~Mi Lucero errante y mi Estrella permanente~

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Mi lucero errante

¿A dónde se fue el lucero

que viajaba hasta mi prosa?

el que en su vientre traía

el vino que descontrola.

*

El que es tea de mis romances

y de mis versos la loa,

aurora de mis sonetos

y en mi languidez la roca.

*

El que con solo mirarme

de su ternura me colma

y enciende mis sentimientos

con sus rayos que emocionan.

*

Y si me esconde su luz

tras la puerta metafórica,

soy torrente de mis ojos

y hoja seca en mi congoja.

*

¿A dónde se fue el lucero

de mis sempiternas coplas?

quizá espera que amanezca

para aclarar mis incógnitas.

*

Para alumbrar mis caminos

con sus dos piras utópicas

y para dar a mis versos,

la claridad con su antorcha.

*

Mi estrella permanente

Y aquel lucero de luz errante que en su vientre llevaba las simientes de las vides de los deseos de antaño, hoy es el dulce licor dorado del que beben mis engaños, para poder cambiar por verdad los tantos anhelos soñados, y hacer realidad en lo brisado de esos trazos inconexos, islas sin orillas de unos versos que son semillas de libertad.

Y, si en verdad la luz se esconde cuando nubes grises la opacan, lo será en fugaz transitoriedad, pues nada la puede apagar cuando la luz es la simiente de los versos rimando el amor en poemas de esplendor, con pasión sostenida y constante, la que engendran las estrofas, lo que luego será luz de realidad, donde los besos versos se citan con caricias, ternura, frenesí y delirio.

Un fulgor de fantasía de loca cordura que alumbrará más allá del horizonte, allí donde se han de mecer los amores entre los perfumes de lindas flores. Las que serán con amor, concebidas y con la fe, de una pasión desmedida, alargarán sus hojas buscando el sol de la verdad, que nadie podrá apagar.

Esa que al hablar nos dice: ven, amor, juntemos nuestros anhelos y hagamos camino agarrados de nuestros amores, que ya percibo el aroma de las flores, aquellas que concebimos entre besos y loores, y finalmente… con caricias de apasionados fulgores.

Mi estrella permanente eres, aunque conmigo, no estuvieses.

Sami.