Mi relación con el mundo

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“Es más fácil aparentar algo a otro que a uno mismo, por eso el hombre no debe nunca dudar en pedir ayuda si siente que necesita guía.”

Florence Scovel Shinn

 

En estos tiempos de modernidad resulta complicado hablar sobre un tema cotidiano, pero confuso para la transformación de la humanidad: las relaciones humanas; que de una manera errónea hemos agrupado en las relaciones de pareja, aunque esto no sea necesariamente así.

A medida que el tiempo avanza sobre la vida del universo, una verdad ha sido revelada; el hombre está transmutando de un ser social a un ser individual, autónomo, e independiente: se convierte en un ser anacoreta sin religión. Contradictoriamente; toda su vida debe ser desarrollada en conjunto, ante una sociedad que le da los instrumentos necesarios para su subsistencia, de la cual depende y a la que algo le entrega a manera de co-dependencia.

Bajo esta tesitura, es entendible que las relaciones humanas, llámense: sociales, familiares, profesionales y las afectivas; tienen un fin propio de la naturaleza en el ser humano. ¿Cuántas veces apreciable lector has escuchado en alguien más o pensado de manera introspectiva, estaría mejor solo?; lo más contundente de tu realidad es ¿cómo te sientes cuando palpas la soledad? Hay gente que teme al silencio, a la soledad, a la oscuridad y hay otros tantos que le temen a hablar para relacionarse con los demás; habemos algunos, a los que nos cuesta trabajo relacionarnos con los demás.

Toda relación humana llevada de manera armónica tiene los siguientes fines:

1.- Lograr una adecuada o satisfactoria convivencia

2.- Alcanzar objetivos legítimos, sin afectar a los demás

3.- Alcanzar acuerdos mutuamente satisfactorios

 

Cierto es que, en nuestra vida cotidiana ejercemos las relaciones humanas, como un medio propio de subsistencia; lo punzante del tema es ¿qué tan satisfactorias resultan nuestras relaciones?, la mejor manera de responder a esta interrogante es bajo este sencillo análisis: la forma como tratamos a los demás y cómo los demás nos tratan a nosotros. Esto ya nos deja bastante claro, que una es la forma en como nos presentamos ante los demás y la otra en ocasiones diferente; es la forma en como nos perciben los demás: “Todos tenemos nuestras propias maneras de interpretar la vida”

Hay aspectos que no cambian, ni pasaran de moda, transcienden tiempo y espacio y definen nuestra forma de relacionarnos ante el mundo.

Uno de estos, los valores; que como aspecto moral, ético o cívico nos permite darnos a entender ante los demás y que nos definen en nuestra integralidad como seres humanos. Mucho se dirá que los valores han pasado de moda, que ya no se ejercen o que se han transformado, lo cierto es, que estas reglas morales de conducta han construido y edificado gobiernos; incluso han sido lemas de campaña o eslogan de la Administración Pública; la gran interrogante en nuestros días es ¿a qué le está dando valor la sociedad? ¿a lo moral o a lo material? la respuesta a estas preguntas puede definir la forma de nuestras relaciones sociales.

Otro aspecto fundamental son los intereses, entendidos estos como las conveniencias o necesidades de un individuo; nuestros intereses, van a delimitar el tipo de relaciones que sostenemos ante la sociedad e incluso definen con quien deseamos generar relaciones de convivencia o de conveniencia.

Finalmente aparejado a los antes citados se encuentra la motivación, ¿Qué te motiva a generar una relación social, afectiva, profesional?, un factor que denota la necesidad de un objetivo y que moldea el espíritu de proyección ante la sociedad; reza el dicho popular: dime con quién andas y te diré quién eres.

Valores, intereses y motivación moldean en la conducta del hombre: su actitud ante la vida y ante sus semejantes, actitud; es una palabra nutrida de bondades pero también de compromisos; es una regla genérica para quienes pretenden alcanzar el éxito, los que buscan ser líderes, los que aspiramos a una transformación integral de nuestra persona en beneficio propio y de quienes rodean; la vida se observa desde la actitud que muestras ante ella, en la adversidad y en la escala al éxito; ante la complejidad de una relación o ante la afinidad de caracteres. Desde casa se nos debe enseñar a ser tolerantes, afables, a saber socializar y generar lazos de reciprocidad que nos permitan alcanzar fines en común o que nos permitan tener una vida más placentera.

La relación que tienes con el mundo es la misma que debes tener contigo mismo: aprende a ser generoso, pero sobre todo a conocer tus carencias; edifica con la sociedad, seamos uno, solo así nuestro país e incluso tu propia familia podrá verse fortalecida para lograr un crecimiento armónico.

Es necesario reinventarnos, evolucionar y transformar nuestra realidad, para generar mejores relaciones, más armónicas, más productivas, más emotivas; en síntesis es necesario rehumanizarnos: “Hacer el bien y evitar el mal”.