al igual que Taymeo y Necotlan.
En poblaciones del sur del Estado de México, como Tejupilco, Tonatico, Amatepec y Tlatlaya, los matlatzincas cohabitaron con chontales y mazatecos, por lo que esta región estuvo vinculada culturalmente con el norte de Guerrero, en donde también había matlatzincas en Cocula, Alahuixtlan, Tepecuicuilco y Tlacozahuitlan”. Todo un territorio que permite pensar cuán importante fueron estos hombres y mujeres al sobrevivir hasta muy entrada la Colonia Española al estar regados por doquier. El estudio de ellos debería de ser en este siglo una epopeya para salvar a quienes fueron fundadores de este valle, que la sabiduría popular calificó como Valle de Matlatzinco. Esta idea que llama a comprender la importancia de ello, pues permite acabar con ideas reduccionistas, que lo mismo le niegan al dios Tolotzin su presencia como dios, o señalan que Toluca no tiene mayor importancia por su pasado indígena.
Los datos de la investigadora van más allá, escribe: “En la frontera sureste, región colindante con el valle de Morelos, se localizaron asentamientos ocuiltecas cercanos a Cuernavaca hasta el siglo XIX. Al oriente, en las cabeceras tepanecas de Azcapotzalco y Tacuba, y quizás en otras del imperio tepaneca, como Coyoacan, se hablaba matlatzinca. En esta amplia zona bajo el control matlatzinca, habitaron, además de este grupo, otomíes, mazahuas y ocuiltecos de la familia otomangue, y algunos núcleos de nahuas. Organizados en señorías, con una extensión territorial definida, fueron, a través del tiempo, aliados o enemigos en la lucha por el poder”. No es pues el sólo estudiar el valle de Matlatzinco, como podemos comprender a aquellos que consolidaron la presencia desde el cerro del Tolo y desde el centro de Calixtlahuaca con una de las pocas pirámides redondas que tiene México.
Cultura llena de incógnitas, gracias a estudios de historiadores, cronistas y académicos es que cada vez más nos acercamos a la verdad de un centro urbano indígena que después en manos de españoles se convierte en emporio porcino: ese olor y la insalubridad fueron por caso ¿motivo del poco desarrollo urbano durante demasiados años de su historia desde hace más o menos cinco siglos?…
Dice bien la autora: “En la primera parte de este capítulo se abordan las razones históricas que provocaron la separación de estos grupos otomianos, que compartían un tronco cultural de origen común, para definirse como grupos étnicos y lingüísticos distintos, y los procesos que permitieron el mayor desarrollo de los matlatzincas para lograr la hegemonía del valle de Toluca y zonas aledañas”. Saber esto, causas de la división o debilidad que causó el que las poderosas fuerzas venidas del centro del Valle de México impusieran la razón de sus armas. Debilitando para siempre dicha hegemonía de matlatzincas, lo que terminó por ocasionar su disolución por lo que vemos en este siglo XXI, con la atrocidad de los 300 años de coloniaje español. Muchas preguntas llevan en el presente al pensar cuán grandes fueron o si tuvieron alguna vigencia y respeto de aquellos que les fueron contemporáneos.
De eso trata el estudio de la historia y el repaso de la crónica de los sucesos ciertos, que no inventados, al estudiar una cultura de tales tamaños por lo que vemos en su extensión territorial. La investigadora nos hace ver que hay caminos para saber de ello, cita: “Los vocabularios coloniales, registrado por los misioneros de las diferentes órdenes religiosas, son fuente de una rica información etnográfica que, apoyada por la que proporcionan otras obras de la época, permiten reconstruir aspectos fundamentales de la cultura como la cosmovisión, el parentesco, la estructura política y económica y la vida cotidiana de los pueblos. En el caso de los matlatzincas, es el Arte y vocabulario de la lengua matlatzinca, de Diego de Basalenque, fraile agustino del siglo XVII que permite hacerlo”. México por fortuna cuenta en esta generación que comprende las tres primeras décadas del siglo XXI con investigadores de altas cualidades. Ello, da posibilidades de seguir las huellas que van dejando a través de ensayos que son prueba de objetividad, de seguimiento de los documentos en archivos y otros lugares donde el documento, periódico, revista, libro y demás recursos, como las excavaciones arqueológicas, que permiten acercarse a la verdad.
Ensayo de gran importancia, pues la información que aporta la autora es un repaso profundo sobre el tema que para toluqueños de este tiempo debe de ser de sobra conocido, no es así, poco sabemos de los Matlatzincas y del origen de la ciudad que hoy conocemos como Toluca. En “Historia, Lengua y grupos étnicos” dice: “En el área matlatzinca se hablaba, además de esta lengua, el ocuilteco, más emparentado con ella, y el otomí y el mazahua, pertenecientes asimismo al otomangue. Para la región central del Valle de Matlatzinco, es sugerente tener en cuenta la afirmación de Carrasco en el sentido de que cada una de estas lenguas se hablaba en una región determinada pero, debido a la presión del grupo del norte, se aglomeraron todas en una sola región; se mezclaron otomí, matlatzinca y mazahua, “produciendo esta distribución tan caótica de los tres idiomas en el Valle de Toluca” (Carrasco, 1950: 288-289)”.
Estudio y seguimiento de lenguas que se hablan a lo largo de la historia cultural indígena es tarea de importancia real: son ellas, igual que las piedras, que buscan los arqueólogos en sus excavaciones las que dan conocimiento del pasado.

